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EDITORIAL

Dos dimisiones que dejan a Pedro Sánchez y a Yolanda Díaz en evidencia

EL IMPARCIAL
jueves 02 de julio de 2026, 08:02h

Todavía hay políticos, en este caso políticas, con dignidad. Que dimiten para no tener que tragar los sapos de la corrupción de sus compañeros de viaje ni sufrir la arrogancia de sus líderes. La directora general de la Agencia Tributaria (AEAT), Soledad Fernández Doctor, ha anunciado que abandonará su puesto en pleno escándalo por las joyas encontradas en el despacho del expresidente, José Luis Rodríguez Zapatero, sin declarar y valoradas en 1,3 millones de euros. También renuncia por rechazar la concesión a Cataluña de su independencia fiscal. Su abandono del cargo coincide con la apatía de Hacienda a investigar la causa de Zapatero, a pesar de que el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, ha instado al Ministerio a personarse en la pieza separada que investiga el origen de las joyas encontradas por la UCO en la caja fuerte de su despacho. El magistrado realizó el ofrecimiento a la Agencia Tributaria como "potencial perjudicada" por posibles delitos contra la Hacienda Pública y contrabando, si bien el Ministerio no ha actuado, ni siquiera ha hecho aún ninguna declaración.

Al tiempo, la recién nombrada líder del Movimiento Sumar, Lara Hernández, también ha anunciado este miércoles que deja el partido y denuncia ser víctima de una "campaña de desprestigio". Abandona así una prometedora carrera política por las trabas de las líderes del partido, pues, es especial Yolanda Díaz, intentaba tumbar su nombramiento. Así, el plazo de presentación de candidaturas para renovar la dirección de Movimiento Sumar ha finalizado con una única lista, encabezada por la portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, y la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez, casualmente las, dos fieles candidatas de la vicepresidenta.

En efecto, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz deberían haber dimitido hace mucho. El presidente del Gobierno por la avalancha de casos de corrupción que le acecha y por la agonía de un Gobierno que sufre la minoría parlamentaria que le impide legislar. También la vicepresidenta tendría que haber abandonado su puesto por fracasar en sus políticas comunistas y por tragar con los atracos perpetrados por sus compañeros del Consejo de Ministros que se enriquecieron en plena pandemia. Pero uno, se ha empeñado en consumar la legislatura para ganar tiempo, manipular el censo y huir cual galgo de Paiporta del banquillo de los acusados que le espera. Y la vicepresidenta, en un agónico canto del cisne, para disfrutar el mayor tiempo posible de la poltrona que le permite vivir de lujo.

Por eso, resulta ejemplar y sorprendente que todavía algunas políticas dimitan por dignidad, para no ser cómplices de los turbios enjuagues de sus líderes, a pesar de perder los privilegios de sus cargos. No es habitual en España. Patxi López, por ejemplo, debería tomar nota y asumir que está defendiendo las políticas proetarras de su presidente después de haber sido uno de los dirigentes que con más valentía se enfrentó a la banda terrorista en los años de plomo. Y, a pesar de su odio al PP, tampoco debería olvidar que fue nombrado presidente del País Vaco gracias al apoyo de Jaime Mayor Oreja. Pero prefiere seguir de portavoz del PSOE y lamer las botas de Sánchez. Resulta más cómodo y está mejor remunerado.

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