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EDITORIAL

El victimismo de Zapatero en su esperpéntica entrevista en TVE, la televisión de Sánchez

EL IMPARCIAL
viernes 24 de julio de 2026, 08:20h
Actualizado el: 24/07/2026 08:42h

José Luis Rodríguez Zapatero no convenció a nadie de su inocencia. Ni siquiera en sus primeras declaraciones, naturalmente en TVE, la televisión dirigida desde Moncloa, ni con un entrevistador que intentó aparentar una neutralidad que no tiene. Más bien, quedó en ridículo por interpretar el patético papel de víctima, por recurrir a su habitual sentimentalismo cursi, por sus múltiples evasivas. Nada aclaró. Nada dijo. Lo negó todo. No aportó una sola información relevante. Ni dio la menor explicación de sus supuestos delitos. Y lo poco que declaró cuando se refirió a las joyas de más de un millón de euros fue esperpéntico. Pues aseguró que fueron un regalo, “una cortesía personal sin afán patrimonial” y que “no tenían uso ni destino”. Pero, por si acaso, las mantenía a buen recaudo en la caja fuerte de su despacho.

La entrevista, como era imaginable, se organizó desde Moncloa justo después de la declaración en la Audiencia Nacional de Julio Martínez que acusó directamente a su “amigo” de intervenir y presionar al Gobierno para que aprobara el rescate, poniendo así en la diana a su “contacto” más cercano, el propio presidente actual. Y que, casi peor, desbarató la estrategia de defensa del imputado de anular el juicio por basarse en pruebas obtenidas ilegalmente. También resultó sospechoso que Zapatero no se revolviera contra la “traición” de su amigo. Más bien pidió a gritos una tregua. Pues, siguiendo el precedente de Aldama, teme que su socio tire de la manta hasta dejarlo a la intemperie.

Incluso en el PSOE, por mucho que disimulen, están más que aterrados de las consecuencias de la imputación de Zapatero. Pues el Gobierno sería, como poco, cómplice si el expresidente termina siendo condenado por su intervención en el rescate de Plus Ultra aprobado por el Consejo de Ministros. O por las comisiones que presuntamente se embolsó y por los múltiples chanchullos corruptos que cometió aquí y en Venezuela, según el auto del juez Calama.

Pero la operación de salvar al soldado Zapatero, más bien al soldado Sánchez, ha resultado un error. Para ese viaje no se necesitaban estas alforjas. Sólo se necesitaba que el “faro moral” de esa izquierda derrotada aportara pruebas y datos solventes que convencieran a la audiencia de su inocencia y, sobre todo, que exculparan al Gobierno del más que turbio rescate. Ocurrió lo contrario. Pues fue incapaz de contrarrestar la investigación de la UDEF plasmada en el abrumador auto de imputación del magistrado de la Audiencia Nacional. No se alejó ni un milímetro del banquillo de los acusados que le espera.

El fiasco del Gobierno y del PSOE se comprobó en las tibias reacciones de los dirigentes socialistas, quizás arrepentidos de haber llevado a rastras a Zapatero al plató más sectario del periodismo español. Pues ni por esas se zafó de las sospechas de haber aprovechado su imagen de cándido progresista para llenarse los bolsillos. Más que nunca, ahora resulta bochornoso recordar una de sus famosas frases, la que repetía hasta la saciedad en sus mítines: “Ser socialista-decía- significa tener poco y dar mucho”. Pero las joyas, que no eran pocas, en lugar de darlas las guardaba en una caja fuerte. Por pura “cortesía”.

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