La situación de Pedro Sánchez es más crítica que nunca. La legislatura ha entrado definitivamente en vía muerta al confirmarse que el Gobierno no podrá aprobar los presupuestos. El Congreso ha tumbado este jueves la senda de déficit, pues Junts huye de Sánchez como de la peste. Pues la corrupción socialista ha salpicado a Puigdemont que se hunde en las encuestas por la inquietante y potente irrupción de Alianza Catalana.
Pero la actitud desafiante de José Luis Ábalos, que acaba de ingresar en prisión por riesgo de fuga, es, en realidad, el gran temor del presidente. Si el que fuera su mano derecha en el Gobierno y en el partido tira de la manta, no habrá quien salve al soldado Sánchez. Lo sabe todo. Desde que arrancó el Peugeot, desde que las saunas del suegro financiaran la campaña de las primarias hasta las negociaciones con los herederos de ETA, refugiados cobardemente en caseríos en el bosque, o las conversaciones con Puigdemont en Waterloo y en Ginebra para hacerle una amnistía a medida y llegar a La Moncloa. Aunque la ley fue tan chapucera que sigue sin poder venir a España.
Pero más allá de aprobar los presupuestos, de gobernar o no, Pedro Sánchez está aterrado por los “archivos secretos” que guarda Ábalos. Pues el que fuera su mano derecha, sabe paso a paso el camino que ha recorrido el líder socialista hasta alcanzar el poder. Cada treta, cada mentira, cada cesión, cada compra de votos y escaños pagada con dinero público. Y, ahora, perdidos al río, encerrado en la cárcel, se ha cansado de ser ninguneado por todos, de ser el apestado del PSOE, el que carga con las culpas de las corruptelas y chanchullos de todo el Gobierno. Y ha empezado a cantar. Ha confirmado la reunión clandestina de Sánchez y Otegui para negociar la moción de censura a cambio de excarcelar a los asesinos etarras. Y después de entrar en prisión, Pedro Sánchez puede estar seguro que su amigo del alma , más que tirar de la manta, va a levantar las alfombras de La Moncloa que esconden toda la basura acumulada durante estos 7 años.
Pero, por lo que parece, a Pedro Sánchez ni se le pasa por la cabeza disolver las Cortes y convocar elecciones. Sigue confiando en recuperar votos con la nacionalización de un millón de migrantes. Pero a este paso, van a ser las únicas papeletas que caigan en la urna del PSOE. Pues después de la condena del fiscal general del Estado y de la entrada en prisión de Ábalos, pueden también caer sentenciados por la Justicia su mujer, su hermano y el resto de imputados que rodean al Gobierno. Incluso, el efecto dominó puede tumbar al mismísimo presidente. Pues torres más altas han caído. Ahí están los ejemplos de Sarkozy y Bolsonaro. Mientras tanto, Sánchez va ha sufrido otro bochorno parlamentario con la caída de la senda de déficit y, por tanto, de los presupuestos. Pero estará más pendiente de esquivar los mandobles que pueda darle Ábalos; más ahora, que está en la cárcel.