Pedro Sánchez ha confirmado una vez más que desprecia el Parlamento, está dispuesto a incumplir la Constitución y ataca a la Justicia cuando se siente acosado. Resulta intolerable que asegure sin el menor pudor que el Gobierno presentará los presupuestos generales del Estado, pero que no dimitirá en el más que probable caso de que sean tumbados en el Congreso. Y más intolerable aún resulta su afirmación de que hay “jueces que incumplen la ley y hacen política”, en referencia a los magistrados que han imputado a su mujer, su hermano y su fiscal general del Estado.
Pedro Sánchez, que apareció demacrado a pesar de estar embadurnado de maquillaje, llegó a TVE aparentemente tranquilo y seguro; convencido de que la entrevista de Pepa Bueno le serviría como trampolín para salir del atolladero en el que se encuentra. Pero no fue así. La periodista, aunque al final se apiadó del presidente, demostró su profesionalidad, le atosigó con preguntas incómodas, estuvo incisiva, cuestionó con valentía la inacción del presidente ante los múltiples casos de corrupción de su Gobierno, incluso sobre su empeño en no dimitir a pesar de su minoría parlamentaria y el probable fracaso de los presupuestos. Y no permitió que el presidente se fuera por las ramas, como es habitual en él. El único borrón de la ex directora de El País fue “solidarizarse” con “la campaña extraordinaria de deshumanización que sufre” el presidente, una pregunta que no venía a cuento, pero permitió al líder del PSOE recomponerse y cargar contra Díaz Ayuso, su gran rival.
Con todo, Pedro Sánchez mostró su verdadera cara, su cara más dura, al declarar que había asumido sus responsabilidades, al tener la desfachatez de decir que “no ha tolerado ningún caso de corrupción”, a pesar de tener imputados a sus dos secretarios generales de Organización del partido además de al fiscal, su mujer y su hermano. De ahí, el mencionado ataque a la separación de poderes por la “ilegalidad” de las acciones de algunos jueces. Y una vez más no hizo la menor autocrítica sobre los casos de corrupción que le acechan, ni sobre la nefasta gestión de los incendios o la DANA. Recurrió, como siempre, a culpar al PP de todos los males por no reconocer la emergencia climática y no querer pactar las medidas contra el calentamiento global. Una vez más, en lugar de asumir sus responsabilidades, hizo oposición a la Oposición.
A Pedro Sánchez le salió el tiro por la culata. Organizó una entrevista en la televisión pública para dar una imagen de estadista, de líder tranquilo que gobierna desde la estabilidad y, sobre todo, para amarrar los votos de los españoles que todavía confían en él. Pero fracasó. Porque, en lugar de asumir sus responsabilidades, se dedicó a alardear de sus falsos éxitos políticos y económicos. Porque se aturulló al intentar justificar los muchos errores que ha cometido desde que es el presidente del Gobierno. Y porque dejó en evidencia que sus “avances sociales” son sólo una patraña para amarrar el poder.