Nadie supera a Pedro Sánchez a la hora de defenderse con trampas y burdas mentiras. En su comparecencia en el Senado para explicar la corrupción que le atosiga, se inventó una nueva estrategia de blindaje: la amnesia. Empleó en decenas de ocasiones las frases de “no recuerdo” y “no me consta” cuando la oposición le preguntó por su mujer, su hermano o cualquier otra cuestión espinosa. Así, evitó mentir, pues hubiera cometido un delito.
Y con el mismo truco de la desmemoria, la exasesora de Moncloa se ha zafado en su comparecencia como testigo en el Tribunal Supremo de contestar a una de las preguntas más incómodas para la causa sanchista y más decisivas para demostrar que el fiscal general del Estado pudo filtrar los correos electrónicos de los abogados de González Amador. Pilar Sánchez Acera respondió que no recordaba quién le había enviado el maldito correo que, a su vez, mandó a toda prisa a Juan Lobato para que insultara a Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid. La asesora dijo que fue un medio de comunicación, pero no le “constaba” cuál. También declaró que no podía saberlo, pues había cambiado de móvil después de borrar los mensajes. En este caso, imitó al propio Álvaro García Ortiz. Todo el mundo recuerda, sin embargo, que la revelación de Lobato sirvió para que el presidente del Gobierno, ministros y dirigentes socialistas y, por supuesto, el Ejército mediático del PSOE arremetieran contra la presidenta de la Comunidad de Madrid en su feroz campaña.
Pero la estratagema de la amnesia o el borrado de los móviles para eludir las preguntas más comprometidas resultan un indicio, incluso una evidencia, de que el testigo ha podido cometer o participar en el delito que se juzga. Porque es imposible, por ejemplo, que Pedro Sánchez no recuerde si su hermano ha vivido en Portugal o no “le conste” si su mujer habló con empresarios para impulsar sus negocietes. Como tampoco es creíble que la asesora de Moncloa no recuerde ni el nombre del periodista ni el medio de comunicación que le enviaron el pantallazo de los correos electrónicos de los abogados de González Amador. La amnesia o los borrados son trampas que no pueden servir para su propósito; en todo caso, son útiles para evitar mentir en un tribunal y, así, eludir la comisión de un delito.
En todo caso, ambos, Pedro Sánchez y Pilar Acera nunca olvidarán que han intentado defender con su amnesia al fiscal general del Estado de su supuesta revelación de secretos. Y tampoco, que Álvaro García Ortiz ha sido capaz de plantarse en el Tribunal Supremo enfundado en su toga en un gesto sin precedentes. Pues pasará a la historia por ser el primer fiscal general del Estado que se sienta en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo y, pese a ello, no ha dimitido de su cargo. Y eso, nadie lo olvidará; menos aún, si al final García Ortiz es condenado.