A dónde vas?, Sánchez. Peor, a dónde nos llevas?. Nunca, en la historia reciente de nuestra democracia nos hemos sentido como ahora. Nunca hemos estado a merced de los caprichos de un mandatario, por llamarle de alguna manera, que nos ha hecho estar tan inseguros interna e internacionalmente.
Un hombre que es capaz de querer prolongar sus vacaciones de La Mareta a Andorra, no sabemos por qué, con la marcha atrás obligada por unos acontecimientos cada vez más complicados y con ministros de su gobierno que se contradicen en sede parlamentaria, mientras otro juega ya a ser el posible sucesor del despacho monclovita.
Un Presidente que, suponemos, ve con preocupación contendida como millones de españoles regresan de vacaciones con la ingrata noticia del alza de precios y con la inflación rondando este mes que acaba el 4,5 por ciento, con lo que eso significa de cara al futuro próximo, es decir cuando haya que acomodar sueldos de funcionarios y pensiones a ese alza incontrolada, por ejemplo, de la cesta de la compra, que se llena muchas veces de productos recogidos al otro lado del Estrecho, para más regocijo, si cabe, de monarca alauita.
Un exjugador de baloncesto al que ya no le pueden meter más triples y que juega sin bases ni aleros, porque su gobierno hace aguas por todos lados y es el último de la fila en la fotografía comunitaria y ya Bruselas pasa de sus explicaciones, hechas solo para consumo interior y sobre todo para esa base electoral fija, que algunos expertos en demoscopia señalan en los seis millones , lo que le daría ahora mismo si se celebrasen comicios generales una bancada de cien diputados. Por eso, las actuales señorías callan y callan, porque quien hace las listas es Sánchez y estar en los puestos de salida se cotiza muy alto.
Un personaje cuya figura nos retrotrae al desastre del 98, que no solamente nos trajo las pérdidas de colonias, sino un pesimismo nacional, que es lo peor que le puede pasar a una sociedad. Pero, tal vez, eso es lo que don Pedro quiere: llevarnos a ese pesimismo para llegar él como alma salvadora, si es que cree que existe el alma.
Estas reflexiones propias son de un final de agosto que nos ha llevado también la tristeza de la pérdida de un gran amigo, y mejor periodista: Alfonso Nasarre. Hermano de otro gran amigo, fallecido hace año y medio, y que representó la bondad y el buen hacer político. Los dos ya están juntos en la Casa del Padre y seguro, que desde allí, estarán pidiendo para que este país vaya por buen camino y con personas que tenga como guía fundamental el bien. Como ellos hicieron mientras estuvieron entre nosotros.
Descansa en paz, Alfonso.