China y la crisis
Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
viernes 05 de diciembre de 2008, 22:20h
El papel de China en la encrucijada que atraviesa la economía global resultará de las respuestas a dos preguntas. ¿Cuál será el impacto de la crisis sobre China? ¿De qué forma China incidirá en la crisis?
Cuando, en la segunda mitad de este año, se desató la crisis financiera internacional, la economía china se estaba ya enfriando, a causa del aumento de los tipos de interés (que pretendían frenar tanto la burbuja inmobiliaria como la exuberancia económica general) y de las leyes laborales que entraron en vigor en enero (desequilibrando con un aumento de costos a empresas productores de artículos de bajo valor añadido que trabajan con escasos márgenes). Miles de fábricas vienen cerrando desde principios de año en el estuario del Río de las Perlas, que genera un tercio de la exportación total del país. A lo anterior se añade los últimos meses la caída de la demanda global, que está perjudicando con fuerza la exportación china. Es decir, llueve sobre mojado. Si las autoridades chinas pudieran ahora rebobinar, evitarían el frenazo de la primera mitad del año y aplazarían la entrada en vigor de la nueva normativa laboral.
Cuando este año el crecimiento será aproximadamente de un 9% (frente al 11,4% del pasado), para el próximo el FMI ha rebajado su previsión del 8,5 al 7,5%. Y ello gracias al estímulo fiscal próximo a los 600.000 millones de dólares, un 14% del PIB, en los próximos años. Puesto que en parte el paquete incluye gastos previstos con anterioridad, se estima que su aportación real será de 3 ó 4 puntos anuales al PIB. Es decir, si se confirmara el año que viene un crecimiento del 7,5%, excluido el paquete fiscal quedaría reducido al 3,5 ó 4,5%. Por otra parte, la semana pasada el Banco Central chino adoptó el principal recorte del tipo de interés en una década, del 7,5 al 5,5%, así como una importante reducción de la exigencia de reservas a los bancos. De todo ello resulta que el impacto de la crisis global en China está siendo mayor de lo esperado. Si el crecimiento cayera por debajo del 7% el Gobierno considera que podría haber problemas sociales.
Hace años que las autoridades chinas son conscientes de que deben cambiar el modelo económico, aumentando el consumo privado para reducir la dependencia de la inversión y la exportación. El consumo está en torno al 40% del PIB, cuando en Estados Unidos supera el 70%. Para estimular el consumo conviene generalizar la seguridad social, que hoy cubre un porcentaje reducido de la población. Es para hacer frente a los gastos de salud y educación, así como para la jubilación, que los chinos ahorran tanto y consumen tan poco. El Gobierno ha emprendido el refuerzo del sistema de seguridad social, pero sus efectos sólo se verán a medio y largo plazo.
Si China crece el año que viene un 7,5% paliará los efectos de la crisis, pero no se puede esperar en forma alguna que China sola tire del carro de la economía global, si los países desarrollados están en recesión, o peor, dado que su economía significa sólo el 5% del PIB mundial y que los chinos consumen tan poco. Trabajar y ahorrar como hacen los chinos son, en principio las virtudes que llevan al enriquecimiento de las personas y de los países, pero en estos momentos lo que convendría a la economía global es que los chinos fueran más derrochadores.
El principal temor de los dirigentes chinos es que la crisis pueda empujar a los países desarrollados hacia el proteccionismo. Si la caída de la demanda de productos chinos generada por la recesión se viera incrementada por barreras legales, la situación sería muy complicada. Por el momento, en la pasada reunión del G20 y fuera de ella, todo el mundo se proclama partidario del libre mercado y enemigo de la política de empobrecer al vecino, que tan funestos resultados económicos y políticos dio en la década de los treinta del pasado siglo. Es de esperar que las lecciones de aquella época, que tanta sangre y lágrimas costaron, no sean olvidadas.
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Ex-embajador de España en China y Rusia
Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.
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