Derrotado por José María Aznar en las elecciones generales del 3 de marzo de 1996...
Derrotado por José María Aznar en las elecciones generales del 3 de marzo de 1996, Felipe González pudo permanecer en Moncloa si hubiera aceptado la colaboración con el Partido Comunista de Anguita. No lo hizo. La socialdemocracia europea mantenía una posición de rechazo absoluto a la colaboración con el Partido Comunista, por dictatorial y totalitario. Tras cuatro legislaturas y muchos éxitos acumulados, Felipe González dio paso democráticamente a José María Aznar. Pedro Sánchez ha preferido la alianza con veinte partidos, dieciocho de extrema izquierda y dos de centro derecha, pero separatistas, para ser investido y mantenerse en el poder.
En 1995, Coalición Canaria presentó una proposición no de ley para que el Congreso de los Diputados decidiera por mayoría si Felipe González debía o no convocar elecciones generales. La mesa del Congreso admitió a trámite la proposición, a diferencia de lo que ha ocurrido esta semana cuando 184 diputados de centro derecha pertenecientes al Partido Popular, Vox, UPN, CC, PNV y Junts pretendían que una votación democrática reflejara la voluntad de la soberanía nacional sobre la convocatoria o no de elecciones generales.
Pedro Sánchez ha hecho lo contrario que Felipe González y se ha negado a que se celebrara la votación propuesta. Incluso varios diputados socialistas se han quedado perplejos ante el gesto sanchista de impedir una votación legal en el Congreso de los Diputados.
La situación, en fin, se ha hecho insostenible. Estallan las costuras del debate parlamentario. Pedro Sánchez no contesta a las preguntas que la oposición formula y da la sensación de que eliminará a la oposición democrática para gobernar con un Parlamento dócil y acomodaticio. Sin embargo, la realidad democrática es que el centro derecha tiene mayoría absoluta en el Senado. Y también en el Congreso de los Diputados, donde el mundo liberal conservador mantiene la mayoría absoluta de 184 escaños.
Seguramente Pedro Sánchez no querrá aceptar las dos lecciones, entre otras muchas, que le ha dado Felipe González y que he resumido en este artículo escrito, como siempre, al aire libre.