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TRIBUNA

Salir al fresco

Juan José Vijuesca
miércoles 24 de junio de 2026, 19:01h

Una de esas gallardas costumbres de los españoles era la de salir por las noches de verano a tomar el fresco en la calle. Sillas de espadaña, la mayoría; otros con banquetas o taburetes más o menos improvisados guardaban sitio en los umbrales de las casas. Algo tan trivial como hacer un corrillo mientras un fresco, casi siempre imaginario, daba paso al coloquio entre los allí reunidos. Ni televisión ni radio. Durante unas horas se desgranaba la actualidad lugareña con el rigor de los expertos en chismes de “buena tinta”; lo que hoy se entiende como periodismo de investigación. Niños y niñas jugando a la improvisación de las dulces horas y cada cual, en su particular disfrute, contribuía a sobrellevar la nocturna canícula. De siempre han existido las altas temperaturas. Lo que sucede es que, en lugar de aire acondicionado, la gente tiraba de botijo y abanico. Era la España de radio patio y niños felices.

La bancada de salir al fresco tocaba todos los palillos propios y ajenos. Nadie quedaba indiferente a lo que allí se cocinaba; eso sí, de puertas hacia fuera. En la recogida de sillas y una vez dentro de la casa, cada cual levantaba acta de la reunión para digerir bien lo dicho sobre fulanita o fulanito. Hoy estamos en otra onda, pero viene bien sacar los trapos sucios y airearlos, pues de aquellos “corrillos” al aire libre y puertas abiertas hemos heredado una amistosa relación con los jueces independientes que hacen bueno lo que en democracia se conoce como “la justicia es igual para todos”, y créanme, es una suerte sentarse a la sombra de un bambú y contemplar cómo desfilan los mangantes que, dedicados al servicio de lo público, han delinquido y van camino de la trena. Estamos ante el poder de un juez de instrucción capaz de convertir una causa en un western de altura, pues juzgar a Begoña Gómez, siendo la esposa del mismísimo presidente del Gobierno de España, ni el insigne director cineasta Fred Zinnemann lo hubiera soñado.

Y de aquí se desprende la confianza que permite creer, por ejemplo, en el juez de Instrucción, don Juan Carlos Peinado, y tantos otros que hacen de la justicia virtud. Pese a quien le pese y sin apenas hacer ruido, este hombre se ha puesto la toga por montera y a “porta gayola” ha levantado alfombras persas para hacer limpieza justiciera. Una versión mejorada de la inolvidable película “Solo ante el peligro”, donde Gary Cooper representa a un sheriff de un pueblito del oeste, cuyos ciudadanos le dejan solo cuando él más los necesita. Pero es que, además, al igual que el sheriff, el juez Peinado, cuanto más espera y más solo está frente al peligro, más grande se hace el mito, más legendaria la figura del héroe.

Soy paciente, como el buen Tauro que soy. No es una virtud, ya que el tiempo es un recurso limitado, pero vale la pena esperar porque la oportunidad llega tarde o temprano, tal como está sucediendo gracias a los jueces, algunos en instrucción y otros en instancias superiores, quienes están demostrando ser los máximos defensores del Estado de derecho. Y así es como la democracia ha experimentado una ligera mejoría que, dicho sea, no pasa por su mejor momento. Por eso, hay que creer en la honradez de esa especie de cowboys que aún cabalgan sobre el código penal para impartir justicia soberana. La de verdad.

Aparte de ciertas acciones del germen político de esta nación, como el PSOE y sus asociados, parece que la vara de medir no les sirve si no es para sacudir a la parte contraria. La hemeroteca, esa variante de la IA, nos devuelve con pasmosa facilidad lo que formó parte de la desigual manera de tratar los temas cuando la pelota estaba en el tejado del contrario, léase Partido Popular. Hay circunstancias que no sirven como excusa para tapar, justificar, disimular, envolver, disfrazar o esconder el caso Begoña. Ya no. Por eso don Pedro se ha dirigido al país a través de un vídeo para enseñarnos a comportarnos ante los riesgos de los golpes de calor: “Bebe agua, ponte crema solar. Evita hacer deporte en el exterior durante las horas más calurosas del día, pues aunque aún estemos en junio, desgraciadamente el calor extremo ya ha llegado y tenemos que estar preparados y preparadas…”

¡Ay don Pedro! Está usted ahora para darnos consejos de cómo comportarnos ante las olas de calor. A nosotros, que peinamos canas, unos más que otros. Con la calima que tiene usted encima mejor no tocar el tema de los cuidados corporales, que la cosa en España está que arde por ese otro tipo de bochorno al que usted nos tiene sometidos a diario. Ya sabe lo que dice el célebre refrán: “Piensa mal y acertarás”.

Le propongo a don Pedro que salga por la noche a tomar el fresco, aunque la sombra del juez Peinado se esté alargando más y más. Aproveche ahora antes de que sea tarde.

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