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Libro de viajes

Heinrich Böll: Diario irlandés

domingo 08 de marzo de 2026, 23:16h
Heinrich Böll: Diario irlandés

Prólogo de Hugo Hamilton. Traducción de Carlos Fortea. Nota al margen. Madrid, 2025. 170 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por David Almazán Tomás

Heinrich Böll (1917-1985), fue el sexto escritor alemán en ganar el premio Nobel de Literatura. Alcanzó el galardón en el año 1972, después de Thomas Mann (1929) y Hermann Hesse (1946). Por entonces Böll era un escritor reconocido por su compromiso político y ocupaba la presidencia del PEN Club. Desde finales de los años cincuenta, la editorial Seix Barral había publicado Casa sin amo, Billar a las nueve y media, Opiniones de un payaso y La aventura y otros relatos.

Su obra tuvo una gran difusión el año de la concesión del Nobel a partir de 1972, fecha en la que se multiplicaron las publicaciones de sus novelas y relatos en varias editoriales. En este contexto apareció en 1979, en la Editorial Laida una versión de Diario irlandés con traducción de Víctor Canicio. Ha pasado casi medio siglo de esto. Una nueva versión de esta obra, con excelente traducción de Carlos Fortea, especialista en literatura germana del siglo XX, acaba de ser publicada por Nota al margen, una editorial que cuida sus proyectos y sabe lo que hace.

En estos tiempos convulsos, siempre es bueno recuperar voces lúcidas y con sentido crítico. Heinrich Böll encarna el espíritu del intelectual comprometido con la libertad y los derechos civiles que resurge de las cenizas y escombros de la Segunda Guerra Mundial. Böll es una voz contra la amenaza de los totalitarismos y los abusos de poder y en favor de la tolerancia y el Estado de derecho. En este sentido, los años sesenta en la República Federal Alemana fueron tiempos de fuertes tensiones. Esta posición la adopta desde la experiencia traumática de la nación alemana del nazismo y la barbarie de la guerra. Su narrativa se caracteriza por su profundidad ética y su inconformismo con el sistema.

Nacido en una familia humilde, tuvo dificultades en la posguerra para poder mantener una posición algo holgada. Imagino que los grandes acontecimientos que vivió su generación en Alemania le hicieron sentir como si el tiempo de la historia se hubiera acelerado a un ritmo vertiginoso. Creo que en busca de algo de sosiego y quizá también para homenajear a escritores irlandeses que Böll admiraba, como William Butler Yeats o James Joyce, en 1954 decidió hacer un viaje a Irlanda, acompañado por su esposa Annemarie, que era una reconocida traductora de lengua inglesa, y sus hijos.

Este viaje y otros que siguieron fueron la cantera de su Diario irlandés (Irisches Tagebuch), que antes de su publicación como libro en 1957 apareció a modo de crónica en la prensa alemana. Más que un diario o una crónica periodística, los textos de Böll sobre Irlanda son relatos breves de gran calidad literaria y un tono muy personal.

¿Por qué Irlanda? Sin duda buscando sosiego y paz interior. Todo el mundo sabe que es difícil encontrar en la vida un lugar donde el tiempo pasa cadencioso sin pensar y el dolor es fugaz. Podría haber ido a Soria… o Galicia, pero fue a Irlanda, una nación joven, recientemente independizada del Reino Unido. La periferia de Europa. Un lugar donde una crónica enseguida se impregna de realismo. Un realismo tan pronunciado que parece mágico. En Irlanda, Heinrich Böll viajaba modestamente, sin ponerse a la altura de un soberbio turista llegado de un lugar más moderno y a ras de tierra fue capaz de descubrir una tierra noble, resignada y asentada en la tradición.

La Irlanda rural de mediados de los cincuenta estaba tan atrasada como los pueblos de España que soñaban con un plan Marshall. Había una economía sin apenas comercio internacional, con muy bajos niveles de industrialización. Además, Irlanda mantenía unos niveles altísimos de emigración forzada por su crisis económica. La natalidad, antes del desarrollo de métodos anticonceptivos, era altísima y las familias tenían siete u ocho niños, de los cuales unos pocos se quedarían en Irlanda y, tras una dolorosa despedida, la mayor parte se irían a Inglaterra o a los Estados Unidos… y alguno quizá acabara de jesuita en Roma.

Irlanda era fervorosamente católica, más papista que el papa, con un clero conservador que dominaba cada aspecto de la vida cotidiana. Todo este trasfondo es el que aparece en el Diario irlandés desde una perspectiva muy humana, desde el respeto, sin que falte una fina ironía que caracteriza la prosa de Böll. Nada se idealiza, pero nada se banaliza. Hay respeto por una comunidad que mantiene su identidad y que ha desarrollado una cultura sólida con la que enfrentarse a las hostilidades. Böll tiene tendencia hacia lo cotidiano. De un pequeño personaje, que en cualquier novela sería un simple secundario para dar ambiente, el autor sabe elaborar un retrato social de gran viveza.

Irlanda es el paraíso de los contadores de historias, pues contar historias es lo que caracteriza a los irlandeses. Cuando Böll deja hablar a los irlandeses la narrativa fluye entre comentarios sobre el agradable tiempo que se disfruta ese día. Otras veces es el autor el que nos cuenta sus pensamientos en voz alta. Diario irlandés tiene episodios memorables, como las dificultades del propio Böll para hacerse entender o para conseguir cambiar moneda germana por dinero irlandés.

También tiene descripciones magistrales, como la presentación de las ajardinadas estaciones de tren en Irlanda. Pero los mayores aciertos están en el modelado de algunos personajes más allá de lo pintoresco, como un pobre hombre que ansía tomarse una cervecita y se topa con la legislación sobre los horarios que permiten servir alcohol o como una desdichada mujer, la esposa del médico, inquieta por lo que tarda el parto del tercer hijo de una atractiva parturienta que tiene los pies más bonitos del mundo. Todo esto bajo la lluvia.

En Diario irlandés llueve sin parar. Y se bebe whisky. Este libro es una invitación a descubrir Irlanda, pero antes una advertencia. En una nota inicial Böll nos dice: “Esta Irlanda existe, pero quien vaya y no la encuentre no tiene derecho a indemnización por parte del autor”.

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