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DESTITUCIÓN DE INFANTINO

martes 07 de julio de 2026, 13:10h

Solo existe una fórmula para dignificar a la FIFA, para devolver al fútbol...

Solo existe una fórmula para dignificar a la FIFA, para devolver al fútbol mundial la decencia que nunca debió perder: la destitución de Infantino.

Resulta que el presidente de la FIFA recibió una llamada del energúmeno Donald Trump, cayó genuflexo a sus pies y puso en marcha lo que el presidente de los Estados Unidos de América le pedía: eliminar la tarjeta roja con la que el árbitro había expulsado a un jugador estadounidense.

No sé si habrá precedentes. Yo no los conozco. Hace ochenta y cinco años que sigo al fútbol mundial. No recuerdo que un jefe de Estado, rey o presidente haya llamado al jefe de la FIFA para pedirle que elimine una decisión del árbitro de un partido en el Mundial. Tal monstruosidad se produjo a cargo del presidente de los Estados Unidos. Y Giovanni Infantino, en lugar de colgarle el teléfono, atendió la insólita petición y restituyó a un jugador norteamericano porque así lo deseaba el presidente de su nación. La reacción del mundo futbolístico ha sido inmediata y contundente. Los más varios medios de comunicación escritos, hablados, audiovisuales y digitales han reaccionado, haciéndose eco del clamor popular, para plantear la destitución de Giovanni Infantino, símbolo de la cobardía institucional, de la dependencia y de la torpeza.

El fútbol, capaz de entusiasmar a medio mundo, no se merece estar presidido por un cobarde pusilánime y mediocre. Cuanto antes se destituya a Infantino, mejor. Ha avergonzado a los presidentes del fútbol nacional de todos los países, a los jugadores de la más varia condición y al público en general. Parece mentira que ante el clamor por la cobardía cometida, Giovanni Infantino no haya dimitido ya. Es lo menos que podía haber hecho. Pero ante su cinismo, de lo que se trata ahora es de destituirle reglamentariamente. Infantino ha abierto una herida profunda en el cuerpo del fútbol mundial. Tardará mucho tiempo en cicatrizar, pero cuanto antes se destituya al miserable mejor para todos.