Emiliano García-Page se ha sumado al clamor político, a izquierda y a derecha...
Emiliano García-Page se ha sumado al clamor político, a izquierda y a derecha, que exige a Pedro Sánchez la inmediata convocatoria de elecciones generales. Tras los fiascos electorales en Extremadura y Aragón, perdida la precaria mayoría parlamentaria de la que gozaba, el barco del presidente del Gobierno navega a la deriva. Crecen en número los socialistas que consideran inevitables las elecciones generales. A muchos les parece absurdo esperar un año más.
A Pedro Sánchez, no. En el día de hoy tiene las urnas perdidas y el cerco judicial, que crece, le amenaza con instalarle en el banquillo de los acusados. El presidente del Gobierno no es un zombi como cree Alberto Núñez Feijóo. A pesar de las tarascadas autonómicas, trabaja certeramente y aparte de nacionalizar hijos y nietos de los republicanos que en 1939 acabaron en el exilio, también se ocupa de los inmigrantes a los que nacionaliza en España, y a los que otorga suculentas dádivas económicas. Necesita tiempo. Pedro Sánchez necesita tiempo para que la prolongación del censo desdibuje la penosa situación con la que le obsequian las encuestas serias.
Por eso, aunque las exigencias democráticas griten en favor de la convocatoria electoral, Pedro Sánchez, atrincherado en su madriguera monclovita, aguanta sin pestañear. Y salvo que la acción de la Justicia le coloque en una situación insostenible, resistirá hasta el final. Las elecciones generales se retrasarán hasta octubre de 2027. Éste es el cálculo sanchista. El entorno del líder socialista trabaja denodadamente para dar la gran sorpresa electoral chasqueando una vez más a Feijóo. Difícil aventurar si Pedro Sánchez conseguirá o no sus propósitos.