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A los ministros de Zapatero no les llega la camisa al cuerpo

lunes 15 de diciembre de 2008, 14:57h
La sensación de nerviosismo empieza a llegar a los ministros del reciente Gabinete de Zapatero, pese a que éste apenas ha cumplido nueve meses.

Varios de ellos saben que su continuidad en el Gobierno fue más el aplazamiento de la sentencia que el producto de su buena gestión, como en los casos de Magdalena Álvarez y de Miguel Ángel Moratinos.

Entre los veteranos se tiene constancia de que alguien pagará el pato de la crisis, aunque no saben cuándo. Es el caso de Solbes, que cada día parece transformar más su característica tranquilidad en indiferencia absoluta.

Y los nuevos saben que tienen más posibilidades de permanecer, por el mero hecho de que Zapatero no va a reconocer el error de haberlos nombrado, pero en algunos casos no han podido cuajar por su evidente falta de peso, como en el caso de la joven Bibiana Aído. O por haber tenido que lidiar con la peor de las noticias para el Gobierno: el crecimiento exponencial del paro, que le ha tocado a Corbacho.

Lo cierto es que apuestas tan personales de Zapatero, como el caso de Sebastián, están tropezando con una ejecutoria tambaleante, llena de contradicciones y con ideas peregrinas de las que sólo se llevan a la práctica en uno de cada tres o cuatro casos; sólo hay que recordar, por ejemplo, el caso del Plan Vive o el de las bombillas gratuitas de bajo consumo.

Parecido es el caso de otros titulares ministeriales, como Bernat Soria, que aparece y desaparece como el Guadiana, con pocas competencias en Sanidad y una imaginación descriptible ("yo no corono rollos con bombo", por poner un ejemplo).

Entre ministros desconocidos anda también el juego: Beatriz Corredor es una burbuja en Vivienda.

Y otros, de perfil medio, saben que son intercambiables: Elena Salgado o Elena Espinosa. Incluso el prudente César Antonio Molina.

En suma, si descontamos al incombustible Rubalcaba, que tanto vale para negociar con Eta como para perseguir a Eta, los demás saben que han tenido o pueden tener problemas. Sin ir más lejos, el radical Bermejo, otro de los ministros sobre los que pende una segunda y última oportunidad.

Miembros del Consejo transformadas en incógnitas son Teresa Fernández de la Vega y Carmen Chacón. La segunda parece tener más futuro que la primera, muy castigada por haber tenido que dar la cara durante casi cinco años.

Todos ellos saben que Zapatero puede hacer una crisis instantánea y sin avisar. Y que tampoco se para en barras a la hora de eliminar a sus compañeros de viaje, por significados que éstos fueran: Jesús Caldera, López Aguilar, Jordi Sevilla…

El Gobierno Zapatero pende de un hilo, entre otras cosas porque dedica casi todo los esfuerzos a una ingeniosa ingeniería social, pero muestra bastante perplejidad en la gestión concreta. Laicidad, nuevo modelo de familia, derechos humanos universales, hambre en el mundo… pero con mucho menos desparpajo ante una crisis galopante, notables problemas para la articulación nacional con nacionalistas crecidos, fractura moral y problemas educativos de hondo alcance.

Claro que el responsable de todo esto es Zapatero. Sólo que él no puede cambiarse a sí mismo.
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