A pesar de la intensidad informativa que los medios impresos, hablados, audiovisuales y digitales...
A pesar de la intensidad informativa que los medios impresos, hablados, audiovisuales y digitales han dedicado a las elecciones en Extremadura, la realidad es que la abstención ha ganado las elecciones autonómicas. Ha crecido 6 puntos y se sitúa en un aumento del 6 por ciento.
La ciudadanía está harta de unos partidos políticos que atienden el interés partidista por encima del interés general y que, aparte de adjudicarse cantidades ingentes de dinero público para su financiación, amén de las cien prebendas de las que se benefician, se han convertido en agencias de colocación. Se dedican a emplear a parientes, amiguetes y enchufados en el empleo público, que se paga a través de los impuestos con los que se sangra hasta la hemorragia a los contribuyentes. En 1978, los españoles pagaban a 700.000 empleados públicos. Ahora, esa cifra se acerca a los 3.500.000.
Hecha esta primera consideración, que exige el análisis profundo de la política, habrá que subrayar la derrota de Pedro Sánchez, electoralmente aplastado en Extremadura por Alberto Núñez Feijóo. El Partido Popular extremeño, liderado por la endeble María Guardiola, supera en escaños a la suma de los partidos de izquierda. Pedro Sánchez y el disparate de su candidato han perdido una decena de diputados, mientras Pablo Iglesias y su partido en Extremadura casi han duplicado el resultado.
En una política decente, Vox no debe hacer otra cosa que facilitar el Gobierno de Guardiola. Está claro, que a la vista de los resultados de las elecciones en Extremadura, Alberto Núñez Feijóo deberá desprenderse de sus agradaores gallegos y negociar fórmulas razonables para una alianza con Vox que, muy probablemente, le será imprescindible en toda España.