La parafernalia política producida por la apertura del año judicial mantendrá...
La parafernalia política producida por la apertura del año judicial mantendrá la discrepancia de las diversas posiciones partidistas en torno a los jueces durante mucho tiempo. El aroma electoral, o tal vez el hedor electoral, se extiende por todas las instancias. Y se amontonan las descalificaciones, los sectarismos, las ligerezas, los personalismos y los juicios de valor. En medio del aquelarre, el Rey Felipe VI ha sido capaz de conservar la neutralidad y la mesura. Y ha hecho lo que debía hacer conforme a las exigencias constitucionales. Su abuelo, Juan III, creía que a su padre Alfonso XIII le costó la corona los incumplimientos constitucionales que le zarandearon a partir de 1923.
Felipe VI, sólidamente asistido por la Reina doña Letizia, ha mantenido la neutralidad en la jefatura del Estado que es lo que define a las Monarquías parlamentarias europeas. Recibió en Zarzuela al fiscal general del Estado como todos los años y ha presidido el tenso acto que inauguraba el año judicial, con la tranquilidad y la mesura que la convulsa situación política exigía. Arbitro y moderador entre las altas instituciones, el Monarca ha demostrado una vez más, robustecido por la experiencia, que sabe estar en su sitio. García Ortiz pronunció un discurso discreto. La intervención de Isabel Perelló fue calificada de excelente por muchos de los asistentes al acto.
Por encima de las tensiones partidistas, que rozan ya el histerismo político, la Corona garantiza la estabilidad y la continuidad en el marco de la Constitución que respaldaron los españoles en 1978, a través de la voluntad general libremente expresada.
Que Felipe VI, en medio del tsunami político, se haya mantenido en su sitio con esa serenidad que debe caracterizar siempre a la jefatura del Estado, ha respaldado la tranquilidad deseada por la mayoría de los españoles. Tal vez por eso, la popularidad del Rey se acrecienta día a día, lo que fortalece la estabilidad constitucional de España.