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Política de luz de gas

miércoles 10 de diciembre de 2008, 22:11h
La oposición, en cualquier área, suele ser una función claramente agotadora y en la política actual de nuestro país, la verdad es que tiene que resultar sencillamente extenuante. No me gustaría a mí estar en la piel de los que tienen que decir lo que se hace mal para que, encima, te acusen de ser precisamente tú quien quieres que las cosas vayan cada vez peor y así poder justificar tu cansina función. En lo personal, a nadie se le oculta lo frustrante que es avisar a alguien de que se la va a pegar y que el otro se niegue obstinadamente a verlo hasta que, claro, va y se la pega. Se estampa contra ese muro que había negado que existiera y arrastra con él a los que le rodean o tienen una relación de dependencia. Aunque, por lo menos, queda el consuelo de poder exclamar muy alto el “ya te lo dije”, que, a pesar de que no vaya a mejorar nada, sí que sirve para quedarse muy a gusto.

En política, ni eso. Durante meses, la oposición estuvo avisando de que sobre el mundo y sobre España se cernía una profunda crisis económica contra la que había que tomar medidas urgentes y de peso, pero desde el Gobierno sólo se empeñaron en negarlo y, de paso, en tachar de cenizos a los que tan nefastos vaticinios auguraban. Incluso se negaban infantilmente a pronunciar la palabra maldita y el que la decía en alto era acusado de interesado alarmista. Por fin ha llegado la crisis, en ella andamos metidos todos, aunque la tregua de las navidades pretenda desdibujarla en el horizonte. Y el PP, a pesar de que no se ha atrevido a gritar bien alto: “ya te lo dije”, se agota proponiendo medidas que, de tomarse algún día por el Gobierno, nadie recordará, ni la propia oposición se atreverá a recordar, que fue ella quien las sugirió. “Lo que hay que hacer es arrimar el hombro y no ser tan negativos”, ha dicho Fernández de la Vega, y eso significa: “a callar”.

Y, ¿qué me dicen de la que se armó cuando el PP exigió que se evitara que ANV pudiera presentarse a las elecciones para que nunca más volviera a haber en España ayuntamientos mandados por proetarras? Desde el Gobierno no se movió un dedo para evitarlo. Imposible, dijeron, y criticaron que el PP lo utilizara como arma política. Y ahora, ahí están los amigos de los violentos asesinos en la administración, esperando, además, que les caigan los millones de euros que Zapatero ha tenido a bien repartir entre los ayuntamientos como medida para sacarnos de la crisis. Ya saben, de esa que no existía. ETA asesina otra vez, ANV vuelve a no condenar el asesinato y, ahora, escuchamos al Gobierno decir que hay que sacar a ANV de los ayuntamientos. Luz de gas. Al PP no le queda más remedio que pasar de puntillas por el asunto, no vaya a ser que le acusen de no apoyar al Gobierno en su lucha antiterrorista.

La oposición no quiere que la vuelvan a calificar de crispadora, piensa que es lo que menos le conviene y, de esta forma, entra en el maquiavélico juego de sus adversarios políticos. Bastantes problemas tiene ya la gente en estos negros tiempos que corren como para encima votar a un partido que está todo el día repitiendo: “eso no se hace”, “ya te lo dije”, igual que la insoportable señorita Rotenmeyer. Así es que la oposición no se opone ni se agota, aunque quiera, y, por supuesto, no se tira a la yugular del contrincante para arrancarle el poder que tan mal usa.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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