www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El carrusel de los idiotas

viernes 15 de agosto de 2025, 19:53h

Los que no tenemos a mano eso que la estupidez generalizada llama “refugios climáticos” hemos de soportar este verano, fijado en los cuarenta grados, a base de sombra y agua del grifo. Los que no tenemos canales de pago, hemos de soportar el verano expuestos a la repugnante programación habitual. Sudando la gota gorda y en silencio o sometidos a la degradación moral y la sandez masiva del televisor.

A última hora de la tarde o por la mañana temprano se hará posible alguna actividad que requiera mayor esfuerzo. El resto del día hibernamos bajo la canícula inclemente con tiempo sobrado para meditar en la maldición que soportamos. No me refiero al calor sostenido o la programación aberrante, ni a los incendios del fin del mundo, ni siquiera a la legión de mentecatos y degenerados que nos hemos dado libremente en esas sacrosantas elecciones… Me refiero en general al hermoso paraíso de libertad y bienestar que disfrutamos, me refiero a la soledad creciente que nos envuelve mientras secretamos opinión o divulgamos rencor. Me refiero al hundimiento de la capacidad de comprensión de nuestra circunstancia que era el último fruto de una buena educación.

Y así, entre días de sol y noches de sombra, va llegando el nuevo curso académico: curso de explosión de la inteligencia artificial que pudiera arrojar en proporción el definitivo ocaso de la inteligencia tradicional. No hay mejor vía hacia el paraíso, que se anuncia mejorado el próximo verano. Tras décadas de erosión y mengua de nuestras capacidades, por fin podremos empezar a balbucear nuestros mínimos deseos que serán inmediatamente satisfechos por los nuevos recursos superinteligentes.

Se me llamará agorero y cenizo y aceptaré el calificativo ¿qué otra cosa podría hacer? pero traten de emitir el discurso contrario y comiencen a encarecer nuestro presuntamente creciente dominio de las habilidades clásicas de interpretación y cálculo, de escucha atenta y comunicación. Elogien la capacidad de disfrute de la belleza musical o artística que hemos desarrollado en los últimos tiempos, eleven el himno a la nueva sensibilidad de la multitud de nuestros conciudadanos y a su reverencial y republicano sentido del deber cívico, siempre acompañado de una creciente disposición crítica y erudita. Si son capaces de elevar su voz entonando ese panegírico, tras haber dado una vuelta por los “refugios climáticos” que son los centros comerciales, me callaré definitivamente. Si verdaderamente pueden asumir esas palabras sin que les asalte el pudor dejaré de abrir la boca para señalar la oscura noche que se nos aproxima. No tanto porque acepte ese mentís a mi jeremiada, sino porque tendré que ir asumiendo que no hay a quien dirigirse.

Los medios de careo del parque humano inducen una curiosa imagen de este paraíso culpable: hablan de estados de alarma paradójicamente incesante, de refugios para esta o aquella agresión, desde el clima al acoso ideológico que puede suponer la lectura de un texto que haya escapado a la cancelación. Los medios de adiestramiento del parque humano nos presentan un estado de guerra indeterminada que conduce a una situación de pánico o ansiedad colectiva.

Es el paraíso de los neuróticos del primer mundo que gozan su culpa en playas atestadas, mientras miran compungidos la llegada de huestes de ultramar reclamando reparación a los señores de los daiquiris y los protectores solares. Los viejos europeos viejos han aprendido que su bienestar es resultado del colonialismo o el patriarcalismo y están dispuestos a arrodillarse ante sus víctimas victoriosas. Redimidos por los derrotados que se erigen en nuevos dominadores y se apropian de sus sombrillas y sus bebidas para prolongar la fiesta en el estado del bienestar.

A la vista de las llamas del gran incendio que se aproxima, cuya culpa también asumiremos en nombre del cambio climático, cogeremos el coche – eléctrico preferentemente – para regresar al domicilio habitual. Empieza otra vuelta en esta danza macabra, otro periplo del barco de los locos que inicia su rumbo hacia un nuevo ciclo estival. De la nada a la nada viaja siempre el carrusel de los idiotas.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios