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TRIBUNA

La aplicación de la ciencia destructiva

viernes 19 de diciembre de 2025, 19:53h

El Gobierno presidido por P. Sánchez basa su ejercicio del poder en la ciencia de la destrucción, inspirada por la cultura de la revolución, utilizando especialmente al Estado como laboratorio para acabar con su unidad. Está logrando desarrollar la ciencia destructiva nihilista a partir de unas medidas de amplísima investigación práctica para arruinar el país. De hecho, el Estado está en vía rápida hacia el subdesarrollo para su posterior desmantelamiento. Lo trata de hacer efectivo con un mecanismo desintegrador, aspirando a limpiar la sociedad de todo el falso artificio que, a su juicio, se ha creado a través de la historia. Motivo por el que justifica lo imprescindible de tener que controlar todas las instituciones y neutralizar los objetivos propiamente estatales –política de Estado-. El Gobierno y sus partidos, rompen el consenso procedimental (G. Sartori), para asumir el titánico papel de recoger, directa o indirectamente, todas las autoridades y potestades. Está consiguiendo poner casi todas las instituciones del Estado a su servicio, por utilizarlas para intereses ajenos al bien común. Contrariamente a lo que pensaba M. Weber, de que lo terrible para una sociedad es que todas las obras y construcciones que han llevado a cabo los individuos quedaran en manos de un partido o de un líder, el Gobierno –con ideología apátrida- quiere demostrar que el “pueblo” español no puede estar dividido en poderes, grupos, secciones, sino que se puede agrupar en un partido, una especie de fusión inorgánica, demostrando lo innecesario de la existencia de la Nación. Siguiendo a Lenin intenta establecer un sistema de partido único colectivista, monolítico y monocéfalo, que deberá convertirse en el centro del Estado, para luego ir disolviendo las instituciones haciéndoles primero perder la legitimidad.

Si la ciencia fáctica no puede decir qué régimen o que sistema debe ser implantado, la ciencia destructiva descubre la forma de acabar con aquello que debe ser superado. La eficacia del Gobierno y de los partidos que lo apoyan, se debe a que han podido hacer ciencia sin necesidad de someterse a unas leyes específicas, demostrando que la ciencia puede dejar de ser autónoma sin perder su progresivo objetivo. En el mismo proceso se está realizando la adecuación matemática entre esquemas ideales destructivos y la realidad. La misma ciencia acabará con los problemas de la discusión pública, con las críticas, los egoísmos y las hipótesis que retratan el desarrollo destructivo, demostrando que es el mejor modo para que la investigación científica avance universalmente. Se emplea el doctrinarismo cientificista que sostiene que la ciencia se debe asentar en la

ideología y en la voluntad del que la fije. Y se recurre al sentimentalismo y a la irracionalidad como elementos principales para aplicar la ciencia de la deconstrucción. Del mismo modo, ha conseguido que la política esté sometida a la ciencia de la destrucción, permitiéndole devastar todo lo existente. Cuando se culmine, empezará la construcción hacia el mundo nuevo y una nueva tierra libre de contaminaciones –agenda verde inyectada en vena-. Cualquier individuo que tome conciencia ideológica histórica comprobará que toda medida destructiva es un paso más que se aproxima a la futura construcción ideal.

El órgano colegiado del Gobierno y sus apoyos, son conscientes de que los militantes de un partido social revolucionario no necesitan conocimientos previos –empezando por rechazar el sapere aude-, al estar suficientemente dotados para aplicar la ciencia de la destrucción. Esta se basa en la ignorancia, como una posición personal del homo ideologicus que logrará acabar con las falsedades del saber acumulado durante milenios, y quedarse con unas pocas y simples creencias salidas de la imaginación. aunque suficientes para transportarse por la vía del progreso con el “mínimo rendimiento mental” (J. Schumpeter). Es comprensible que el progresismo llegue a establecer la ignorancia como la única igualdad real entre los gobernantes y los gobernados. Lógicamente el ciudadano no puede conocer las realidades complejas. Pero sí colaborar para eliminarlas. Para hacer efectiva la voluntad ideológica no se precisa que los individuos sean sabios, ni que los políticos tengan conocimiento y mucho menos que el líder sea una especie de Philosophos Basileus (Platón), sino un déspota autócrata. Motivo por el que se debe prescindir de los correspondientes filtros de mérito y capacidad, para que el político pueda acceder a ejercer la función careciendo del conocimiento imprescindible para desempeñarla. En este sentido es importante que la ideología destructora interfiera en la organización social y corte los mecanismos que permiten la normalidad con las oportunas adaptaciones y correcciones –tiranía social-.
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