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EDITORIAL

La Justicia debe echar a Sánchez: España no puede estar gobernada ni por un corrupto ni por un tonto

EL IMPARCIAL
martes 23 de junio de 2026, 08:35h

Por unanimidad, los siete magistrados del Tribunal Supremo han condenado a José Luis Ábalos a 24 años de cárcel por múltiples delitos de corrupción cometidos como ministro; esto es, desde el propio Gobierno y, además, en plena pandemia. Cuando los españoles estábamos encerrados, despojados de nuestros derechos fundamentales y aterrados por el pánico a una peste que mató oficialmente a más de 150.000 personas, el que era la mano derecha de Pedro Sánchez en el partido y en el Ejecutivo, el amigo del alma que acompañó al presidente en su viaje para promocionar su candidatura a dirigir el PSOE, se llenaba los bolsillos con las comisiones de las mascarillas que buscaban los ciudadanos con desesperación, mientras él organizaba estruendosas orgías con prostitutas que pagaban los contribuyentes.

Si tuviera un mínimo de dignidad, si creyera en lo político como servicio público, Pedro Sánchez debería dimitir sin esperar un minuto. Pero no lo hará. Ni la Oposición ni los medios de comunicación debemos perder más el tiempo gritando en el desierto. Porque Sánchez jamás se irá voluntariamente. Ya se escabulló de su responsabilidad cuando alegó que “Ábalos era un desconocido para mí”. Y ahora solo intenta ganar tiempo para alejarse del banquillo de los acusados. Pues sólo hay dos respuestas a la gran incógnita: o es tan corrupto como los condenados por el Supremo o es un inepto, un tonto que no se enteraba del trasiego de billetes, de mascarillas falsas y de señoritas que circulaban delante de sus narices.

La gravedad de la sentencia del Tribunal Supremo debería ser motivo suficiente para que el presidente del Gobierno dimitiera y convocara elecciones generales. Pero, en justicia, no podría presentarse ni como candidato del PSOE para no deteriorar aún más la democracia española y hundir a su partido. Y esa Justicia, que ya acumula suficientes indicios, debería investigar a fondo si, como decíamos, Pedro Sánchez es un corrupto más o un inútil. En un caso, tendría que ser juzgado y, en el otro, retirado de la política y de la vida pública para siempre.

La corrupción suele basarse en robar. Pero, también puede servir para que un presidente permanezca en el poder con turbias maniobras, trampas y mentiras. El fiscal general del Estado fue condenado y destituido por el Tribunal Supremo por revelación de secretos, no por robar. Y también Pedro Sánchez fue responsable por nombrar a García Ortiz y, luego, por intentar sabotear a Díaz Ayuso al filtrar los correos del abogado de su pareja. Atacó con saña y con todos los resortes del poder de su Presidencia a su gran enemiga política utilizando nada menos que al fiscal, al que ahora intenta rescatar. Esa es otra clase de corrupción. Y en ese delito, sin duda, Pedro Sánchez, además del máximo responsable, es el cerebro. Como lo es de las maniobras de la cloaca del PSOE para amordazar, intentar comprar o chantajear a jueces, fiscales y agentes de la Guardia Civil y la Policía que investigaban al Gobierno, a su mujer y su hermano.

Pues exactamente así actúa la mafia. Como Pedro Sánchez, más conocido como el “One”. Y así degrada la democracia este Gobierno “progresista” ante el asombro y el escándalo del mundo entero. Pero el Tribunal Supremo ha dado un aviso a los navegantes de la corrupción. El que la hace la paga. Ahora queda por despejar la gran incógnita que, seguro, también los tribunales investigarán. ¿Es Sánchez un corrupto como Ábalos o un inepto? En cualquiera de los dos casos, la Justicia, y sólo la Justicia, pues sus socios no moverán un dedo, debería ponerle en su sitio. En la calle o en la cárcel. Pues España no puede estar gobernada ni por un ladrón ni por un tonto.

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