Con el adelanto electoral en Extremadura y, probablemente en Aragón, Alberto Núñez Feijóo ha puesto en marcha una arriesgada operación para alejarse de la alargada sombra de Vox y, al tiempo, dar una lección a Pedro Sánchez al negarse a gobernar sin aprobar los presupuestos. Pues para mantener el apoyo de Vox en esos Gobiernos autonómicos, el partido de Feijóo debe ceder a las exigencias en inmigración e igualdad de Abascal, lo que animaría al PSOE a apretar la pinza con Vox y, así, aupar electoralmente a la derecha pura y dura y debilitar en las urnas al primer partido de la oposición, el único que puede ganar las elecciones y echarle de La Moncloa.
Por eso, en lugar de llegar a acuerdos, el PP y Vox andan a la greña. Núñez Feijóo, no obstante, acierta al no ceder al chantaje de Abascal. No sólo por desarmar la estratagema del líder socialista. También porque las propuestas de Vox sobre inmigración e igualdad son un desatino, más en la forma que en el fondo. Es verdad que hay que regular el desbordante e irregular flujo migratorio, pero sobran las declaraciones racistas de algunos portavoces de Vox.
El desaforado ímpetu de Abascal en su intento de crecer atacando al PP, además, puede tener un efecto contraproducente para su partido. Pues, según las primeras encuestas, con el adelanto electoral en Extremadura, María Guardiola podría obtener la mayoría absoluta. Los votantes del centro derecha prefieren apuntalar a los líderes populares para impedir así una posible victoria del PSOE. Una cuestión aritmética basada en el voto útil, tan denostado como real. Pero el voto útil puede frenar en seco la escalada electoral de Vox.
El adelanto de los comicios en Extremadura y, probablemente, en Aragón, sin embargo, puede servir para que el PP y Vox asuman que la dispersión del voto del centro derecha aleja la posibilidad de derrotar a Sánchez. Abascal debe ser consciente de que no podrá gobernar. Y Feijóo, aunque aspira a alcanzar el poder en solitario, tiene que asumir que en este momento necesitaría el apoyo de Vox para llegar a La Moncloa. El “fuego amigo” sólo beneficia al enemigo.