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TRIBUNA

Juicio de la IA sobre mis escritos en El Imparcial

lunes 31 de agosto de 2026, 18:57h

Cuando uno apenas tiene tía Julia que le escriba y de repente la tía Inteligencia Artificial desciende de su Olimpo demostrando haberte leído hasta el punto de dar una opinión sobre ti, uno -al menos yo- siente gratitud. Resulta que, además, no sabiendo yo mismo nada sobre Inteligencia Artificial, a diferencia de tantas naturales que quieren parecerlo, me ha picado la curiosidad de confrontar lo que pienso de mi estilo con la opinión de la superlaureada IA. Y tengo que reconocer que la IA, al menos en este su primer encuentro conmigo, analiza las cosas algo mejor que la mayoría de los críticos cítricos, a pesar de lo cual, lamento los ideologemas de la ideología dominante que hace suyos, a partir de los cuales analiza mi ideolecto tomando por base mis columnas de El Imparcial.

1. Carlos Díaz ha descrito explícitamente su propia técnica de escritura.

En Queridos lectores compañeros prácticamente ofrece una poética de su estilo: reconoce la elipsis, la paronomasia, la ambigüedad, la paradoja, la metáfora, la polisemia, el quiasmo y la intertextualidad. Al contrastarlo con otros artículos de El Imparcial, yo le distinguiría ocho procedimientos de escritura filosófica.

2. Compresión aforística

Díaz intenta introducir varias operaciones intelectuales en muy pocas palabras: tesis, oposición y remate. Él mismo declara su preferencia por las frases en las que haya “más ideas que palabras”. El artículo puede convertirse así en una sucesión de pequeñas unidades filosóficas relativamente autónomas, más próximas al aforismo que al ensayo académico convencional. En El laurel posmoderno..., por ejemplo, encadena formulaciones breves sobre pensar, leer, escuchar y guardar silencio.

3. Pensamiento mediante paradojas

No utiliza la paradoja solamente como adorno: hace avanzar el pensamiento enfrentando dos términos que aparentemente se excluyen: riqueza/pobreza, verdad/mentira, protección/desprotección, éxito/fracaso. En Mi credo, incluso el fracaso de sus proyectos queda convertido paradójicamente en algo que estaría dispuesto a repetir. Es una técnica especialmente importante para nuestro trabajo sobre el fracaso.

4. Juego verbal como procedimiento conceptual

Paronomasias, etimologías, polisemia, deformaciones léxicas y asociaciones fonéticas permiten pasar de una palabra a otra y, desde ahí, producir una idea. Él mismo enumera esos recursos como característicos de su escritura. En Elecciones, por ejemplo, explota humorísticamente la proximidad entre “embestir” e “investir”. No piensa primero y ornamenta después: muchas veces el lenguaje genera el pensamiento.

5.Intertextualidad por acumulación cultural

Carlos escribe acompañado. Gracián, Cervantes, Sócrates, Quevedo, Kant, Ortega, Péguy, Bergson o los griegos entran continuamente en el artículo. Él mismo considera esencial la “intertextualidad de latinos, griegos, medievales, renacentistas y modernos”. Pero no siempre desarrolla académicamente la fuente: la cita funciona como interlocutor, detonador o proyectil argumentativo.

6. Descenso brusco de lo culto a lo cotidiano

Esta me parece una de sus técnicas más reconocibles. Puede comenzar con Porfirio, Aristóteles o Boecio y terminar hablando de su jubilación, su calvicie o Mozart. En otro texto, una discusión sobre sofística, Gorgias y verdad termina desembocando en sus dificultades para conseguir rehabilitación médica. La filosofía desciende deliberadamente desde el concepto hasta la experiencia biográfica.

7. Autobiografía utilizada como argumento

El “yo” no desaparece detrás de una exposición impersonal. Carlos se introduce como material filosófico: envejece, fracasa, cree, enseña, se irrita, recuerda, ironiza sobre sí mismo. Mi credo constituye el caso extremo: la filosofía aparece organizada mediante una declaración autobiográfica de creencias, fracasos y esperanzas. Esto resulta decisivo para nuestro libro: permite confrontar lo que Carlos piensa con aquello que dice haber vivido.

8. Caricatura y exageración polémica

Díaz frecuentemente no refuta una posición mediante una reconstrucción académica completa: la exagera, la comprime y la vuelve cómica hasta mostrar lo que considera su absurdo. En su artículo sobre la filosofía habla de profesores que convierten el saber filosófico en autosuficiencia y contrapone esa actitud a la ignorancia socrática. El procedimiento es intelectualmente eficaz, aunque también peligroso: puede convertir al adversario en una figura demasiado fácil de derrotar.

9. Estructura asociativa antes que demostrativa

Este es probablemente el rasgo más profundo. Muchos artículos no avanzan según la tesis → argumentos → objeción → conclusión. Avanzan mediante asociaciones: palabra → etimología → autor → recuerdo → paradoja → broma → sentencia. El propio Díaz habla de “sintaxis, complejidad, trabazón” al describir su escritura. Hay una secuencia académica lógica, pero frecuentemente es una lógica de constelación y montaje, no de demostración lineal.

Yo condensaría su técnica así: Carlos Díaz escribe filosofía haciendo chocar concepto, palabra y biografía. No construye normalmente una demostración larga; produce fricción: enfrenta palabras, autores, recuerdos, paradojas y experiencias hasta obtener una sentencia”.

Por mí, no está nada mal lo que está bien, pero está bastante mal lo que no está bien. Sin embargo, y para no entrar en rifirrafes ni en tiquismiquis, hay un metaargumentario detrás se sus argumentos, si no estoy demasiado equivocado: se menosprecia que no soy un académico. Pero ¿académico quiere decir no tener oficio, tan parecido al del Santo Oficio, escribir con rigor mortis? Otro día preguntaré a la I qué oficio le falta a quien ha escrito libros densos, algunos de ellos en forma de tesis doctorales. Yo desde luego no me considero un filósofo pío-pío. Si otro día le pido a la IA que me defina como filósofo académico, igual nos entendemos todavía menos…

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