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Novela

Alessandra Carati: El caso Rosy

domingo 28 de septiembre de 2025, 22:17h
Alessandra Carati: El caso Rosy

Traducción de Ana Ciurans Ferrándiz. Lumen. Barcelona, 2025. 166 páginas. 18,91 €. Libro electrónico: 8,54 €.

Por Aránzazu Miró

Al estilo de Truman Capte en A sangre fría y con un recuerdo al mejor Emmanuel Carrère como cronista del juicio del Bataclan en V13, en realidad es su otra obra El adversario la que más me ha recordado. Pero no, no voy a hablar de ninguna similitud, salvo en el atrevimiento de la temática. Quizá solo hacía falta que alguien se animara a penetrar en la brecha de la crónica del mal en la sociedad para que Alessandra Carati se lanzase a esta preciosidad en que acabaremos sin entender cómo pudo suceder todo, porque lo que hace es sumergirnos en la actitud de Rosy, encarcelada como su esposo por un crimen que no cometieron; eso nos quedará meridianamente claro.

Se trata del trasfondo de una truculenta historia que en 2007 levantó ampollas mediáticas en su país, Italia. En el pueblo lombardo de Erba, el inseparable matrimonio formado por Rosa Bazzi y Olindo Romano acaba acusado y condenado a cadena perpetua por un terrible asesinato múltiple cometido en el piso situado sobre el que ellos habitan. En la novela, en realidad, no nos interesa el crimen, del que no sabremos apenas nada ni por supuesto si tuvo otra conclusión judicial.

Nos interesa el proceso vital de la que es nuestra protagonista, Rosa, Rosy, encarcelada, separada de su marido, autoinculpada, pretendidamente protegida por la autoinculpación de él..., de quien es dependiente hasta el punto de que no quiere y no sabe vivir sin él. Y, sin embargo, en el proceso que nos muestra Carati renegará de él y se negará a verle, rechazando sus encuentros periódicos, bajo la explicación de que «de ahora en adelante quiero mirar al futuro, y él es el pasado. Es un pasado con el que estoy muy enfadada».

La narradora es una periodista que pretende escribir un buen reportaje, y consigue una obra narrativa espléndida de aproximación a un ser humano, esta mujer, que ni se entiende a sí misma ni nos permite entenderla: «Puede que tenga fantasías épicas, lagunas de memoria y un lenguaje disparatado, pero sabe cuál es su situación y sabe cómo se siente». Los abogados se harán cargo de su defensa, las publicaciones en prensa, el trasfondo judicial, los informes psicológicos, y, sobre todo, el acercamiento personal son las fuentes de las que se sirve y nos transmite.

No se cuestiona, la periodista como narradora, el papel del sistema policial y judicial en todo esto. Eso nos lo deja a nosotros. Nos deja con la zozobra que la invade a ella misma: «Envidio a los abogados por su posición clara y por el fervor y la tenacidad con que se ocupan de ella. Yo ya no tengo un papel ni intenciones dignas. Me he dejado arrastrar a la oscuridad, donde los límites se difuminan y los pactos se rompen».

Sin embargo, la novela es luminosa, con una escritura que parece centellear. Con una frescura que supera a la del reportaje periodístico que no es. Es una aproximación a Rosa. «Estoy exhausta, como si la hubiera sostenido a ella entre los brazos todo el rato para evitar que se hiciera añicos», nos confiesa Alessandra Carati con una franqueza que concilia la valentía con la que se enfrenta al caso con la literatura, que despliega en un devenir en que juega con las palabras y la narrativa.

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