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TRIBUNA

No amanece

lunes 18 de mayo de 2026, 18:57h

No amanece, esa es la conclusión o el titular que resume el resultado electoral en Andalucía. A estas alturas nada cambia que un biempensante se declare de derechas o de izquierdas porque no hay otra cosa en todo el arco parlamentario desde las extremidades diestras y siniestras al enorme charco del centro interminable.

Hay que empezar a pensar mal, a mear fuera del tiesto – discúlpenme la expresión – a salir del molde que nos han construido especialmente desde Zapatero a esta parte. No me refiero sólo a la inmundicia woke y sus memeces. Hay que impugnar algunos de los principios difundidos en medios y patíbulos educativos, adornados por señoritos a la Bardem que desde Cannes nos acusaba de machistas, él siempre situado en el lado correcto de la historia y la economía. Hay que romper la sesera de los soberbios con el arma de la lógica política más elemental.

El auténtico machirulo de la Moncloa se llevará por delante lo que quede de nosotros si no somos capaces de largarlo de su madriguera acorazada. Y no esperen que sea el sensatísimo Feijóo, patrón de los biempensantes, con su ademán retador y su aguerrida compostura el que haga temblar los cimientos del palacio presidencial. Antes de que podamos arrancarlo del sitio del poder desarraigará los cimientos del país. Imaginen plebiscitos en Cataluña y País Vasco como preámbulo al federalismo ansiado y, por supuesto, asimétrico. Hace tiempo se repetía entre socialistas que el PSOE se parecía a España por su estructura federal, era por entonces una afirmación estúpida porque existía la España una heredada pese a los riesgos de nuestra venerada transición. Pero esos santos barones han hecho una España a su medida. La prensa del Movimiento socialista sabrá hacer victoria de su derrota andaluza y el enorme pantano de mierda se reflejará en el rostro pánfilo de la derecha.

Imaginen el año próximo al líder indiscutible elevando el tono para salmodiar su discursito sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos. Erigido en demócrata de esa chusma resultante de décadas de descomposición social. Verán entonces la perplejidad del señor opositor que no sabe qué hacer con el rápido reconocimiento del plebiscito por parte de, digamos, los USA o la misma China. ¿Será entonces el momento en que despertará tanto despierto de su sueñecito del género y la identidad super fluida? Mucho me temo que no, porque no podemos despertar a los muertos que caminan entre nosotros y llevan sobre sus cabezas el signo del modernísimo espíritu de la liberación.

Mientras sigan llenos los mercados y las plataformas nos ofrezcan series interminables la vida será ahora. No nos importará el ayer ni, por tanto, tampoco el mañana. ¿España? un estigma del pasado, una herida que deja una fea cicatriz. No hay de qué preocuparse porque nos practicarán una cirugía capaz de esconder la realidad tras el sueño esperanzado del país de Jauja. Los bien dotados seguirán con su negocio sobre las ruinas, el dinero se multiplicará en sus manos como tiene por costumbre. Las multitudes de inmigrados encontrarán facilidades inesperadas para hacer avanzar sus demandas de justicia histórica contra colonizadores y dominadores de un pasado que tienen memorizado. ¡Falla tanto la memoria de los viejos y los interesados! Quedará lo que quede, si queda algo, de un viejo pueblo olvidado que tendrá que someterse porque no tuvo la inteligencia de ponerse en pie en el momento oportuno, que fue – mucho me temo – hace ya algunos años.

Todavía durante algún tiempo conservará su eficacia el grito de fascista lanzado contra cualquiera que discuta la libre elección individual, esa forma sagrada que tan eficaz es a la hora de comerciar con cualquier cosa. La mercantilización integral de la existencia se ha apoyado siempre en la libre expresión de las preferencias: la contabilidad del voto es sólo una de sus formas. Nunca fue tan fácil ahormar esas preferencias, orientar la libérrima conciencia de los subyugados por el patíbulo educativo, por las redes sociales o los medios de formación de masas.

Hay que pensar mal, hay que pasarse de la raya, hay que arrancarse los pelos de la lengua para recuperar el nombre de las cosas. No amanecerá mientras no hablemos una lengua verdadera.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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