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ORIENT EXPRESS

El dia de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 19 de abril de 2026, 18:49h

En la primavera de 1943, la guerra no estada ganada todavía. El ejército alemán habría sufrido una derrota durísima en Stalingrado en el invierno - Von Paulus y el sector sur de las fuerzas alemanas habían capitulado el 31 de enero y dos días más tarde se rendirían las demás tropas- pero el Reich mantenía su capacidad ofensiva. Entre julio y agosto de aquel año, en Kursk, se libraría la mayor batalla de carros de combate de la historia. La derrota alemana en ella marcaría el inicio de la contraofensiva soviética definitiva.

A medida que el Ejército Rojo iba liberando territorio soviético, las atrocidades cometidas por los ocupantes resultaban aterradoras. Las comunidades judías habían sido destruidas. Las matanzas de Babi Yar -unos 100 000 muertos, la mayoría de ellos judíos, pero también gitanos y prisioneros de guerra soviéticos- sirven de ejemplo de la política genocida que los nazis desplegaron en la URSS así como en otros territorios ocupados de Europa Central y Oriental. La doctrina del Lebensraum -el espacio vital que los arios necesitaban para crecer y prosperar en el este de Europa- implicaba necesariamente la sumisión a esclavitud o el exterminio de sus habitantes. El fondo racista, colonialista e imperialista de esta doctrina tuvo su terrible reflejo en las atrocidades que los invasores y los colaboracionistas cometieron contra la población soviética. El General Plan Ost recogía los planes demográficos, y económicos para la explotación de los territorios conquistados: desde el hambre inducida o el trabajo esclavo hasta los fusilamientos y el asesinato de la élite local, no cabe duda de que se trataba de un verdadero plan para la destrucción de los pueblos bajo ocupación.

Hubo, desde el comienzo de la invasión en 1941, esfuerzos de recopilación de pruebas que demostrasen los crímenes cometidos por los nazis y sus aliados. En el prólogo a la edición rusa de 1993 de «El libro negro», la gran obra sobre el exterminio de los judíos en los territorios ocupados desde 1941, se cuenta que «durante la guerra hubo mucha gente que envió a Ilyá Ehrenburg desde el frente de batalla una enorme cantidad de documentos encontrados en los territorios liberados de las fuerzas de ocupación; en las cartas que acompañaban aquellos documentos, sus remitentes le relataban lo que habían visto u oído. A partir de todos esos materiales, Ehrenburg decidió reunir los diarios que le habían sido remitidos, las cartas escritas en vísperas de la muerte, los testimonios acerca de la aniquilación de los judíos perpetrada por los soldados hitlerianos y publicarlos bajo el título "El libro negro"». El trabajo de Ehrenburg y Grosman dejaría constancia de crímenes que repugnan la conciencia de cualquier ser humano.

Por otra parte, las autoridades soviéticas se dedicaron a recoger documentos, declaraciones, material fotográfico y piezas de convicción sobre aquella política genocida dirigida, en general, contra la población soviética. El Decreto n.º 39 del Presidium del Sóviet Supremo de la URSS, aprobado el 19 de abril de 1943, disponía medidas específicas para el enjuiciamiento de los responsables de aquellos crímenes y penas que iban desde la horca o el fusilamiento hasta los trabajos forzados de 15 a 20 años. Los primeros párrafos del decreto rezaban así:

«En las ciudades y aldeas liberadas por el Ejército Rojo de los invasores germano-fascistas se han descubierto numerosos hechos de atrocidades inauditas y monstruosas violencias cometidas por verdugos fascistas alemanes, italianos, rumanos, húngaros y finlandeses, por agentes hitlerianos, así como por espías y traidores a la patria de entre los ciudadanos soviéticos, contra la pacífica población soviética y los soldados del Ejército Rojo hechos prisioneros.

Muchas decenas de miles de mujeres, niños y ancianos completamente inocentes, así como soldados del Ejército Rojo hechos prisioneros, han sido brutalmente torturados, ahorcados, fusilados y quemados vivos por orden de los comandantes de unidades militares y de unidades del cuerpo de gendarmería del ejército hitleriano, de jefes de la Gestapo, de burgomaestres y comandantes militares de ciudades y aldeas, de jefes de campos para prisioneros de guerra y de otros representantes de las autoridades fascistas».

El decreto resultó decisivo para procesos desarrollados ya durante la guerra, como el juicio de Krasnodar, en julio de 1943, contra 11 colaboracionistas soviéticos, que terminó con ocho condenas a muerte por ahorcamiento y tres penas de trabajos forzados, y el juicio de Járkov de diciembre de 1943 contra militares alemanes por crímenes de guerra. Celebrado dos años antes de los juicios de Núremberg, terminó con cuatro sentencias a pena de muerte ejecutadas mediante ahorcamiento.

Así, esta fecha del 19 de abril de 1943 marcó un punto de inflexión significativo en la lucha contra los crímenes sometidos por los ocupantes y los colaboracionistas.

No sorprende, pues, que, en virtud de la modificación de 29 de diciembre de 2025 de la ley federal «sobre los días de gloria militar y las fechas conmemorativas de Rusia» se haya añadido al calendario de conmemoraciones el 19 de abril como «Día de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético». Este año es el primero que se celebra oficialmente este día de memoria. En distintos lugares de la Federación Rusa se han celebrado ceremonias solemnes con flores, momentos de silencio y honores militares. Autoridades regionales han organizado actos de afirmación patriótica y ha habido numerosos programas cultuales en colegios, universidades y organizaciones juveniles. En Moscú y en San Peterburgo se han organizado exposiciones y actos culturales. En general, la efeméride se integra en el ciclo de actos de memoria que culminan en la celebración del Día de la Victoria el 9 de mayo.

En un texto de 1941, Vasili Grosman describió la invasión alemana: «Las hordas alemanas avanzaban desde occidente. Sus tanques exhibían como emblema calaveras con tibias cruzadas, dragones verdes y rojos, bocas de lobo, colas de zorro y cabezas de ciervo. Cada soldado alemán llevaba en sus bolsillos fotografías del París vencido, de la Varsovia destruida, del Verdún deshonrado, del Belgrado reducido a cenizas, de Bruselas y Ámsterdam, de Oslo y Narvik, de Atenas y Gdynia invadidos [...] Y decenas de millones de hombres se alzaban para hacerles frente, hombres venidos del límpido Oká y del ancho Volga, del sombrío y amarillento Kama, del espumoso Irtysh; de las estepas de Kazajstán y de la cuenca del Donetsk; de las ciudades de Kerch, Astrakán y Vorónez. El pueblo organizaba su defensa: decenas de millones de brazos fieles cavaban zanjas antitanque, trincheras, refugios y pozos; los susurrantes bosques y arboledas inclinaban dócilmente sus troncos, obstaculizando las carreteras y los soñolientos caminos vecinales; las alambradas envolvían los territorios de las fábricas y las empresas; las barreras de hierro se transformaban en erizos antitanque, cerrando las plazas y calles de nuestras pequeñas y queridas ciudades, llenas de verdor».

Entre 1941 y 1945 esas decenas de millones de ciudadanos soviéticos se sacrificaron en una lucha heroica contra un invasor que pretendía destruirlos. Como recordó Eliasberg, director de la Orquesta de la Radio de Leningrado el día de 1942 en que se estrenó, en la ciudad martirizada, la Séptima Sinfonía que rendía honor a su defensa: «Camaradas, éste es un gran acontecimiento en la vida cultural de nuestra ciudad. Es la primera vez que vais a escuchar, dentro de unos momentos, la Séptima Sinfonía de nuestro compatriota Dmitri Shostakovich. Su sinfonía nos invoca a la fuerza en el combate y a la fe en la victoria. La interpretación de la Séptima en la propia ciudad sitiada es el resultado del invencible espíritu patriótico de los leningradenses, de su fuerza, su fe en la victoria, su voluntad de luchar hasta la última gota de su sangre y de lograr la victoria sobre sus enemigos. Escuchad, camaradas». Con ese pueblo, que luchó hasta la última gota de su sangre contra el Reich y fue decisivo en su derrota, quisieron acabar los nazis.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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