24 horas después de que la Audiencia Provincial de Badajoz condenara a su hermano por prevaricación, Pedro Sánchez, que enmudeció cuando los periodistas le preguntaron sobre la sentencia, se plantó en Gibraltar para pronunciar un discurso tan engolado como suele y alardear del Tratado firmado sólo por el Reino Unido y la Unión Europea para derribar la Verja. España fue un mero espectador del acto, como si nuestro país nada tuviera que ver con la soberanía del Peñón, una reivindicación histórica tan olvidada como la del referéndum de autonomía del Sáhara Occidental.
Sin embargo, henchido de orgullo, Pedro Sánchez declaró que “estamos haciendo Historia de la buena”. Y sentenció:”ha caído el último muro de la Europa continental.” Pero no pronunció ni una palabra sobre la españolidad de Gibraltar. Pues la reivindicación histórica de la soberanía del Peñón no le incumbe. Y se olvidó de reclamar, al menos, la titularidad sobre el territorio. Probablemente, por miedo a que le tacharan de franquista.
Sin duda, el Tratado firmado por el Reino Unido y la Unión Europea beneficia a los más de 15.000 trabajadores de La Línea que se veían obligados a sufrir interminables horas de espera para pasar la frontera. También resulta evidente que ahora, al menos, se antoja imposible llegar a un acuerdo con los británicos sobre la soberanía del Peñón; por cierto, un territorio convertido en paraíso fiscal. Pero tampoco era necesario callar. Y festejar el derribo de la Verja sin atreverse a reivindicar los derechos históricos de España, reclamados durante más de 300 años.
Así hace historia Pedro Sánchez. Y así aprovecha el presidente del Gobierno la ceremonia del derribo de la Verja para salir en la foto y erigirse en protagonista de un acto en el que nuestro país ha sido un actor secundario. Ha perdido una histórica batalla política sin el menor gesto de reproche. A partir de ahora, Gibraltar ya es territorio británico de hecho, que no de derecho. Y el presidente español lo ha celebrado como una victoria.