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EDITORIAL

La izquierda se desmorona y la derecha se pelea

EL IMPARCIAL
martes 10 de febrero de 2026, 10:44h

Las elecciones en Aragón y Extremadura confirman que los votantes de la derecha superan con creces a los de izquierda. Los españoles han comprobado que el comunismo y el socialismo populista de Sánchez son perjudiciales para la democracia, la libertad y la economía. Pero, sobre todo, se han hartado del fracaso del Gobierno mal llamado “progresista” que no ha sido capaz de gestionar con eficacia una sola de las catástrofes que han azotado al país como la pandemia, los incendios desbocados, el gran apagón, las criminales inundaciones de Valencia y, ahora, de Andalucía o la tragedia ferroviaria de Adamuz. Mientras Hacienda recauda más que nunca, los ciudadanos sufren el deterioro tercermundista de la red ferroviaria, con retrasos y accidentes mortales, las carreteras aparecen repletas de socavones, la mayoría de los servicios públicos no funciona adecuadamente, el acceso a la vivienda es una quimera, la okupación es legal y un alto porcentaje de ciudadanos no llega a fin de mes a pesar de las alharacas de Sánchez de que la economía va “como un cohete”.

Pero el PP y Vox, aunque acaparan masivamente los votos, parecen incapaces de enfrentarse unidos a esa deriva política y social de España. Los de izquierdas y los separatistas, en cambio, a pesar de su declive, dispersión, diferencias, delirantes propuestas políticas y hasta su irrelevancia, se arman para volver a la carga, para luchar con tal de seguir en el poder. Ahí está Rufián que ha pasado de despreciar el Congreso de los Diputados, donde prometió que no permanecería mucho tiempo en su escaño, a intentar encabezar una suerte de revuelta de la izquierda para sentarse en el banco azul. Al tiempo, Izquierda Unida intenta unir a los partidos de la extrema izquierda con el mismo objetivo: seguir en el poder. No perder las poltronas, los sueldos, los coches oficiales, las mil y una prebendas y el puro placer de saborear el poder.

Y mientras Feijóo y Abascal tiran piedras contra su tejado, los portavoces de la izquierda se unen para fumigar con su propaganda a “la derechona, a la ultraderecha, al fascismo”. Los comunistas y socialistas fracasan estrepitosamente cuando gobiernan. Pero no tienen complejos a la hora de asaltar el poder con la formación de coaliciones, incluso con las derechas separatistas o los herederos de ETA. Felipe González, como gran defensor de la Constitución, lo ha explicado con acierto:” Yo nunca pactaría con Vox, pero a mucha más distancia estaría de pactar con Bildu”. Núñez Feijóo, sin embargo, aparece atenazado por su pavor a que le tilden de “ultra” y se resiste a llegar a acuerdos con Vox. Y Abascal quiere imponer sus políticas extremistas para acaparar el protagonismo de los gobiernos autonómicos que están en juego. O espabilan los partidos de la derecha o volverán a quedarse en la Oposición de por vida. A pesar de saber que un nuevo Gobierno Frankenstein aniquilaría la convivencia democrática y desguazaría definitivamente la Constitución.

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