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TRIBUNA

El bello guardia civil (primera escena del segundo acto)

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 21 de noviembre de 2025, 19:57h
Actualizado el: 01/02/2026 19:52h

Primera Escena

Altas horas de la noche. Habitación-estudio de joven artista de 1949. Cuadros, un caballete, libros en un estante y encima de una mesa grande que está en la mitad de la escena. A la derecha de la escena se ven dos camas estrechas alineadas en paralelo y detrás de ellas un armario. Los amigos Nieva y Edmundo de Ory están sentados en las únicas dos sillas que posee la habitación. La luz sale del flexo que está encima de la mesa de trabajo y de una pequeña bombilla al fondo. Nieva parece estar terminando de contar una larga historia a su amigo Edmundo de Ory, impresionándolo.

EDMUNDO DE ORY.- Emociona y espanta tu historia, amigo Paco. Menos mal que acabó bien, y que el valor tuyo y el de tus padres te salvó de la ignominia. Se me ponían los pelos como escarpias cuando lo ibas contando.

F. NIEVA.- No me hubiera salvado de lo que tú llamas ignominia si el teniente Cortés se hubiera mantenido en sus trece y nos hubiera denunciado a don Bruno. Creo que dimos con alguien no muy malo, casi bueno. Fue un milagro que no acabase en algo monstruoso.

EDMUNDO DE ORY.- También hay dos circunstancias que quizás impidieron el drama. La primera, que el teniente Cortés, hombre cultivado, se hubiera enamorado de ti; lo que se llama “amor a primera vista”, y ello le hubiera impedido hacerte daño, y lo segundo, y muy importante, es que en esta España hubiera tenido problemas aquel bello guardia civil, si sus mandos se hubieran enterado de que la persecución a la familia Morales Nieva tenía como principal motivación, no los antecedentes políticos ni los decadentes principios liberales de tu padre, sino los anhelos sodomitas del teniente Cortés.

F. NIEVA.- No hay almas sencillas. Todos estamos mezclados. En la compañía LA BARRACA, en la que actuaba Lorca, no sólo había socialistas, sino también grandes falangistas, como Ponce de León y Eduardo Ródenas, impulsor y unos de los primeros actores de la compañía, y que realizó una adaptación “rusófila” o “comunista” de la siempre rebelde Fuenteovejuna. Y hay crímenes que pueden cometer hombres honrados por pura concupiscencia. Sin embargo, la fuerza de los principios morales del teniente Cortés fue tan fuerte, estaban tan arraigados tales principios y sentimientos en su mente, que vencieron su pasión y su conato de amar coactivamente. Tuvo un comportamiento artístico, diríamos, en cuanto que sometió su pasión a las reglas que estaban muy arraigadas en su corazón. Desde entonces, amigo Carlos, ronda por aquí un fantasma teniente de la Guardia Civil, un fantasma teniente de la Guardia Civil muy joven y guapo que circula por esta casa.

EDMUNDO DE ORY.- Diríase que estás enamorado de ese recuerdo. Pero yo a ti sólo te he visto con chicas, y hasta me has contado tus peligrosas aventuras con algunas mujeres bastante mayores para tu edad, como la que te ligaste durante el rodaje de El Clavo, siendo tú ayudante de Enrique Alarcón, y por la que te he envidiado, la verdad. No me dirás ahora que también te han gustado o te gustan los hombres.

F. NIEVA.- Me gustan los hombres bellos sólo desde mi perspectiva de artista. No desde la perspectiva de sexo masculino.

EDMUNDO DE ORY.- Ya. ¿Tienes esperanzas en volver a ver a aquel bello guardia civil un día en alguna calle, en el Metro, o en otro lugar de Madrid? Y si lo vieras, ¿qué harías? Él te dijo que volvería a la capital.

F. NIEVA.- La verdad es que no quisiera encontrármelo. Además, no hay amor que viva mucho fuera del tiempo y del espacio más de ocho años. El amor, a diferencia de la amistad, vive de la presencia continuada, la presencia como geografía y tiempo. El espacio y el tiempo no matan la amistad, y a los amigos, cuando se encuentran después de no haberse visto durante mucho tiempo, la flor de la sonrisa les vuelve a brotar espontáneamente en sus bocas, y se abrazan con alegría. El amor es un sentimiento más primitivo. Muere sin remedio si no lo alimentas con la cercanía y la presencia. La verdad es que no quisiera volver a ver a mi apasionado seductor con tricornio, porque no quiero sentir su olímpica indiferencia hacia mí, y me perturba el desagradable sentimiento de no odiarlo. Porque yo lo tendría que odiar, el honor familiar me obligaría a odiarlo. La verdad es que no sé qué haría si lo viera.

EDMUNDO DE ORY.- Se está convirtiendo esta velada nocturna en una nueva versión del Banquete de Platón.

F. NIEVA.- Y para amenizarlo un poco voy a la cocina sigilosamente, para que no se despierte mi madre, y traigo un poco de Valdepeñas con dos trocitos de queso en aceite.

EDMUNDO DE ORY.- Toda una colación celestial, querido Paco.

F.Nieva sale de escena por la izquierda. Edmundo de Ory se levanta de la silla y comienza a mirar con interés unos dibujos que hay encima de la mesa. Al minuto llega F.Nieva con una botella de vino, dos vasos, y sosteniendo entre las dos manos ocupadas un plato con pan y queso.

EDMUNDO DE ORY.- Es extraño este gato que acabas de dibujar; su cuerpo trasero podría ser también una capa, y si fuera así estaríamos ante un hombre-gato, al que habría que bautizar con alguna jitanjáfora.

F. NIEVA.- El misterio de la perspectiva a menudo se presta al equívoco, la dilogía o la antanaclasis. Lo mismo ocurre con el lenguaje natural; nunca con el científico o monosémico. Hace poco compré el libro de Bühler, Teoría del lenguaje, traducido por Julián Marías, en el que muestra que las frases emprácticas, aquellas frases breves cuyo sentido lo llena el entorno, como cuando uno se sube al tranvía y dice al chófer “en la siguiente”, se prestan a la dilogía y el equívoco.

EDMUNDO DE ORY.- Efectivamente, tu gato no es académico; es popularmente natural, no está afectado por la perspectiva del Renacimiento. Ni pertenece a tu Alta Academia ni a mi Academia Fantástica.

F. NIEVA.- A veces tu ironía molesta un poco, mi cínico amigo. En realidad, es un gato dibujado desde la mundivisión de Paul Klee. Y podría, además, pasar por postista; es un gato creado al margen de la experiencia y es fruto de una imaginación profusa, incluso brillante, y posee un énfasis genuino y legítimo. Estoy convencido de que a nuestro amigo Mathias Goeritz le gustaría.

EDMUNDO DE ORY.- Ahora lo entiendo del todo. Perfecto. No te molestes, aún no soy asesino ni incestuoso. En realidad, nosotros dos nunca competiremos. Tú eres sacerdote de las Bellas Artes, y yo de la literatura. Así nuestra amistad será eterna, sin competencia ni envidia. Eso sí, ambos en el movimiento postista. Y, por cierto, ¿qué diremos el jueves en la casa de Carlos Morla, de la que ya tengo, por cierto, la dirección? (…) Jo, este queso en aceite está buenísimo.

F. NIEVA.- Yo te voy a dejar hablar a ti y a Eduardo, que os explicáis mejor, y si viene al caso yo hablaré de las relaciones entre el modernismo y el postismo. Tus poesías revelan muy bien lo que es el postismo. Por cierto, el otro día una de tus poesías me recordó una aleya de El Corán. Se trata de la aleya 25 de la Sura XXIX. “Dios es el vínculo de amor en la vida mundanal”. El amor como el gran vínculo de todos los seres. Y tú decías en tu poema que la poesía honda y verdadera une las cosas todas en un amoroso haz. Por eso tu poesía es paratáctica, asindética, todo se combina con todo sin subordinación.

EDMUNDO DE ORY.- Me dejas helado con tu conocimiento de El Corán. Y también satisfecho. A lo mejor el Islam también tiene algo de postista. Se ha debido prestigiar mucho con los moros que ayudaron a Franco, otro postista, en su Cruzada. Y quizás sí, tenga yo algo de aquel divino profeta mequí.

F. NIEVA.- Para mí ha sido un descubrimiento El Corán. Me lo regaló mi hermano, que sabe tanto de religiones, a pesar de su edad. El Corán ha sido tratado e interpretado muy mal por la Iglesia Católica, y, en realidad, no es más salvaje que los libros del Antiguo Testamento, aunque no llega a la belleza moral que tiene el Nuevo. Critica la usura, la arrogancia, el despotismo, las voces altas, la doblez, la mentira, el lujo, y ama la virtud, la austeridad, la caridad, y reconoce que si Dios tuviera que castigar a los humanos por las faltas que cometemos no quedaríamos uno sobre la faz de la tierra. Sostiene, al fin, que ante Dios y ante los hombres siempre seremos rehenes de nuestras propias acciones.

EDMUNDO DE ORY.- Me encanta la mente abierta que tenéis los protestantes. Y, por cierto, esa relación del modernismo con nuestro postismo efectivamente hay que enfatizarla. El postismo como hijo bastardo del modernismo. Está muy bien, Paco.

F.NIEVA.- Gracias, mi pequeño rey David. ¿Te gusta este vino de tinaja?

EDMUNDO DE ORY.- Me encanta. Al vino de tinaja lo encuentro más primordial, más vernáculo, más agreste, “más auténtico”, que diría Unamuno.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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