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TRIBUNA

Sobre la mafia en Argentina

miércoles 12 de noviembre de 2025, 17:43h

Según el diccionario de la Real Academia Española, “mafia” es una palabra que se aplica a las organizaciones criminales que operan desde la clandestinidad, mediante rigurosas formas y códigos cuya procedencia es del sur de Italia. Otra versión afirma que la “mafia” tiene su origen en la expresión árabe mahya o mu'afah, aludiendo en estos casos a individuos ocasionalmente prepotentes y vengativos que viven al margen de la ley. La palabra, según los etimologistas, fue introducida en Sicilia durante la ocupación árabe entre los siglos octavo y noveno, y refiere precisamente en este caso a redes de asociaciones ilícitas dispuestas a ejecutar justicia por mano propia sobrepasando el ejercicio de la justicia oficial.

Sin negar el origen siciliano, hay otra versión que asegura que la mafia empezó a operar como reacción de los desposeídos contra los poderosos, bajo la denominación de “Cosa Nostra”, cuyo significado se relaciona a la pobreza de aquellos tiempos. Pero la hipótesis más aceptable es la que nos remite al origen árabe, que se traduce como “refugio”, o “lugar clandestino de protección”. La inmigración del sur de Italia hacia los Estados Unidos, que se dio casi simultáneamente en la Argentina, fue dando sentido a la expresión que se sigue usando y en la actualidad la define.

“Mafia” se aplica desde entonces a las organizaciones que operan desde organizaciones subrepticias para sacar provecho de formas ilegales; como, por ejemplo, la mafia del narcotráfico, de trata de personas, de lavado de dinero y, por extensión, de las que operan bajo el amparo de la política y la justicia a través de sobornos. Las mafias más peligrosas, situadas en la clandestinidad, están unidas en ocasiones por pactos de sangre y juramentos secretos, y se apoyan entre sí para promover el recíproco beneficio de sus intereses. Los códigos son categóricos y, una vez pactados, violarlos significa la muerte.

Mi bien admirado y recordado amigo Andrea Camilieri, el notable narrador y poeta italiano, autor de la exitosa serie del “Comisario Montalvano”; que fue uno de los más agudos investigadores de esas organizaciones del Sur de Italia, me contó que le preguntó a un mafioso cuál era la versión auténtica de la expresión que los alude, y la conclusión fue que esos datos no lo condujeron a nada. “Soprattutto perché sono persone molto ignoranti”, completó con una sonrisa.

Otro especialista en el tema, el periodista Roberto Saviano, estudioso de la “Camorra Napolitana”, la organización criminal sobre la que se empieza a utilizar el término que refiere a los jefes señalados con la palabra “Padrino” (una traslación a partir de la película “The Godfather” de Francis Ford Coppola, basada en la novela de Mario Puzo), es que en este caso, según me explicó, ni en Italia ni en Sicilia ni en toda la Campania, jamás se había utilizado esta denominación para designar a un “capofamiglia” (una suerte de jefe de grupo, por lo general, despiadado asesino, con muchas muertes en su haber).

Sin embargo, cuando las familias mafiosas de origen italiano se afincaron en los Estados Unidos, desde el comienzo se empezó a utilizar el término “godfather” (padrino) en sustitución de capo, compare o compariello. Podemos agregar que fue tanta la influencia del filme en el ideario de los jóvenes ítalo estadounidenses vinculados a las organizaciones mafiosas, que éstos empezaron a imitar a los personajes de la película incorporando las gafas oscuras, los trajes a rayas, y hasta los gestos y expresiones. Actores como Marlon Brando y Robert De Niro, que los caracterizaron hasta la perfección, fueron algunos de los paradigmas.

Aquí, en la Argentina, el encantador y orillero barrio popular de La Boca, fue sitio de residencia de muchas familias italianas (la mayoría genovesas), dedicadas al comercio de restaurantes, que niegan tener algo que ver con las del sur de Italia. Sin embargo, en una de esas calles vecinas a las vías del ferrocarril, apareció hacia finales del siglo XIX el cadáver de Donato Tuttolobronco, apuñalado y con un papel en el pecho que decía: “morto per essere un traditore” (muerto por ser un traidor), que, según el escritor Osvaldo Soriano, se contabiliza como el primer crimen mafioso en la Argentina, perpetrado por italianos.

A partir de ese momento, se dice que la Mafia se instaló entre nosotros. El surgimiento de este fenómeno, como sucediera en los Estados Unidos, estuvo vinculado a la inmigración, en particular la del sur de la península. Cabe recordar que el 40 por ciento de los inmigrantes vinieron de Sicilia y de Nápoles, donde las condiciones socio-económicas eran más que severas para la supervivencia; en ocasiones afectadas por las crueldades de la guerra. Pero, lo que sí resulta curioso, es que en la Argentina, dicho porcentaje es más del doble del registrado en los EEUU.

Ahora bien, un grupo bastante numeroso de esa inmigración del sur de Italia se afincó en la provincia de Santa Fe, en especial en la ciudad de Rosario. El jefe (“il capo”) de esa primera organización delictiva, que operaba con el tráfico de persona, la prostitución y los negocios extorsivos, era Juan Galiffi, alias “Chicho Grande”, que se presentaba como un próspero hombre de negocios, con intereses empresarios múltiples, incluidos los de la cría de caballos de carrera y operaba con el apoyo de políticos y la anuencia de la policía. Muy rápidamente se fue fortaleciendo la presencia de ese mafioso en la zona.

Juan Galiffi (o Giovanni Galiffi), había nacido en Ravanusa en 1892, un municipio italiano perteneciente a la región de Sicilia, situado en la provincia de Agrigento, y llegó a la Argentina en 1910, con 18 años apenas cumplidos y se radicó en Gálvez, concretamente en la provincia de Santa Fe y desde allí empezó su vertiginoso ascenso. Muchacho trabajador, aunque sin escrúpulos, empezó siendo obrero de una fábrica, luego pasó a ser dueño de una peluquería y, más tarde, de un restaurante y una carpintería. Astuto inversor, compró casas y viñedos en Mendoza y San Juan, y caballos de carrera que compitieron en el Hipódromo de la ciudad de Buenos Aires. Su exitosa historia tiene características asombrosas y novelescas, y fue llevada al cine por el afamado director Leopoldo Torre Nilsson. Galiffi murió en Milán el 25 de enero de 1943, pero fue en Santa Fe donde se hizo famoso con el apodo de “Chicho Grande” o el “Al Capone de Rosario”; sitio en el que operó durante las décadas de 1920 y 1930, con domicilio fijo en la ciudad de Rosario, donde aún se conserva su suntuosa vivienda.

Con sus actividades empresariales, varias a la vista y otras al margen de la ley, Galiffi transformó a la ciudad de Rosario en “la Chicago argentina”. Y desde allí desarrolló una mafia implacable, muy al estilo del sur de Italia, asociándose con delincuentes de la peor calaña a los que empezó a manejar con habilidad y mano dura.​ Su declive empezó cuando le fue atribuido, en 1932, el secuestro extorsivo y la posterior muerte de los estudiantes Abel Ayerza Arning​ y Silvio Alzogaray; este último también colaborador periodístico del diario Crítica de Buenos Aires. Ambos pertenecientes a reconocidas familias de la sociedad argentina. El hecho generó una gran repercusión, lo que provocó, a su vez, una presión pública que culminó con la detención de los asesinos.

Durante esa circunstancia Ayerza Arning se encontraba con otro joven de su amistad, Ricardo Hueyo, hijo del Ministro de Hacienda de la Nación, durante la presidencia de Agustín P. Justo. El Ministro, conocedor de las vinculaciones de la Mafia rosarina con la policía santafesina, pidió al presidente de la República, el general golpista José Félix Uriburu, la intervención de la Policía Federal y el apoyo del Ejército. Se descubrió entonces que la banda criminal era la de Juan Galiffi, quien decidió, ante la presión liberar a Ricardo Hueyo, aún no ejecutado. Éste joven, colaboró posteriormente con la investigación para lograr el paradero de Ayerza, pudiéndose determinar que el joven había estado cautivo en Corral de Bustos, un pueblo de la provincia de Córdoba. La familia decidió pagar el rescate para obtener su liberación, cosa que ocurrió en Buenos Aires, entregándole a los delincuentes la suma de 120 veinte mil pesos.

Luego del pago de rescate, los secuestradores esperaban un mensaje telegráfico. El mensaje cifrado mediante la transmisión telegráfica fue enviado como: “manden el chancho”, por liberen al secuestrado pero llegaría a la estafeta de Colón con un error que sentenció la vida del joven Abel Ayerza al transmitirse como “maten el chancho”. Juan Vinti, otro miembro de la banda, sacó al joven del sitio donde estaba secuestrado y lo ultimó de cinco balazos.

Una vez detenida gran parte de la banda de Juan Galiffi, el cadáver del joven Ayerza fue localizado el 21 de febrero de 1933 y arrestados los integrantes de la banda, que fueron condenados a prisión perpetua. No sucedió lo mismo con “Chicho Grande”, que debido a sus influencias políticas y judiciales fue finalmente no encontrado culpable.

A los pocos días, ante la indignación y el dolor general de la ciudadanía, llegaron a Buenos Aires los restos del muchacho para ser sepultado en el cementerio de La Recoleta, donde se alza la bóveda familiar de la familia Ayerza. En tanto Juan Antonio Bourdieu, un familiar del joven, desafiando a la mafia, denunciaba la complicidad del Estado y llamaba a la militarización de los ciudadanos para poner fin a la mafia de “Chicho Grande”. Conjuntamente numerosas voces solidarias se alzarían pidiendo la restauración de la pena de muerte, que fue alentada por el propio Ministro de Justicia Manuel Iriondo.

Pero la aparición del joven ingeniero argelino Alí Ben Amar el Sharpe marcó un quiebre en la “sociedad delictiva”. Este personaje se llamaba en realidad Francisco Morrone y estaba casado con Agata Galiffi, la hija del capo mafia, que quedó al frente de la organización. A Morrone no se tardó en apodarlo “Chicho Chico” y disputó de inmediato a su suegro el liderazgo de la mafia. Sin embargo, aún con poderes, los secuaces de Juan Galiffi ahorcaron a Morrone. Esto hizo que Galiffi, cercado por la Policía se entregara, alegando que era víctima de calumnias. Maestro en el soborno (buena parte de la política, de la policía y de la justicia lo protegían secretamente), y así actuaba sin pruebas válidas en su contra,

Una vez arrestado, aunque por otras causas, “Chicho Grande” fue amablemente deportado a Italia en 1933, o mejor dicho, invitado amablemente a dejar la Argentina. Allí, en su tierra, no demoró en ganar la amistad de Benito Mussolini, a quien financió una de sus campañas políticas. “Il Duce” lo condecoró con la “Orden del fascismo”. Se dice que murió de pánico por un paro cardíaco en 1943 durante un bombardeo a la ciudad de Milán, obviamente estaba en su cama.

No faltan los que aseguran que la organización mafiosa de la ciudad de Rosario, tiene allí sus orígenes en aquella que fuera conducida por “Chicho Grande”. La Mafia hoy sigue operando de manera activa en el que ahora es su principal negocio, “el narcotráfico”, siendo un problema delictivo importante no solo para esa región, sino para todo el país. Desde allí, se sigue afirmando, buena parte de la mafia argentina, conducen sus espurios negocios, centralizados ahora, sobre todo, en el narcotráfico; aunque tampoco son ajenos al juego clandestino ni al lavado de dinero.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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