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ORIENT EXPRESS

El Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 09 de agosto de 2026, 19:26h

En 1997 William Kristol y Robert Kagan fundaron en Washington el Proyecto para elNuevo Siglo Estadounidense, un think-tank que aspiraba a prolongar las políticas que
venían de la época de Reagan y que gravitaban sobre la fuerza militar y lo que se da en llamar los "valores de Occidente": la libertad, el libre mercado, el poder limitado... Fue una de las instituciones más relevantes en el movimiento neoconservador de comienzos de este siglo. En los años de la "guerra global contra el terrorismo"; que proclamó el presidente George W. Bush en 2001, el poder militar estadounidense parecía, en efecto, capaz de proteger a los aliados de Washington y de extender por todo el mundo la democracia y la libertad. Casi veinticinco años después, es evidente que el poder estadounidense no terminó siendo lo que se esperaba.

En realidad, los acontecimientos más recientes en el Oriente Próximo -en especial, la guerra contra Irán- están revelando que ni los Estados Unidos pueden garantizar la estabilidad de la región ni pueden imponerse sobre una potencia regional que lleva sometida a sanciones casi cuarenta años. De momento, el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha comunicado oficialmente a la industria de defensa que debe acelerar la producción de armamento y municiones para reponer reservas agotadas, especialmente tras el conflicto en curso con Irán. Resulta claro que no sólo Teherán está sufriendo pérdidas.

Por otro lado, los Estados Unidos -con todo su innegable poder militar- no han logrado imponerse en el estrecho de Ormuz, que sigue controlando Irán. El comercio mundial sigue resintiéndose del cierre de una de las principales vías de tráfico marítimo del mundo. Los aliados árabes de Estados Unidos están constatando los límites del poder militar de Washington. No ha habido cambio de régimen en Irán y, en realidad, el movimiento de protesta ha ido quedando sofocado a medida que las acciones militares brindaban al régimen la oportunidad de ejecutar, encarcelar y detener a más opositores en el marco de las acciones contra espías, saboteadores y agentes extranjeros.

Ese lento declive estadounidense y la posibilidad de que el régimen iraní sobreviva está llevando a las potencias regionales a desarrollar arquitecturas de seguridad complementarias a las que brinda la alianza con los Estados Unidos. No es que ya no confíen en Washington, sino que están viendo los límites de su capacidad de disuasión e intervención.

Ese es el contexto del acuerdo de defensa firmado el 7 de agosto en La Meca por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán: el Mecca Joint Defence Agreement (Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca). En virtud del pacto, una agresión contra cualquiera de sus miembros será considerada una agresión contra todos. Conviene recordar que Pakistán es potencia nuclear y Turquía forma parte de la OTAN. Hakan Fidan, ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, llegó a comparar técnicamente este compromiso con el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. La creación de un comité ministerial y de una secretaría permanente en Arabia Saudí apunta cierto grado de institucionalización de la cooperación entre los tres países.

Existe una innegable connotación religiosa: tres potencias del islam sunní se comprometen a apoyarse mutuamente en un momento en que el islam chií que representa Irán está desafiando a los Estados Unidos, que a su vez mantiene relaciones de seguridad y defensa con los tres países. Sería, pues, un error ver en este acuerdo un gesto de hostilidad hacia los Estados Unidos. Se trata más bien de la búsqueda de alternativas de seguridad en un momento en que Washington parece limitado a la hora de garantizarla. La crisis de Ormuz está revelando los problemas de la dependencia de un protector exterior. Se trata, pues de reforzarse mediante alianzas cruzadas, acuerdos bilaterales y coaliciones flexibles con socios regionales.

Por otra parte, el fracaso de las "primaveras árabes"; -algunas de las cuales desembocaron en guerras civiles que nadie pudo detener-, las fallidas negociaciones nucleares con Irán, los ataques contra instalaciones petroleras saudíes en 2019 y, en general, la creciente imprevisibilidad de la política regional estadounidense han ido apuntando a que los intereses estadounidenses no necesariamente coinciden con los de sus aliados. El acuerdo bilateral de defensa entre Arabia Saudí y Pakistán que se firmó el 17 de septiembre de 2025 -de alguna forma, un precedente del que se ha suscrito ahora- ya se produjo en un contexto de crecientes dudas en los países árabes del Golfo sobre la fiabilidad última de Estados Unidos como garante de su seguridad.

Ahora, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz durante el conflicto ha demostrado hasta qué punto Teherán conserva instrumentos de coerción capaces de afectar simultáneamente a sus vecinos y a la economía mundial y cuan difícil es para Estados Unidos desbloquear la ruta. Ni siquiera la fuerza aérea israelí y estadounidenses juntas han podido doblegar al régimen de los ayatolás. Es difícil saber a ciencia cierta cuánto han destruido del programa nuclear iraní, pero es claro que, si el objetivo era acabar con el régimen o crear las condiciones para que los propios iraníes lo derrocasen, nada de eso ha sucedido.

Este acuerdo firmado en La Meca permite que los tres países se complementen. Arabia Saudí aporta recursos financieros, liderazgo en el mundo árabe, poder energético y una posición geográfica estratégica entre el Golfo Pérsico y el mar Rojo. Turquía dispone de uno de los ejércitos más poderosos de la región, cuenta con una importante industria de defensa, y está en la encrucijada del Mediterráneo, los Balcanes, el Cáucaso y el Oriente Próximo. Pakistán aporta unas fuerzas armadas de enorme tamaño, experiencia militar y su ya mencionada condición de potencia nuclear. Así, en el acuerdo confluyen el capital saudí, la capacidad industrial y militar turca y la profundidad estratégica pakistaní.

Los Estados Unidos no van a desaparecer del Oriente Próximo de inmediato, pero su poder parece ir debilitándose poco a poco. En el futuro, las potencias regionales cobrarán mayor importancia. Tres de ellas han decidido apoyarse mutuamente en el plano de la defensa.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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