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TRIBUNA

De Suárez y la capacidad de relacionar

martes 28 de julio de 2026, 19:27h

Hace cincuenta y siete años que, para estas fechas veraniegas, estalló un escándalo financiero asombroso en el régimen de Franco. Una empresa textil dirigida por el empresario barcelonés Juan Vilá Reyes, de 44 años de edad y presidente del RCD Espanyol, había ido obteniendo con fraude créditos a la exportación por valor de unos diez mil millones de pesetas. Fue condenado a 223 años de cárcel y a indemnizar al Banco de Crédito Industrial y al Estado con cerca de 9.600 millones de pesetas. Vilá Reyes era amigo personal de López Rodó. Tras cumplir seis años y medio de prisión, salió de Carabanchel gracias al indulto concedido por Juan Carlos de Borbón al ser coronado rey, que supuso la libertad de 5.226 presos comunes y 429 presos políticos al comienzo de 1976. El caso Matesa supuso también una grave crisis política. Dos ministros lo destaparon: Fraga y Solís. En 1969, aconsejado por el almirante Carrero Blanco, el dictador decidió echarlos del Gobierno. A sugerencia del vicepresidente marino, también reemplazó a Castiella de su cargo de ministro de Asuntos Exteriores.

Un mes antes de que el caso Matesa saliera a la luz, se produjo una catástrofe en la urbanización segoviana de Los Ángeles de San Rafael (construida por Jesús Gil y propiedad suya): se derrumbaron el techo y el suelo de un restaurante y murieron 58 personas y unas 160 resultaron heridas de distinta consideración. Se descubrieron faltas de permisos legales y graves fallos de edificación. El constructor fue condenado a cinco años de cárcel por imprudencia temeraria, pero sólo cumplió año y medio de pena; parece que viviendo a cuerpo de rey. Franco lo indultó después de que indemnizara a las víctimas con 400 millones de pesetas y tras recibir insistentes peticiones de clemencia de la madre del condenado. Adolfo Suárez era entonces gobernador civil de Segovia. Aquella tarde estuvo a punto de llegar a las manos con el empresario y se hizo célebre que se arremangara la camisa y colaborase a fondo en la extracción de escombros. A finales de aquel 1969 fue nombrado director de RTVE. Seis años y medio después, hace ahora medio siglo, Suárez fue nombrado presidente del Gobierno por el rey Juan Carlos y dirigió la Transición democrática.

En su libro, Mi testamento político (2012), Santiago Carrillo dijo de Adolfo Suárez (hijo de un militante de Izquierda Republicana) que “era demasiado demócrata, en exceso proclive al entendimiento con la izquierda”, para seguir gobernando con UCD. Y que había dado “pruebas fehacientes de ser un sincero demócrata, incluso estando ya bastantes años en el ostracismo, la situación más difícil de soportar para un político, sobre todo si es joven”. En sus memorias, Cabos sueltos (1981), Enrique Tierno Galván (el ‘viejo profesor’ que falleció sin cumplir los 68 años de edad) dijo de Suárez que era fundamentalmente bondadoso, lo calificaba de político brillante y sumamente avispado, con singular “capacidad de relacionar a las gentes entre sí”.

En su biografía Adolfo Suárez (Taurus), el historiador Juan Francisco Fuertes lo ve como “un hombre de acción, audaz, valiente, perseverante, con una infinita confianza en sí mismo, y a la vez con tendencia al ensimismamiento, a la meditación a solas en el silencio y la oscuridad de la noche”, especificando su forma de trabajar: “recogido en el silencio y la oscuridad de la noche, vivía una tormenta de ideas consigo mismo que siempre dejaba a su paso unos cuantos esquemas, a modo de relámpagos mentales, emborronados en algunas cuartillas”. Aprendió pronto la retórica gestual del poder, “que él interpretaba con un irresistible toque personal”. Ganó soltura, dotes de convicción con unos mensajes sencillos. Estaba rodeado de gente mucho más instruida que él, pero era consciente de ver más lejos que ellos. Así sorteó el estallido social y organizó los célebres Pactos de la Moncloa. Su amigo Eduardo Navarro, de sólida formación jurídica, amplios conocimientos y siempre a su sombra, redactó buena parte de sus escritos. Julián Marías me dijo un día en su casa que Suárez le confesó, apesadumbrado, que era un hombre con muchas lagunas intelectuales. El filósofo, admirador suyo, le contestó: “No se preocupe, todos tenemos lagunas y algunos tienen el Mar Caspio”.

Suárez, hombre cordial y de estilo llano, mostró una insólita valentía y dignidad en la hora de la verdad. Debió resignarse a interpretar un nuevo personaje público. Le ilusionaba hacer un partido fuera del poder: CDS. Pero cometió errores que pagaron caro él y sus votantes. Tras ganar las segundas elecciones, perdió la iniciativa que le caracterizó al renunciar al debate de investidura. Y, a toro pasado, cuando en 1982 UCD (con él ya fuera) bajó catastróficamente de 168 diputados a 12: De haber aguantado dentro, habría tenido buena ocasión de prevalecer y convertirla en un partido socioliberal. Su proyecto habría arrancado con mucha mejor expectativa de futuro.

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