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TRIBUNA

El turno y el ocaso

lunes 14 de julio de 2025, 19:53h

Entre putiferios y lupanares, corachas y colipoterras, lo único que mantiene la dignidad son las putas. No porque pueda atribuirse a esa actividad otra cosa que un grado extremo de desposesión y alienación, tanto mayor cuanto más voluntariamente se practique, sino por comparación con la completa degradación de los politicastros que emponzoñan con su presencia oronda y campechana la existencia doliente y trágica del lupanar. Pierden el respeto al dolor escondido en el negocio de la carne, agentes comerciales del valor al peso de las hembras.

No me cabe duda de que en el mercadeo asoman elementos de vida humana y ha de haber siempre un resto cálido de comunicación real en el cuerpo a cuerpo. No puede aceptarse, por supuesto, que el coste de esta miseria corra a cargo del contribuyente y, sin embargo, el vicio humano palidece al lado de la corrupción histórica y la injuria política de la jefatura.

El asunto determinante es el descuartizamiento de la nación histórica, tan real como problemática, por la más vil entrega a los que niegan su realidad y cancelan su condición problemática. Vil porque no es capitulación por conquista, no es rendición forzada sino resultado del comercio y la negociación orientada por intereses parciales y políticamente arbitrarios. Al lado de semejante claudicación el sainete del lenocinio parece un asunto menor.

Pudiera ser que, en sociedades vacías en las que el formalismo huero es determinante, la cosa prostibularia acarreara el hundimiento del régimen personalista que padecemos. Sería irrelevante, sin embargo, si en vez de hundirse el régimen cambiáramos simplemente de gobierno: si mudáramos el timbre de la voz de mando y ocupara el turno correspondiente la parte prevista. Sería, en cualquier caso, un turno poco duradero porque, ésta es mi impresión, no está ya el horno para bollos y se puede percibir en la atmósfera del presente un cambio más profundo. No está el horno para bollos, decía, ¡y son tan dulces y blandos los bollos alternantes que quieren hacernos creer que el país depende de las confidencias policiales de los corruptos! Así Feijóo en una entrevista reciente: el mismo Feijóo que ganó las elecciones, que se jacta de tener un apoyo sin fisuras en su partido y gobierna la mayoría de las comunidades autónomas. ¿Y toda su acción consiste en esperar las confesiones de los clientes del burdel?

Recuperar soberanía es el nervio de un programa revolucionario. Frente a los sediciosos con otro nombre, pero también frente a la potencia universal que gobierna el mundo. Élites en rebelión que se apoyan en la nueva izquierda global contra su pueblos, una izquierda nueva y cada día más despierta (woke) o, simplemente, espabilada.

La circunstancia mundial ha dejado de ajustarse al orden de postguerra y la geopolítica conoce movimientos de una dimensión desconocida pocos años atrás. Un pequeño dato que ofrece la prensa reciente: Richard Branson reconoce que la maquinaría de la Inteligencia Artificial consume ya más energía que todas las aerolíneas del planeta juntas. Dato a tener en cuenta para los climatólogos que no suelen mentar el particular. Las viejas armas, pero infinitamente mejoradas y aumentadas, conviven con herramientas de gestión absoluta de poblaciones capaces de un control del pensamiento y una reconstrucción del lenguaje que alcanza las entrañas de lo que pensábamos inconsciente.

Aquí, en la vieja y disminuida España del presente, hay quien cree que le toca y confía en que el turno caiga en sus manos sin otro riesgo que mentar turbios negocios o esperar que impúdicos y codiciosos, apretados por la justicia, le den la vez. Es lo que llama “normalidad política” acaso sin saber que nada hay menos político que el vaivén mecánico del péndulo.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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