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CINISMO ELEVADO AL CUBO DE PEDRO SÁNCHEZ

viernes 26 de junio de 2026, 12:27h
Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno gracias a los escaños de la extrema...

Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno gracias a los escaños de la extrema izquierda de Sumar, Podemos y el Partido Comunista incluidos, así como con el apoyo de los cuatro partidos separatistas, ERC y Bildu, de ultraizquierda, y PNV y Junts de centro derecha. La realidad de aquellas elecciones es que el sector liberal conservador obtuvo una holgada mayoría absoluta de 184 escaños. Pero los doce diputados de Junts y el PNV prefirieron morder la zanahoria independentista que les ofrecía Pedro Sánchez, desarticulando así la entera situación política.

Ante la ira y la rebelión con que el Partido Popular acogió el insólito nuevo Gobierno, Pedro Sánchez argumentó una y cien veces que se debía respetar democráticamente la mayoría parlamentaria. Pues bien. Ha perdido esa mayoría y ahora el Congreso de los Diputados le exige que se someta a una moción de confianza.

Olvidando sus cien declaraciones anteriores, Pedro Sánchez se ha pasado por el arco triunfal la decisión del Congreso de los Diputados. Y aún más. En un alarde de cinismo elevado al cubo, se rió ante las barbas de los diputados del Partido Popular y de parte de aquellos que le encumbraron en Moncloa. Con una chulería, tal vez sin precedentes, el presidente del Gobierno se ha mofado de la mayoría parlamentaria y ha continuado, erre que erre, en su decisión de que las elecciones generales se celebren en el año 2027. No es verdad que prepare un pucherazo. Pero necesita tiempo para otorgar las nacionalidades suficientes que permitan sortear los vaticinios de las encuestas independientes serias. El censo electoral no constituye un pucherazo. Es una jugarreta que Pedro Sánchez lleva perpetrando desde hace tres años ante la inacción de Alberto Núñez Feijóo. Una jugarreta, en fin, legal que puede conducir a un censo electoral con cientos de miles de nuevos electores, constituidos en españoles según la conveniencia del inquilino de la Moncloa, feliz siempre en su propósito de mantenerse sentado en la silla curul del palacio de la Moncloa.