www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Vas electionis

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 24 de abril de 2026, 19:27h

Pues es el caso que en los Hechos de los Apóstoles, obra escrita por San Lucas, el escritor más exquisito de todo el Nuevo Testamento, además de médico, concretamente en el capítulo IX, versículos del 10 al 18, el Señor Jesús se le aparece en una visión a un discípulo de Damasco, llamado Ananías, para que se encamine a la casa en que está convaleciente Saulo de Tarso, tras la visión que tuvo en el camino a Damasco, que lo dejó ciego, y que imponiéndole las manos le devuelva la vista y se llene del Espíritu Santo. Pero Ananías, ante esta orden del Señor, queda un poco perturbado y perplejo, y responde que el tal Saulo es un perseguidor de cristianos de cuidado, no recordando al Señor, quizás por no parecer impertinente, su participación en el martirio de San Esteban. Entonces el Señor le dijo que fuera, porque Saulo era para Él “vas electionis”, o como escribiera el propio san Lucas “skeûos eklogês”, para llevar su nombre ante los gentiles y los reyes y los hijos de Israel. Tradicionalmente se suelen traducir las expresiones que hemos entrecomillado como “instrumento escogido”. Es así que el futuro San Pablo sería el instrumento escogido por el Señor para llevar a cabo la misión que Éste le encomienda. Ahora bien, literalmente, lo que quiere decir esa expresión es “vaso de elección o de selección o de escrutinio”. Pues bien, ¿qué es un vaso de elección o de selección? El significado religioso es claro, la persona especialmente escogida por Dios para un ministerio singular. Pero eso sería el vehículo imaginario de la metáfora que compone el Señor, y no el tenor metafórico. ¿No podría significar que el Señor deposita su deseo ( votum ) en la urna de su voluntad, del mismo modo que los romanos, ya conocidos por los judíos desde Pompeyo, echaban sus votos en un vaso para tomar alguna decisión – comitia tributa - o elegir a alguien – comitia centuriata – ? Todavía existía la República cuando Pompeyo el Grande derrumba los muros de Jerusalem, posteriormente reconstruidos por el procurador Antípatro, padre de Herodes el Grande, el mejor rey que han tenido los judíos, y aún se seguirá votando en Roma durante los primeros emperadores, aunque ya vanamente, sin que el pueblo decida ya algo sustancial. Todavía hoy las elecciones en Grecia moderna se llaman “eklogés”, y el Señor escoge un término de la política de la cultura grecorromana para decirnos que va a dar su confianza a Saulo de Tarso. Se supone, asimismo, que en los órganos colectivos de los sanedrines judíos también se tomasen decisiones mediante el voto, aunque todavía entonces, entre los judíos, un Antígono Matatías quitaba las orejas al pontífice y rey Hircano con sus propios dientes, a bocados, para que si en algún tiempo se libraba de la prisión, sucediendo las cosas de otra manera en las continuas guerras intestinas de judíos, no pudiese ser pontífice, porque estaba escrito que quienes celebraban las cosas sagradas tuviesen todos sus miembros enteros.

La primera forma más clásica y confiada para elegir era el sorteo ( klêros ), con el que la Democracia Ateniense elegía tanto el Poder Legislativo ( Boulê ) como el Poder Judicial ( Hêliaia ). Los atenienses “klêroûsi”, eligen por sorteo. Cuando de verdad creemos que todos somos iguales la forma propia de la Democracia para elegir es el sorteo; cuando recurrimos al voto en realidad estamos diciendo que no todos somos iguales, que no creemos verdaderamente en la igualdad humana. De ahí que Aristóteles señalase que el voto es lo propio de la aristocracia, y el sorteo de la Democracia. Son los dioses quienes eligen en una Democracia, y la codicia humana en una aristocracia. Y a San Pablo lo eligen con la primera mecánica de la Democracia, desde el Cielo. Luego estaba la votación para elegir por mano alzada ( “cheirotonéô” ), que se empleaba para elegir el Poder Ejecutivo: La Junta de los Diez Generales, Comisario de Fondos Festivos – lo que sería hoy el Sr. Ministro Carlos Cuerpo -, los embajadores, y otros cargos técnicos. Existía también la votación secreta a través de piedrecitas ( “psêphídso” ) para aprobar los decretos y leyes ( “psêphísmata” ) que se aprobaban en la misma Asamblea/Ekklêsía. Asimismo, para desterrar a un conciudadano que podía conllevar un peligro potencial para la comunidad, aunque no hubiera cometido aún ningún delito o acto inconstitucional, se votaba escribiendo el nombre de tal ciudadano en un trozo de teja o pedacito de cerámica (“óstrakon”) – la ciudad antigua tenía enormes escombreras llenas de cacharrería de barro rota -, y a esa forma de votar se llamaba “ostrakídsô”, y a tal destierro de diez años “ostracismo”. Finalmente, tenemos el verbo “eklochídso”, que significaría “escoger a alguien entre un grupo grande”, como hace el tribuno de una cohorte eligiendo a un soldado para una misión. Esta elección supone “eklogídsomai”, considerar o examinar bien previamente los pros y los contras. El Señor se comporta aquí, en esta metáfora, como ese tribuno de cohorte que tiene que elegir a un soldado para una difícil y transcendente misión.

Respecto a la figura del “vas” o “skeûos”, en donde Nuestro Señor deposita su deseo o voluntad ( “thelêmê” ), sirvió también con los siglos para que una Iglesia devota y enamorada de Nuestra Señora La Virgen le lanzase los más hermosos piropos: “Vas spirituale”, “vas honorabile”, “vas insigne devotionis”. Como Dios no tiene los intereses que emergen de la condición humana herida, vota como candidato lo que nuestra fundamental codicia no espera. Tras la Resurrección los discípulos de Jesús no reconocen el rostro del Maestro hasta que fracciona el pan, llena las redes de quienes no habían pescado nada o habla en los mismos términos de Jesús, como el hortelano. Con frecuencia se aproxima - appropinquans - muy cerca de nosotros para interesarse de nuestra situación y no lo reconocemos. Y es que como el Señor se encarna en cualquier prójimo necesitado si no lo reconocemos y amamos en ese prójimo no le reconoceremos ni amaremos nunca a Él, que votará siempre por ese cualquier prójimo necesitado. Tras su Resurrección Jesús está en cualquier hermano necesitado. Es Él el verdadero Resucitado. Reconozcámoslo.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios