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Cuba: fracaso de Castro; pervirtió socialismo y traicionó apoyo popular

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 18 de marzo de 2026, 20:07h

Una cosa es que el proyecto de comunismo en su versión teórica sea muy convincente en su planteamiento y otra que prácticamente todas las experiencias de ese modelo hayan fracasado por su vertiente dictatorial.

Fidel Castro Ruz arribó a La Habana en las primeras horas del 1 de enero de 1959, luego de una larga lucha guerrillera que deshizo la estructura política del Gobierno de Fulgencio Batista. El carisma de Fidel se convirtió en un proyecto político-ideológico que arrancó desde su compromiso de pugnar por la democracia y terminó con una dictadura personal, familiar, represiva y excluyente.

El liderazgo social de Fidel atravesó por varias etapas: la del líder liberador, la del constructor de una estructura de poder central, la del autoritarismo contra disidentes, la del voluntarismo extremo y la del operador de una democracia de partido. Y, de manera inevitable, derivó en el político que dejó de pensar en la sociedad para decidir en función del mantenimiento de un poder absoluto.

El poder legitimador de Fidel estuvo en la estructura cultural latinoamericana que estaba en la espera de liderazgos individualistas en modo de Carlyle. Los primeros promotores del modelo castrista fueron los intelectuales cubanos y extranjeros, pero también enlistaron los primeros que comenzaron a abandonar el barco.

Y fue muy rápido. En junio de 1961 y como consecuencia de un acto de censura cultural del Estado para prohibir la difusión del documental P. M. sobre las noches de fiesta en La Habana causó la primera y más importante ruptura en el ambiente cultural cubano. Fidel se reunió con los intelectuales para, como jefe del poder absoluto, escuchar sus quejas y necesidades, pero el resultado fue el previsible: Fidel anunció el endurecimiento contra la crítica y la disidencia y fijó el primer principio político-ideológico de la dictadura cubana: “con la Revolución todo, contra la Revolución ningún derecho”. Y esa ruptura temprana tuvo que esperar diez años hasta el arresto del poeta Heberto Padilla por acusaciones de críticas contrarrevolucionarias, su tortura en las cárceles del régimen hizo una auto confesión que giró en torno al reconocimiento del papel fundamental de las fuerzas de seguridad del Estado. De sobra conocidas fueron a las dos cartas promovidas por Mario Vargas Llosa en contra del arresto.

Pero hay que decir que los intelectuales tomaron el camino cómodo: apoyar el proyecto castrista, mirar hacia otro lado ante los indicios crecientes de autoritarismo cultural, justificar controles de la creación quieres exigían escribir ficción y siempre a favor de la Revolución. Vargas Llosa se convirtió en el prototipo: salido de una vertiente del comunismo peruano escribió y se comprometió con la revolución de Fidel, luego rompió totalmente con los dos y se pasó al territorio de la derecha política e ideológica.

Las palabras a los intelectuales de 1961 no fueron un parteaguas para el enfoque político de Fidel Castro, sino que sirvieron para fijar lo que ya había puesto en práctica como comandante de la guerrilla y en los dos primeros años de Gobierno hasta que el intento de invasión a través de Bahía de Cochinos-Playa Girón preparado y financiado por Estados Unidos llevó a Fidel asumir públicamente lo que había escondido: su ideología marxista-leninista en grado radical.

Después de la ruptura con los intelectuales en 1971, Fidel perdió su imagen de líder guerrillero y se convirtió en un férreo e inflexible dictador.

Muy en el modelo soviético, la Cuba de Fidel se transformó en un idealista Camelot latinoamericano: un territorio irreal en el que Fidel, su gobierno y la sociedad cubana mayoritaria se negaron a construir una verdadera experiencia comunitaria de socialismo, pero a partir del pecado original del comunismo que endiosaba al Estado y al partido y que lobotomizó a la sociedad que debía de sostenerlo.

Fidel y su Cuba no pudieron transformar el simbolismo de la guerrilla en Sierra Maestra en un modelo de desarrollo ni en un aparato productivo, y quede como ejemplo el año de 1970 en que Fidel convocó al país y a simpatizantes a tratar de lograr la beta de producir diez millones de toneladas de caña de azúcar, cuando el problema era la precariedad industrial.

Cuba y Fidel se cerraron al mundo y crearon el principio de que si el mundo no se comportaba como Cuba y Fidel lo suponían, peor para el mundo. La falta de generación de riqueza real para los cubanos, la ausencia de libertades elementales para disidencias controlables y el exceso de autoritarismo militar terminaron de aislar a Cuba y a Fidel con respecto del mundo.

En 1991 se terminó el modelo soviético y Fidel se dedicó a buscar quién sustituyera los rublos que le dieron 32 años de sobrevivencia subsidiada. Y ante la evidencia de que no era tan fácil tratar de sostener un régimen autoritario, Fidel y luego su hermano Raúl se encerraron en su Camelot y que el mundo rodara como quisiera a su alrededor.

Fidel fracasó en la exportación de su guerrilla, solo triunfó con su Ejército en la lucha por la independencia de Angola y en América Latina perdió credibilidad y espacio. No pudo meterse en Centroamérica, tampoco logró influir en el deterioro de la guerrilla nicaragüense, perdió a México cuando prefirió apoyar el cuestionado resultado electoral del candidato Carlos Salinas de Gortari en 1988 y legitimar con su presencia una irregularidad que había afectado nada menos que el candidato opositor Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo del general Cárdenas que hasta su muerte apoyó a Cuba más por el simbolismo que por su ejemplo.

Fidel murió, la monarquía comunista cubana le entregó el poder a su hermano Raúl y toda la familia castrista y la élite militar y política del Gobierno fueron incapaces de proponer una salida para Cuba.

Y hoy, la Cuba de Castro están siendo enterrada por Donald Trump.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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