Se han vertido ríos de tinta por escritores procedentes de diferentes orígenes ideológicos acerca del singular asunto de la ejemplaridad. Convendrá, en primer lugar, asumir que la conducta ejemplar no resulta sólo aplicable a la actividad pública, la política en especial. Por lo general se consideran desde un punto de vista crítico las conductas más reprochables de los responsables públicos como si en la vida de los ciudadanos de a pie no existieran también comportamientos que no se adecuan a la ejemplaridad. En este sentido habrá que recordar la afirmación evangélica según la cual, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, porque el que la podía arrojar, ya que carecía de mancha alguna, carecía de ánimo de venganza.
Cualquiera que sea la vara de medir, sin embargo, es lo cierto que los casos de conductas reprobables se acumulan en este apenas iniciado periodo vacacional de 2025. Cuando se escriben estas líneas, el consejero del gobierno de Extremadura , -PP-, Ignacio Higuero, ha dimitido por haber falseado su currículum. Una decisión que se acumula a la del comisionado de la dana que hace nueve meses afectaba a Valencia, José María Ángel Batalla -PSOE-, que habría falsificado un título del que carecía, o el de Noelia Nuñez, vicesecretaria de la comisión ejecutiva del PP y diputada, que habría mentido en relación con su currículum.
Más allá de la reflexión según la cual todos los partidos son iguales, y los que no lo son todavía es porque no han tenido la oportunidad de igualarse a los otros, esto es de acceder a alguna responsabilidad y, por lo tanto de corromperse -una especie de transversalidad en lo que se refiere a las conductas censurables, que no deja de ser cierta- no está de más formular alguna reflexión sobre la corrupción y su contrario, la ejemplaridad.
Resulta necesario advertir que no se trata de juzgar la competencia y acierto en las hojas de servicios de los presuntos falsificadores de currículos. Nadie ha sometido a tal criterio a la señora Nuñez ni al señor Ángel Batalla, y aún es pronto para conocer la opinion de los dirigentes extremeños al respecto acerca del señor Higuero. Más parece que quienes apoyan sus respectivas trayectorias se defienden a sí mismos, en ese ámbito de las responsabilidades in eligendo que son consustanciales a los dirigentes políticos.
Recordemos en este sentido, la tríada de las cuestiones por las que se juzga la adecuación en el trabajo de los líderes políticos que hacia el ex primer ministro francés, Michel Ricard (Le coeur à l’ouvrage (1987), entre las cuales se encontraba la delicada misión de elegir a sus equipos -las otras dos serían la definición de la estrategia a seguir y la gestión de las crisis-. Porque no se trata de analizar lo ajustado de la gestión política de los dimisionarios que aseguraron que habían realizado cursos o conseguido titulaciones que no obtuvieron, ni de si los que los eligieron para esos puestos sometieron a una auditoría las cualificaciones por ellos proclamadas -cuestión que quizás convendría que alguien considerara como un requisito inexcusable para el ejercicio de su cargo…- no, lo que se. juzga en realidad es la mentira en la que han incurrido. Sólo ésta merece la reprobación.
Porque no se sanciona otra cosa que la mentira, no el de que se pueda o no ejercer la política sin dotación de título universitario o de máster alguno -que por supuesto-. Tampoco se demoniza la envergadura de la conducta irregular. Los anales de la política registran el conocido como Affair Toblerone, que afectaría a la política sueca, Mona Sahlin, miembro del partido socialdemócrata de ese país, que fuera candidata a primera ministra en el año 1995. El caso tendría origen en que Sahlin había utilizado una tarjeta de crédito oficial para gastos personales, entre los que se encontraban dos barras del conocido chocolate, así como de pañales y otros artículos domésticos. La dirigente política devolvió el dinero y no se presentaron cargos en su contra.
La ejemplaridad en la política debería definirse en estos casos no tanto en en el hacer cuanto en el no hacer. En no mentir u ocultar de ninguna manera una conducta presuntamente irregular, escamoteándola con argumentos inconsistentes. En el caso Toblerone, Sahlin no llegaría a negar que había utilizado la tarjeta de manera no procedente, aunque sí afirmaría que se trataba de una costumbre habitual entre los responsables politicos suecos, que luego reembolsaban los gastos personales en los que habían incurrido. Esa confesión generaría un considerable revuelo general, cuando se comprobó que tal conducta no constituía un patrón general entre los politicos de ese país nórdico.
El asunto Toblerone demuestra a mi juicio la importancia de reconocer a tiempo los errores, cuestión básica para no arruinar con carácter definitivo una carrera política potencialmente de éxito. Andando el tiempo, Mona Sahlin regresaría a la política y obtendría el encargo de ministra del gobierno. Le ocurriría lo mismo al ex primer ministro portugués, Antonio Costa, dimisionario, juzgado y absuelto, y hoy presidente del Consejo Europeo.
Consiste también la ejemplaridad en decir la verdad, en no mentir, en no caer en conductas que merecen la reprobación. Pero también en actuar. Cuando se escribe este comentario se ha publicado el informe GRECO del Consejo de Europa sobre la ejecución de medidas en contra de la corrupción por parte del gobierno de España -un documento que no ha sido visto la luz hasta que se ha producido la diáspora vacacional de agosto, secuestrado así por el ejecutivo de Sánchez durante dos meses. En él se afirma que ninguna de las 19 recomendaciones que contiene se han cumplido -asesores, lobbies, transparencia, puertas giratorias, aforamientos...
La ejemplaridad, la lucha contra la corrupción, no deben ser consideradas por nuestros politicos como el juego del escondite, porque más pronto que tarde, el que se oculta es descubierto.