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MIGUEL BOSÉ, LA EXPLOSIÓN DE LA AUTENTICIDAD PERSONAL

sábado 25 de abril de 2026, 18:08h
Hace unos días, la televisión devolvía a la actualidad, una vez más, a Miguel Bosé...

Aparecido en El Cultural, la revista de referencia de la vida intelectual española, reproducido íntegramente por Google, comentado ampliamente en las redes sociales y en las tertulias audiovisuales, el autor de este artículo es Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Para conocimiento de los lectores de El Imparcial, lo publicamos a continuación.

Hace unos días, la televisión devolvía a la actualidad, una vez más, a Miguel Bosé. No existen músicas mayores y menores. Hay músicas buenas, músicas, músicas regulares, músicas malas. Negar que forman parte de la cultura popular los músicos y cantantes del área a la que pertenece Miguel Bosé sería ofender la realidad intelectual. El desdén no es propio del ejercicio cultural. Según pasan los años, cada día me esfuerzo más en entender el alcance de la música popular. Calderón de la Barca escribió en una de sus comedias célebres: “Siempre la música fue el imán de mis sentidos”.

Tuve la suerte de conocer a Miguel Bosé cuando estaba en la cumbre de sus triunfos populares. Un día le dije a Tomás Cuesta que era necesario incorporar a la adolescencia al periódico, al ABC. Semanas después me dijo: “Miguel Bosé es el ídolo de las adolescentes españolas. Debes conocerle”. Y, efectivamente, Miguel Bosé acudió a una cena en mi despacho de ABC. Demostró firmeza de ideas, notable cultura. Su comportamiento fue muy lejano al del divo. Mantuvimos una conversación abierta sobre la realidad de la cultura entonces, también sobre los mitos españoles. Se manifestó con inteligencia y, sobre todo, con sencillez. Me impresionó especialmente su autenticidad. Así es que le dije a Tomás Cuesta: “Si en algún artículo, alguna información, alguien se mete con Miguel Bosé, que se respete su juicio, pero me lo dices enseguida para que yo pueda encargar que alguno de nuestros compañeros le defienda. Estoy seguro de no equivocarme. Miguel Bosé no es solo una estrella. Es un hombre cabal que ha reflexionado sobre lo que hace y sobre la vida de forma inquietante y profunda”.

Tuve amistad con su padre Luis Miguel Dominguín y con su madre Lucía Bosé, una belleza delicada y serena instalada en la modernidad de siempre. Luis Miguel Dominguín tuvo la amabilidad de llevarme a conocer a Pablo Picasso, primer artista universal del siglo XX. Mantuve con el torero largas conversaciones sobre esa tauromaquia en la que se sustancia el “homo hispanus” y que es la gran fiesta del arte y el valor. En el ruedo, Luis Miguel hacía lo que sabía, pero sabía muy bien lo que hacía, el significado profundo de un arte que encandiló a Goya y a Picasso, que vertebró la poesía, la novela, la ópera de los siglos XIX y XX. Por cierto, hablamos muchas veces de Miguel y no escuché a su padre una sola palabra reticente sobre el hijo que había elegido un camino distinto al que él deseaba. Eso lo explica muy bien en su libro biográfico. Me pidió que se lo presentara. Le dije que sí, se anunció en los carteles, y no pude acudir a la cita porque en periodismo la actualidad manda y aquel día la obligación profesional me hizo incumplir un compromiso del que me disculpé en varias ocasiones, tal vez no lo bastante.

Víctor Hugo escribió: “La música es el vapor del arte. Es a la poesía lo que el ensueño es al pensamiento; lo que el fluido es al líquido, lo que el océano de las nubes es al océano de las olas. Es lo indefinido del infinito”. Miguel Bosé ha descarnado su vida ante la pequeña pantalla. Lo ha hecho con autenticidad. Merece que se reconozca su calidad intelectual y su éxito sin fronteras en un mundo musical especialmente competitivo. Como mi inolvidada amiga Amparo Muñoz, padeció en su vida el periodismo de la insidia y del bulo. A Amparo la ayudé todo lo que pude para superar ante la opinión pública el sida que nunca padeció. Miguel Bosé salió él solo del embuste demostrando una inteligencia que conserva intacta y que ha predominado sobre su vida, sobre toda su obra.