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TRIBUNA

No somos un país de delincuentes

viernes 04 de julio de 2025, 19:04h

Un país dirigido por un gobierno de delincuentes no es un país de delincuentes. La España actual es un país dirigido por delincuentes y esta es una novedad que ha dejado aclarado el auto de procesamiento de Santos Cerdán. No lo sabíamos con certeza, pero la verdad se ha ido abriendo paso a paso a pesar de los obstáculos que la delincuencia partidista ha ido sembrando para impedirlo. Frente al pesimismo con que muchos afrontan la agónica deriva de este gobierno que ya ha empeñado toda su credibilidad ante sus propios socios, sin que a ellos parezca importarle –porque cuanto más débil aparezca el socio principal más provecho sacarán los socios satelizados–, la situación es hoy claramente más esperanzadora que lo fue ayer, por mucho que el ambiente resulte más agobiante que al empezar la legislatura. Dejar claro que una pandilla de delincuentes maneja el cotarro nacional es mucho mejor que ignorarlo o sospecharlo, y preferible a conjeturarlo sin poder hacer valer qué se esconde tras la sospecha.

Hasta ahora solo podíamos asegurar con certeza que, en España, mandaba un gobierno ilegitimado por no haber presentado al Congreso el proyecto de presupuestos al que le obliga la Constitución. Desde el último auto del Supremo sabemos con seguridad que, además de ilegítimo, gestiona la hacienda común un Gobierno corrupto dirigido por un partido cuya directiva también está corrompida. Se mire por donde se mire, hoy estamos mejor que ayer y que hace dos años, porque la verdad se ha hecho más transparente y resuelve muchas de las opiniones que hasta hace poco se tenían por conjeturas dudosas escondidas en el barro de la fachosfera. También sabemos que una mayoría del Tribunal Constitucional se presta a hacer el juego a la corrupción gubernamental declarando inocente una amnistía inconstitucional. Era un atropello programado, cuya definitiva aclaración queda pendiente de que el Tribunal Supremo presente una cuestión prejudicial al TJUE. Entonces los jueces europeos tendrán ocasión de ponderar la sentencia y los votos particulares emitidos por cuatro de los vocales. Todo llegará. Como también llegarán las aclaraciones pendientes sobre la vocación de servidumbre del Fiscal del Estado y el estatuto penal de los familiares de Sánchez. A todos protege la presunción de inocencia, mientras aguardamos si los indicios de criminalidad van aumentando como todo lo que se anuncia parece indicar.

Ansiedad e impaciencia propician una resignación que favorece el derrotismo. No es una actitud razonable. La actual legislatura ha obligado al ciudadano elector a subir por una áspera pendiente. Es un ejercicio arduo que agobia al pasar del rígido invierno al verano sudoroso cuando se escala. Queda mucha cuesta para arribar a la cima, porque los que aúpan a este gobierno Frankenstein saben bien por qué lo apoyaron y no dudarán en seguir respaldándolo mientras puedan apretar todavía más las clavijas al monstruo. Lo que vale este empeño lo vamos aprendiendo al subir, pero todavía más importante que proseguir el ascenso es comprender que, aunque no lo parezca, estamos hoy mucho mejor que al comenzar la subida. Se sabe con claridad lo que antes solo se sospechaba, lo que se desconocía si podría probarse o no. La actitud durante la escalada no es preocuparse por cuánto falta aún de subida. El desánimo es injustificado. Lo razonable es darse cuenta de que hoy estamos mucho más altos de lo que estaríamos si no se hubiera mostrado cuanto ahora se ha despejado durante la travesía. Seríamos un país irremediablemente administrado por indecentes cuya corrupción seguiría oculta e impune. Un país mucho más peligroso y desesperanzador que el que vivimos, donde un presidente indecoroso no caminaría tan desnudo como hoy, sino engalanado por secuaces disfrazados con vestiduras postizas.

Todo lo que hoy sabemos no conduce al pesimismo, pues entraña una indudable ventaja sobre un ayer en que solamente se barruntaba lo que vemos. Hace dos años el gobierno de Sánchez nos dirigía directamente al despeñadero, ahora avanzamos por un arduo desfiladero que permite ver dónde están los accidentes del camino para sortearlos. Se huele la porquería porque aflora fuera de los alcantarillados y se sabe porqué ninguno de los que ejercen de fontaneros se presta a cooperar en la tarea de limpieza. Están mas interesados en sostener al gobierno que en limpiar su pocilga.

Cuando no se ven resquicios para poder acabar con una situación tan bloqueada como la actual, cuyo desenlace parece estabilizado hasta que puedan celebrarse unas elecciones dentro de dos años, la resignación florece como actitud instintiva. Al reflexionar cuánto se ha avanzado para detectar la podredumbre, prende la expectativa no derrotista de un país donde la mayoría de los ciudadanos, profesionales laboriosos y honrados, jueces que ejercen su función, periodistas que informan, policías y guardiaciviles que cumplen, un ejército paciente, no secundarán a los delincuentes que los dirigen. Si se piensa bien no hay razón para ceder a un conformismo pesimista, más bien al contrario, hay motivos para esperar que esta pesadilla acabe disipándose, sea tras el verano o haya que subir todavía la pendiente que agote esta sedicente legislatura.

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