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Ensayo

Juan Francisco Fuentes: Hambre de patria

lunes 18 de mayo de 2026, 01:17h
Juan Francisco Fuentes: Hambre de patria

Madrid, 2025. 254 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,02 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Hambre de patria. La idea de España en el exilio republicano, Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, nos ofrece una obra mayúscula en la que combina de forma magistral el rigor científico y la estructura expositiva. En este sentido, adopta un orden cronológico, cuya primera etapa culmina con la guerra civil española.

Al respecto, no se trata de una narración lineal; por el contrario, Fuentes busca responder a la cuestión de si la mencionada contienda fratricida resultó inevitable. En este sentido, ya desde el trienio liberal (1820-1823) ciertos sectores de la clase política nacional habían otorgado a la violencia, bajo la forma de guerra civil, una función terapéutica, considerándola la herramienta necesaria para la modernización de España.

Esta postura reflejaba el desprecio por el pacto que caracterizó a un numeroso grupo de la élite republicana que identificaban dicho concepto con debilidad. Esto nos traslada a otro eje fundamental de la obra, como es el relativo a la evolución que sufrieron los principales referentes del exilio: “frente al voluntarismo de los años treinta, que no se paraba en pactos ni componendas con el adversario ni en concesiones a las exigencias del momento histórico, el pesimismo y la autocrítica de la posguerra impusieron una actitud pragmática, sometida al dictado de la cruda realidad” (p. 67).

Luis Araquistáin es uno de los que mejor representa esta posición, considerando que “la emigración republicana debía, en su opinión, reconocer las cosas como eran y adaptarse a ellas, en vez de encasillarse en un negacionismo contraproducente” (p. 118). Por su parte, Ramón J. Sender cuestionaba que los exiliados fueran moralmente superiores a los españoles que vivían bajo el franquismo, una idea que también defendió Joaquín Maurín o Manuel Tagüeña quien descubrió la naturaleza auténtica del comunismo durante su estancia en la Unión Soviética.

En consecuencia, el sincero amor a la patria y un notable sentido de culpa resulta compatible con el intercambio de reproches que se observó en el exilio. Así, Luis Araquistain acusó a los que se pusieron del lado de la URSS de ser agentes soviéticos. Por su parte, Largo Caballero consideraba que, si no se evitó la guerra civil, fue porque Azaña y Casares Quiroga no adoptaron las medidas precisas, aun contando con información, para abortar el golpismo. De una manera más particular, Manuel Azaña insistió en la deslealtad mostrada hacia la República por los nacionalismos periféricos vasco y catalán.

Con todo ello, Juan Francisco Fuentes se va acercando a otro tema fundamental como es la convergencia entre la oposición interior y exterior al franquismo, base del consenso observado a partir de 1975. Dicho fenómeno se advirtió con claridad en el “el contubernio de Munich” de 1962, acontecimiento que para Salvador de Madariaga suponía el final de la guerra civil (p. 180).

En íntima relación con este argumento, poco antes el PCE había apostado por la política de reconciliación nacional, una postura defendida por Dolores Ibárruri frente a Fernando Claudín: “Hay algo a los que no renunciamos, camarada Fernando, aunque a ti te parezca nacionalismo. Y a lo que no renunciamos es al orgullo de lo que España ha aportado a la civilización universal; al orgullo de las tradiciones progresistas y combativas de nuestro pueblo. Si esto es nacionalismo, yo reconozco que soy nacionalista” (págs. 201-202).

En definitiva, una obra de lectura obligatoria que aborda con claridad y sin incurrir ni en equidistancias ni en correcciones políticas, aspectos controvertidos de la España del siglo XX. Quienes en el pasado fuimos alumnos del profesor Fuentes, este libro reivindica el carácter de referente que tuvo para una generación de estudiantes que disfrutó del magisterio con el que impartía sus clases en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.

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