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TRIBUNA

Aliento ante la nada

domingo 24 de mayo de 2026, 19:58h

¡Qué pena da todo¡ ¿o es sólo cosa mía? ¿No veis la profunda decadencia que nos tiene tomados? No es sólo que conviniéramos en apoyar al criminal o que acogiéramos a los asesinos, no es que la canalla nos gobierne, ni que decida la rehala de bestias amamantadas por el Mercado y el Estado, es que un delirio con sistema ha minado las pocas certezas que sostenían nuestra debilidad y que – perdida la vieja fe – nos hemos entregado al inodoro bienestar. Es que nos han robado la lengua dictándonos la palabra bastarda de sus redes sociales, nos han quitado de las manos el oficio convertido en salario o subsidio, se ha infiltrado una corrosiva desconfianza en la íntima hondura de nuestra conciencia. Es que una codicia predatoria ha entrado en nuestro corazón y se funde allí con una demente emotividad, devoramos banalidades mientras sollozamos por lo miseria del otro. Lobos sentimentales cuyo aullido no se articula en palabras.

Y yo, contra mi natural, hago ejercicios de jeremíaca profecía y me blindo tras un gesto hostil. ¿Qué podríamos oponer al profundo oleaje de mendacidad y de miseria? Sé que la mano tendida y el rostro franco podrían erigirse en arma, pero sólo si la verdad los acompaña. Empecemos por la claridad expresiva y la corrección sintáctica. Hablar de nuevo, como hablaban nuestros padres, una lengua comunicativa que no habían aprendido en la escuela sino en la casa, en la faena o en el campo de batalla. Pero hay que levantar otra vez la casa, recuperar la labor y fraguar una voluntad que se defiende y ataca. ¿Tiene sentido disponerse a una revolución que no encontrará apoyo en nada? ¿Tiene sentido una revolución extrema en nombre de la restauración humana: contra la industria y el estado, contra el consumo liberado en el espacio inhabitable de una economía hiperplásica? ¿Podremos derrumbar estos tabiques de cristal laminado, de aluminio y plástico y levantar con sillares graníticos un nuevo mundo como el de ayer?

Defender la lengua es defender España, sostener su intacta unidad hispano europea que abraza la indudable realidad hispano americana. Defender la lengua es defender su sustancia léxica con su potencia teológica y metafísica, porque la lengua no es instrumento o medio técnico, sino el campo de una verdad que trasciende la eficacia y la productividad mecánica. Se han perdido los relieves del tiempo con el desuso de las formas verbales. Hace tiempo que nadie usa ya el futuro de subjuntivo, pero los fascinados por la oscura luminaria de las pantallas conciben la realidad sin complejidad en un continuo presente indicativo. Son hombres sin pasado y sin mañana.

¿Quién responde de este hundimiento? Podemos señalar grupos secretos, grandes corporaciones al servicio de intereses globales, fuerzas escondidas que han dado forma al mundo… No nos equivocaremos pero tampoco podremos resistir a sus poderosos medios si no logramos nuestra propia conversión ante el misterio que se esconde en el propio pecho, en el íntimo antro de la verdad que abre el espacio secreto del mundo. Esta diminuta partícula que habita en un apartado rincón de un sistema solar es capaz, sin embargo, de envolver al universo. Es el propio pecho, como antiguamente en la Tebaida – recordaba Jünger – el centro del mundo de desiertos y ruinas. “Aquí está la caverna ante la que se agolpan los demonios. Aquí está cada uno, da igual de qué clase y rango, en lucha inmediata y soberana, y con su victoria se cambia el mundo”

Es que ese giro no es un movimiento reflexivo y solitario porque en el corazón humano arraiga la comunidad que lo alienta y lo sostiene. Afirmar nuestra responsable libertad es también liberar de su miseria al mundo. Si aquí somos más fuertes, retrocederá en nosotros la Nada y emergerán de nuevo los tesoros sumergidos que compensarán el sacrificio. Así, sobre la línea, concluía Jünger su oblación a Heidegger en su sesenta cumpleaños.

No pueden encarnarse las fuerzas que nos están aniquilando si no les permitimos que tomen nuestra carne prestada. Y no se lo permitiremos si sabemos encontrar de nuevo la verdad en nuestro pecho.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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