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TRIBUNA

Don Mariano

Juan José Vijuesca
miércoles 15 de julio de 2026, 19:11h

A Francia la han puesto mirando a Rajoy. Su ironía encaja en España porque sabemos que su retranca es como un complemento indirecto entre el gustar de lo que dice y escribe o caer en la trampa de no saber si usted sube o baja, tal como nos tiene acostumbrados. Por ahí fuera, es otra cosa. Ahora bien, queriendo o sin querer, la ha liado parda, principalmente al lado izquierdo de la vida cotidiana. Ya sabe, ese clavo ardiendo al que aferrarse a la desesperada.

Verá usted, señor Rajoy, me da igual que escriba de fútbol o del apareamiento de la beluga del Ártico. Su estilo tiene gracejo, es como un pellizco de monja, leve pero con picardía, de esos que sirven para reprender. No obstante, permítame decirle que ha contribuido a agitar el patio con su referencia a la selección de fútbol de Francia. Y eso no ha gustado a los franceses. Ellos son muy de liberté, egalité, fraternité.

Escribir en El Debate, que Francia ‘dispone, además, de una plantilla de muy alto nivel, aunque es una selección sin franceses’ es una afirmación algo severa. Es como envidar a grande en una partida de parchís. Tildar de no franceses a los futbolistas del país vecino tiene enjundia y, claro, por allí algunos políticos, han hecho patria contra usted con la inestimable ayuda de los de aquí. No todos, porque una buena parte está judicializada o incursa en temas mayores y andan como pollos sin cabeza.

Le sigo con atención porque su oratoria está libre de sospecha. Es de lo mejor que hemos tenido en el Congreso de los Diputados. Brillante y mordaz. Templar y mandar. Sin exabruptos ni vocablos cuajados de toxina botulínica. Le tengo aprecio, como le dije, pero, hombre de Dios, con su comentario escrito ha despertado a Napoleón Bonaparte y solo nos faltaba que nos invadieran los franceses para darnos matarile. En el futbol actual no conviene mezclar otra cosa diferente que la de patear un balón y ganar al contrario. Lo demás son cosas de saber competir sin necesidad de atormentar a los adversarios, deportivamente hablando.

El deporte en general y el futbol en particular, son ricos en matices y de ello los aficionados debemos corresponder con la solvencia de entender que los colores los pone el equipamiento y no el color de la piel de los deportistas. El resto es pura docencia, cuyo arte radica en competir sin más rivalidad que la de saber ganar o perder. A estas alturas del Mundial, un servidor declina la responsabilidad de la más que posible y afrancesada ojeriza.

Sobre el césped Francia y España nos han demostrado que jugar al fútbol se puede hacer bien, mal o regular. Y hoy España lo ha hecho de manera sobresaliente. Lo demás es honradez de once contra once tratando de competir sin que nadie quiera perder. Como antes dije, solamente el color de las camisetas ha diferenciado a unos de otros. El resto lo pone el juego, el acierto y la magia del futbol universalmente conocido como el «deporte rey». Quizás porque lo siguen más de 4.000 millones de aficionados y más de 1.000 millones de practicantes en todo el mundo. Y todo eso, al menos para un servidor, merece el mayor de los respetos.

¿Qué quiere que le diga, señor Rajoy? Qué no ha estado usted del todo afortunado. De acuerdo que hasta el mejor maestro echa un borrón, pero la ironía mal gestionada puede tener efectos secundarios y ya sabe usted, don Mariano, que nuestro país ahora anda cogido con papel de fumar por cualquier cosa y solo nos faltaba que nos invadieran los franceses por un juego de palabras. Y dudo que para la ocasión, de nuevo podamos contar con el apoyo de los capitanes Daoiz y Velarde y el teniente Jacinto Ruiz de Mendoza. Fuentes bien informadas me comunican que los tres andan de asuntos propios. Lo veo justificado.

España en la final. Es de agradecer.

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