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TRIBUNA

Una alianza mágica y social entre química y economía: el electrolito

viernes 29 de mayo de 2026, 19:32h

Para quien escribe estas líneas, uno de los mayores placeres intelectuales es comprobar como la relación entre distintas disciplinas científicas puede propiciar mejoras y aumentos del progreso social, económico y humano. En este caso vamos a hacer referencia a la alianza entre Química y Economía, a través de un concepto básico común: el proceso, con un protagonista a él vinculado como es el electrolito.

El concepto de proceso es así el punto de encuentro entre Química y Economía. En ambos campos conlleva transformar unos inputs en unos outputs, y en ambos casos el objetivo es el mismo: Maximizar la relación entre inputs y outputs, o dicho de otra manera obtener el máximo valor con el mínimo coste. Y más concretamente, en Química, un proceso es una secuencia de reacciones que transforma unas sustancias en otras, y en Economía, un proceso es una serie de actuaciones que transforman recursos en bienes y servicios.

Ambos procesos comparten principios fundamentales: 1. Eficiencia: minimizar recursos y maximizar resultados. 2. Optimización: mejorar condiciones para obtener mejores rendimientos. 3. Escalabilidad: capacidad de aumentar la producción sin perder eficiencia.

En este contexto adquiere especial protagonismo el Electrolito. Aunque suene técnico, su función es fácil de entender y, sin exagerar, casi mágica: Permite que la electricidad impulse transformaciones químicas profundas, como: separar el agua en hidrógeno y oxígeno, o bien convertir el dióxido de carbono en combustibles útiles. A partir de estos procesos, se abre la puerta a una nueva forma de producir energía y materias primas, más limpia y potencialmente más eficiente, conectando de forma directa la química con la economía.

Qué es un electrolito y por qué es tan importante

Recordemos que un electrolito es una sustancia que, al disolverse en un líquido (generalmente agua), se separa en iones, es decir, partículas cargadas eléctricamente. Estos iones son capaces de moverse libremente, lo que permite que la corriente eléctrica fluya a través de la solución.

Podemos imaginar el electrolito como una autopista por la que circulan cargas eléctricas dentro de un sistema químico. Sin esta autopista, la electricidad no podría interactuar eficazmente con las moléculas para transformarlas. Por eso, el electrolito es esencial en procesos como la electrólisis, donde la electricidad se utiliza para romper enlaces químicos.

Electrólisis del agua y obtención de Hidrógeno verde

El agua (H₂O) es una molécula extremadamente estable. Está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, unidos por enlaces fuertes. Sin embargo, mediante electrólisis, podemos romper esos enlaces. El proceso es conceptualmente sencillo: 1. Se introduce agua con un electrolito en un sistema con dos electrodos (ánodo y cátodo). 2. Se aplica una corriente eléctrica. 3. En el cátodo, el agua gana electrones y produce hidrógeno (H₂). 4. En el ánodo, el agua pierde electrones y produce oxígeno (O₂).

Lo que parece un simple experimento es, en realidad, un cambio de paradigma energético. El hidrógeno obtenido -si la electricidad proviene de fuentes renovables- es lo que llamamos hidrógeno verde, un combustible limpio que no emite CO₂ al utilizarse. Aquí ocurre una especie de magia química: la electricidad reorganiza los átomos, rompiendo enlaces y formando otros nuevos. En lugar de quemar combustibles fósiles para obtener energía, utilizamos energía eléctrica para crear un combustible.

Conversión de CO₂ en combustibles útiles: Etileno y etanol

El dióxido de carbono (CO₂) es otro ejemplo de molécula muy estable. Sin embargo, con la ayuda de electrolitos adecuados y catalizadores, también puede transformarse mediante procesos electroquímicos. La idea es fascinante: capturar CO₂ de la atmósfera o de emisiones industriales y convertirlo en productos útiles como etileno o etanol.

  • Producción de etileno: El etileno (C₂H₄) es una molécula clave en la industria química, utilizada para fabricar plásticos, entre otros productos. Mediante reducción electroquímica del CO₂: a) El CO₂ se disuelve en un electrolito. b) Se aplica corriente eléctrica. c) En presencia de catalizadores (como el cobre), el CO₂ se transforma en moléculas más complejas como el Este proceso implica múltiples pasos intermedios en los que los electrones “reorganizan” los átomos de carbono y oxígeno. Es como reconstruir un edificio átomo a átomo, guiados por la electricidad.

2) Producción de etanol: El etanol (C₂H₅OH), conocido como alcohol, también puede producirse a partir de CO₂. El proceso es similar: a) El CO₂ recibe electrones en el cátodo. b) Se forman intermediarios químicos. c) Finalmente, se genera etanol. El etanol no solo es un combustible, sino también una materia prima química importante. Convertir CO₂ en etanol implica capturar carbono y reutilizarlo, en lugar de liberarlo a la atmósfera.

La magia de convertir procesos químicos en motores económicos

Desde un punto de vista intuitivo, estos procesos pueden parecer casi mágicos. ¿Cómo es posible transformar agua en hidrógeno, o bien el CO₂ en combustibles?. El desarrollo de electrolitos más eficientes, mejores catalizadores o sistemas de electrólisis más baratos tiene un impacto directo en la Economía, ya que reduce el coste de producción de combustibles, hace viables nuevas industrias y disminuye la dependencia de recursos fósiles.

Por ejemplo, si a través de estos procesos producir hidrógeno verde se vuelve más barato que el hidrógeno tradicional (derivado del gas natural), se produce una transición económica impulsada por avances químicos.

Hacia una Economía electroquímica

Estamos asistiendo al surgimiento de una economía basada en la electricidad y las moléculas. En lugar de extraer y quemar combustibles fósiles, podemos así: a) Generar electricidad renovable. b) Usarla para transformar agua y CO₂ y c) Producir combustibles y productos químicos sostenibles. Y Hemos visto como en este modelo los electrolitos desempeñan un papel fundamental como facilitadores invisibles del cambio.

Conclusiones

El electrolito, aunque discreto, es una pieza clave en la actual y futura revolución tecnológica y económica, y por lo tanto social. Permite que la electricidad interactúe con la materia de forma controlada, haciendo posible romper moléculas estables como el agua o el CO₂ y transformarlas en combustibles como hidrógeno, etileno o etanol. Estos procesos no solo son fascinantes desde el punto de vista químico, sino que también tienen profundas implicaciones económicas. Representan una nueva forma de producir, almacenar y utilizar energía, basada en la optimización de procesos.

En última instancia, la conexión entre Química y Economía se materializa en la capacidad de transformar unos inputs o recursos abundantes en unos outputs o productos valiosos de forma eficiente. Y todo comienza con algo tan aparentemente simple -y a la vez tan poderoso- como un electrolito que permite a los electrones hacer su trabajo: romper, reorganizar y crear.

Jesús Lizcano

Catedrático de la UAM y cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España

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