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JOSÉ SACRISTÁN
EL MEJOR ACTOR ESPAÑOL

domingo 17 de mayo de 2026, 16:28h
Las sílabas del viento se esconden en su voz y su mirada. La vocalización...

Este artículo de Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, apareció en El Cultural, la revista de referencia de la vida intelectual española. Fue reproducido íntegramente por Google. Lo publicamos a continuación.

Las sílabas del viento se esconden en su voz y su mirada. La vocalización es exacta. Precisa la expresión corporal. En un escenario minimalista y liminar, el actor se estremece con el hervor de la palabra, que es el pájaro que agoniza y renace cuando la luz del aire se enciende en todo su esplendor. Ante los espectadores se agitan los guiñapos del instante teatral y el desconsuelo.

José Sacristán cuenta la vida primera de Fernando Fernán Gómez, melodía rasgada de las llamas y el amor, entre el humano desconsuelo y la vida oscurecida de la posguerra española, mientras cabe las bambalinas parece como si ardiera el mar de Pere Gimferrer. Durante muchos años creí yo que Fernán Gómez era el mejor actor español conforme a lo que los medios de comunicación desde 1920 nos permiten juzgar con seriedad. Debo rectificar. José Sacristán ha superado a su maestro y es el mejor actor de la entera historia del teatro español. Estremecido en un rincón del patio de butacas, recordé que soy un periodista y me esforcé por buscar defectos en su interpretación. No los encontré. Ni un fallo en El hijo de la cómica. Toda una lección de maestría y experiencia. El actor representa una decena de personajes, hombres y mujeres, viejos y niños, con sus voces distintas, sus diferentes manifestaciones, sin un error en la expresión corporal, en el certero ademán, en la conexión con un público atónito. Puesto en pie, y estremecido, ese público le dedicó una ovación que no se terminaba. Éxito inmenso de José Sacristán en el teatro Bellas Artes, robustecido por un equipo artístico de nombres estelares: Juan Estelrich, Tatiana Reverto, Javier Naval, David Sueiro, Carlos Goñi, Juan José Andreu y la mano certera, la sabiduría teatral de Amparo Pascual.

Mario Vargas Llosa, con el que conversaba yo todos los jueves en la Comisión de Cultura de la Real Academia Española, admiraba a José Sacristán, su loco de los balcones, y le decía: “Hay un tipo de estupidez contemporánea que tiene mucho que ver con la cultura audiovisual de nuestro tiempo”. Pero Sacristán lo ha superado todo. Es sencillamente un genio. Triunfa en el cine, en la televisión, en el teatro, sobre la escena. Ha superado la palabra ofidia, el gesto letrinal de los que a lo largo de tantos años han pretendido desarbolarlo. Ha defendido incluso algunas películas indefendibles. Jamás se rindió y, cerca ya de los noventa años, ha rendido homenaje a su maestro Fernando Fernán Gómez, que, como era un hombre inteligente y objetivo, hubiera dicho de Sacristán lo mismo que yo reflexioné tras la conmoción de El hijo de la cómica: “Es el mejor actor español de todos los tiempos”.

José Sacristán, por encima del bien y del mal, contempla ahora las palabras que envuelven la rueda interminable de los vivos y los muertos. Las uñas de la crítica arrancan ya esa noche de Nosferatu con tembladera virginal que a todos nos acecha. Seguro que los éxitos del actor en el silencio de la luz no serán los últimos. Todavía podemos escuchar los pasos de Valle-Inclán en torno al almiar. José Sacristán, desde hace setenta años, vive la escena y en ella permanecerá cuando los que le admiran crucen la oscura penumbra del más allá para conversar con Fernando Fernán Gómez, para disfrutar con ese teatro que, desde Esquilo a Gao Singjian, permanece para placer y reflexión de los pueblos de todo el mundo.