Al estilo de la antigua kale borroka, un nutrido grupo de proetarras, disfrazados ahora de propalestinos, ha estado a punto de provocar una tragedia al interrumpir violentamente una etapa de la Vuelta Ciclista a España. Tanto los deportistas como el público sufrieron la avalancha de los manifestantes que pedían la expulsión de Israel de la competición por “el genocidio de Gaza”. Inmediatamente, Yolanda Díaz y los portavoces de Bildu celebraron la salvajada como un acto de valentía y felicitaron como si fueran héroes a los que participaron en la batalla campal. No es casual que el líder de las protestas sea un condenado por colaborar con ETA llamado Ibon Meñika. Tampoco, que la policía vasca se inhibiera mientras se producían los ataques de los herederos de la banda terrorista a corredores y público. Y era de esperar que el Gobierno de Sánchez, por boca de Albares, pidiera la retirada del equipo de Israel en lugar de condenar la violenta protesta.
El Gobierno, abrumado en el Congreso por su minoría parlamentaria y cercado en los tribunales por la corrupción, necesita radicalizarse aún más hacia la izquierda para atraer el voto perdido por las sandeces de Yolanda Díaz y compañía. Necesita una excusa para movilizarse, para hacer ruido en la calle. Y la invasión de Israel a la franja de Gaza le ha permitido ponerse al frente de las protestas propalestinas. Pero no se puede confundir una manifestación pacífica a favor de Palestina con una salvajada como la cometida por los proetarras que interrumpieron la etapa de la Vuelta Ciclista provocando un evidente riesgo para la integridad física de deportistas y asistentes.
El Gobierno no puede aplaudir la violencia callejera. Tiene que poner los medios para impedirla. Pedro Sánchez, desde la UE o la ONU, puede empeñarse en erigirse en el líder de los propalestinos en el mundo. Pero resulta inadmisible que jalee a los proetarras para que siembren la violencia en las calles de España. Debería denunciar lo ocurrido en Bilbao en lugar de enviar a la radio a Albares para que se congracie con sus entrañables socios de Bildu, dispuestos a reventar la vuelta ciclista a España por el mero hecho de llevar el nombre de España. Lo de Israel es sólo la excusa. Y lo de Sánchez, un despropósito más de su política exterior, que le ha llevado a ser excluido, incluso de las cumbres de la UE.