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El carnaval de las elecciones gallegas

Olga González Alonso
sábado 20 de diciembre de 2008, 18:19h
Touriño despejó la incógnita y puso fin al culebrón. Las elecciones gallegas serán el 1 de marzo. Así, la llamada a urnas no coincidirá con las europeas pero parte de la campaña electoral coincidirá con los carnavales, con lo que las habituales caretas de algunos políticos estarán más en consonancia con el entorno.

El presidente de la Xunta ha dicho que adelanta los comicios a esa fecha (los cuatro años de las anteriores se cumplen en junio) por la misma razón por la que hace unos meses dijo que no procedía adelantarlas: para hacer frente a la crisis económica, maldita crisis que pasó con una inmediatez inaudita de no existir a ser la madre de todas las crisis y que ahora está provocando una lluvia de millones de euros teóricamente destinados a atajarla, aunque no se sabe muy bien ni de dónde sale tanto diluvio ni adónde va a ir realmente a parar.

En Galicia, de momento, ya se ha apuntado que los Presupuestos “anticrisis” para 2009 aprobados esta semana supondrán un endeudamiento que marea y que supone doblar el que permite que la Ley, lo que hace temer que el remedio sea más grave que la enfermedad. La situación económica, el aumento del paro, las críticas a las cuentas, la demostración del verdadero talante de socialistas y nacionalistas al no tener el detalle de aceptar ni una sola de las cerca de un millar de enmiendas presentadas por la oposición a los Presupuestos, la negativa de los socialistas a regular la transparencia del voto emigrante, o el que se está convirtiendo en el segundo culebrón de la temporada, el del concurso eólico que no se acaba de resolver pese a haber finalizado ya el plazo, son algunas de las pinceladas que conforman el ambiente festivo en el que Touriño ha dado el pistoletazo de salida a una carrera que acabará en los últimos días de febrero entre bailes de máscaras.

Lo del reparto de los parques de molinos de viento se está convirtiendo para el bipartito, al revés de lo que le ocurrió al Quijote, en un gigante que desvela no pocas de las verdaderas caras que los partidos que lo integran esconden tras los disfraces con los que se presentaron a las anteriores autonómicas, a pesar de que en aquellas el Carnaval había quedado ya muy atrás. La chapuza, el oscurantismo, el olor a favoritismos y los enfrentamientos entre las dos partes del Gobierno se conjugan en este proceso haciendo de él un buen ejemplo-resumen de lo que han sido estos casi cuatro años de PSOE y BNG en la Xunta.

Dijo Touriño en su declaración institucional que hay en Galicia un Gobierno estable, casi al mismo tiempo en que los de su partido seguían lanzando trastos contra los socios nacionalistas por la cosa eólica y mientras se difundía por la red un debate televisado en un canal local en el que dos diputados, socialista y nacionalista, mantuvieron una pelea tan barriobajera que dejó a los encontronazos de la familia de Jesulín como paradigma de la elegancia y en la que los dos representantes de esa supuesta estabilidad no llegaron a las manos de purito milagro.

También dijo el presidente que Galicia necesita un Gobierno renovado. Y ahí, ya ves, acertó mucho más. Porque la renovación que anunciaron en 2005, el famoso cambio, ha sido claramente para peor, y la decepción es tan grande y generalizada que las propias dos partes del bipartito no aspiran a otra cosa, en estos comicios de marzo, que a mantener aunque sea por la mínima los despachos que ocuparon entonces con aquellas promesas revolucionarias de gran transformación. Por eso, ahora van a prometer, ya están empezando a hacerlo, lo mismo que hace cuatro años. Y volverán a colocarse las mismas máscaras en este carnaval de las elecciones gallegas que coincidirán con el carnaval general. Lo que ocurre es que, en esta fiesta, las caras que hay detrás ya se conocen demasiado.

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