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TRIBUNA

Trump quiere ser Reagan

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
martes 02 de junio de 2026, 14:32h

Es difícil comprender la naturaleza de un personaje de tal precocidad y dinamismo. Su primer gran proyecto, la transformación del decrépito Commodore Hotel, lo empezó cuando tenía 29 años. Y su gran rascacielos, la Trump Tower, un icono de super lujo, cuando tenía 32.

Despues, infinidad de proyectos que le llevaron, en 2011, a ser uno de los diez personajes vivos mas admirados, según una encuesta de USA Today y Gallup.

Y por fin, como no, se postuló para Presidente dejando, en sus intervenciones públicas, bien claras sus intenciones si llegaba a ser elegido: “Destacó que el sistema político de su país se encuentra, presuntamente, roto y que él y los Estados Unidos no tienen tiempo para ser políticamente correctos, pues el país ha perdido protagonismo y competitividad en el escenario global”. Claro como el agua.

Las características de su personalidad:

La soberbia. No se le puede llevar la contraria. Sus subordinados se limitan a cumplir sus decisiones y a escribir los papeles. Es inconcebible que alguno se atreva a vacilar en la satisfacción de sus deseos.

El valor. Acepta todos los retos que se le propongan.

La amoralidad. No distingue entre el bien y el mal.

La hiperactividad, que le lleva a trabajar, tomando decisiones, a todas horas. Los miembros de su gobierno parecen ser, los primeros sorprendidos.

La impaciencia. No es capaz de esperar a ver materializados los deseos que imagina, Sus ambiciones son tantas y tan grandes que una vida no basta para satisfacerlas.

La prisa. Parece poseído de una prisa incontenible por tomar posesión, si, posesión e imponer su orden, en la parte del mundo que, en el reparto, tácito, acordado o supuesto, con las otras superpotencias, Rusia y China, se ha atribuido. Y pretende maniobrar un transatlántico como si fuera una lancha rápida.

Pero el egocentrismo y autosuficiencia no impiden su necesidad de transmitir sus decisiones y reflexiones, al mundo entero, a todas horas y por todos los medios. Incluso vemos, con frecuencia, el antes recóndito. despacho oval, convertido, increiblemente, en escenario teatral, donde representa sus decisiones, sus reflexiones y hasta sus negociaciones, con otros mandatarios, desavenencias incluidas.

Es un caso único en la historia de la humanidad. Pero aunque no lo dice, porque su soberbia se lo impide, yo creo que tiene un modelo al que quiere parecerse.

En sus sesiones de trabajo/espectáculo, en el despacho oval, vemos, en lugar destacado, un retrato del presidente Reagan. Trump accedió a la presidencia con el mismo lema que Reagan, “Make America Great Again” (MAGA). Hacer grande a America otra vez. Parece heredar su obsesión por recuperar la grandeza de EE.UU, que, según él, ha perdido.

Pero la diferencia entre los dos es enorme. Y es esta pretensión de comparación con Reagan, la que nos muestra el verdadero tamaño de Trump.

Porque, donde hubo claridad, hay embrollo, donde hubo eficacia, hay torpeza, donde hubo discreción, hay charlatanería, donde hubo finura en el trato, hay bravuconería, donde hubo pocos objetivos, pero vitales, hay muchos. pero anecdóticos, donde hubo prudencia, hay chulería, donde hubo disciplina, en la política económica, con esperanza de resultados a medio y largo plazo, hay jugueteo arancelario, la fórmula mágica, que él cree haber descubierto, para sacar ventaja, en lo económico, a los demás, de la noche a la mañana, donde hubo respeto, hay arrogante mangoneo del orden internacional, donde hubo claridad en
lo político y en lo militar, fidelidad a los amigos y conversión de los enemigos en
rivales, hay amigos por la mañana que pasan, por la tarde, a enemigos.Y donde hubo buen humor, hay destemplanza.

No tiene ni un átomo de su simpatía, de su respeto a la democracia y de su contagioso buen humor, que borraba el entrecejo de aquellos rocosos jerarcas sovieticos a los que convenció para derribar el muro de Berlin y emprender el camino de la democracia.

Trump, por el contrario, es un ser primitivo y tiene una visión primitiva del mundo en el que vive. Si no eres depredador, eres presa.

Y mucho me temo que donde hubo gran herencia, para todos, habrá mucho para pocos y poco para muchos.

Y como fondo, increible si no lo vieramos, transmitido en directo, a todo el mundo, el arrullo constante del coro de aduladores, que hace que Trump se crea sus propias mentiras.

Tiene prisa, consciente del escaso tiempo que le queda para consumar su propósito, erigir su propia estatua y pasar a la historia como uno de los presidentes mas grandes de EE.UU., sino el que mas.

Un mandato se le queda corto para tantos y tan ambiciosos proyectos. Por eso se dedica a “solucionar”, atropelladamente, problemas y situaciones que, a su juicio, DEBE resolver para ello. Y a componer su “relato”.

Quizá participe de aquel desideratum, que se les escapó a los otros mandatarios, de vivir ciento cincuenta años.

Trump saludó al Foro de Davos con la revelación: “El orden mundial que había hasta ahora, no volverá”. Quizá se le escapó, en su incontenible verborrea. Declaraciones sorprendentes y reveladoras aunque, mucho me temo que, lo que Trump considera un avance, un Nuevo Orden, sea una vuelta a la Edad Media.

¡Ay, amigo Trump!. Yo, modestamente, creo, que en la partida donde se juega la gloria, que tanto deseas….no tienes cartas.

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