Desde el siglo XVIII, las diversas generaciones de españoles, cualquiera que fuera la...
Desde el siglo XVIII, las diversas generaciones de españoles, cualquiera que fuera la ideología preponderante, defendían la integridad territorial de España robusteciendo la idea del Gibraltar, español. Fernando María Castiella y Marcelino Oreja fueron certeros al defender una verja separadora procurando deteriorar el bienestar de los gibraltareños. En aquella época se hizo célebre esta frase. “Las tres máximas aspiraciones del ser humano consisten en ser Papa, ser Reina de Inglaterra, ser ciudadano de Gibraltar.”
A pesar de la necesidad por nadie discutida de mantener buena relación con el Reino Unido, la posición española sobre Gibraltar se mantuvo firme y cuando se produjo el brexit británico y su separación de la Unión Europea, el gran ministro José Manuel García-Margallo vio clara la posibilidad de liquidar el disparate histórico de que Gibraltar fuera la última colonia en territorio europeo.
No ha sido así. Todos los indicios, incluso todas las noticias contrastadas, tienden a ratificar las declaraciones de Erik Martel en el diario La Razón: “El tratado de Gibraltar es una gran estafa y una cesión total de la soberanía”.
Sorprende que Alberto Núñez Feijóo no se haya plantado en el Congreso de los Diputados para desbaratar la tropelía de Albares y Sánchez. A la chita callando, en fin, el sanchismo ha entregado la soberanía de Gibraltar cuando había llegado el momento preciso para reparar el despropósito histórico. No solo no se ha defendido la soberanía española sobre Gibraltar, sino que se han otorgado tal cantidad de ventajas a los gibraltareños que la vieja frase histórica se ha robustecido. La máxima aspiración de cualquier hombre o mujer en el mundo consiste en “ser Papa, ser Reina de Inglaterra, ser ciudadano de Gibraltar”.