En Extraños compañeros de trama, Rubén Arranz nos ofrece una obra muy bien documentada en la que aborda la corrupción, con nombres y apellidos de sus protagonistas, que viene caracterizando al actual gobierno de la Nación. En la primera parte el lector podrá comprobar la carencia de escrúpulos morales y éticos de todos aquellos que decidieron lucrarse con la pandemia COVID 19, negada inicialmente, cabe recordar, por la plana mayor del sanchismo. Muchos personajes de aquel momento se hallan actualmente en prisión, lo que sin duda pone en valor el rigor de nuestro poder judicial.
En este sentido, de poco han servido las cortinas de humo y conceptos grandilocuentes con los que el sanchismo político y mediático ha perseguido desviar la atentación y transformar a los victimarios en víctimas. No obstante, el control de los medios de comunicación ha constituido una de las grandes metas del actual gobierno y, en casos como la Agencia EFE o RTVE, ha tenido un éxito notable, no así cuando se ha tratado de entidades privadas, destacando en este último terreno el choque con El País.
Para justificar esta intromisión contraria a los parámetros democráticos, recurrió al denominado Plan de Acción por la Democracia, con el que intentó atemorizar a la prensa crítica. Esto hizo que, por ejemplo, Gabriela Cañas acusara al gobierno de ser “una amenaza para la libertad de prensa” (p.60).
Asimismo, otras entidades empresariales claves como Telefónica o Indra, también han sido objeto de maniobras orquestadas desde La Moncloa, convirtiéndolas en auténticas agencias de colocación. El resultado es tangible: en los últimos años España ha experimentado un notable deterioro institucional (y democrático). En efecto, de manera más concreta desde el poder ejecutivo se ha buscado destruir a la UCO y a fiscales que combatían la corrupción, empleando para tal finalidad mecanismos propios de la mafia siciliana: “Esta guerra sucia está actualmente bajo investigación judicial, pero no se puede negar que todos los caminos parecen conducir hacia Roma. O hacia Ferraz. He aquí uno de los asuntos más graves que ha sucedido durante el periodo constitucional actual” (p.184).
Un tema que permea de manera transversal por toda la obra y que Rubén Arranz aborda de manera rigurosa y sin caer en la demagogia tiene que ver con las famosas “puertas giratorias”. En efecto, en este escenario puede comprobarse que la ideología política queda en un lugar residual puesto que el gran forjador de consensos es el dinero. La “nueva izquierda” podemita prometió acabar con esta anomalía, si bien se ha beneficiado de la misma, siendo una pieza más de ese “capitalismo de amiguetes”.
En palabras del autor: “Este fenómeno está detrás de la existencia de una especie de ‘clase político-empresarial’ que está compuesta por militantes, con cierto perfil técnico, que se reparten entre las diferentes empresas públicas e instituciones cada vez que ‘su partido’ gana las elecciones” (p. 145).
Finalmente, hay una figura de rabiosa actualidad que ocupa un lugar preferente en el libro que tenemos entre manos. Se trata de José Luis Rodríguez Zapatero quien, tras dejar el gobierno de España en 2011, inició de manera privada una serie de acercamientos a naciones tan contrarias a Estados Unidos como adversarias de la democracia liberal, sobresaliendo entre las mismas China.
Con este proceder, el mencionado político ha subestimado deliberadamente las vulneraciones de derechos humanos perpetrados por regímenes de los que se ha convertido en el gran valedor, como la Venezuela de Maduro. Este fanatismo, como bien recuerda Arranz, no constituye un rasgo nuevo; por el contrario, apareció ya en 2003, con motivo de la guerra de Irak y se desarrolló durante sus mandatos presidenciales.