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TRIBUNA

Fábula del gato encerrado

miércoles 02 de septiembre de 2026, 17:44h

El cuenta gotas de datos parece mostrar que el sanchismo ha caído a lo más bajo. Las señales de que ha cometido un error de proporciones inasumibles a corto plazo por su dejación al abordar la crisis planteada por la invasión marroquí y subsahariana de Ceuta de una manera coherente aumentan a día que pasa a tiempo indefinido. No hay indicios de que pueda ofrecer una explicación razonable al vendaval social, diplomático y político que ha provocado su pasividad. A la desinformación gubernamental se añade a última hora la información de un informe previo. La sensación de abandono, incapacidad, desorientación interna supera al día siguiente lo que la tarde anterior parecía insuperable. El deterioro de imagen causado por la contradictoria mutación de las previsiones y explicaciones procedentes de las huestes socialistas es irreversible.

El Gobierno ha perdido el control de los datos del relato y de su conjunto. Ya no se prohíbe decir que se ha producido una invasión en regla. Quien lo ponga en duda se descalifica. Las imágenes valen para el espectador más que los oportunistas discursos de Borrell, las monsergas socialistas, las declaraciones de Sánchez en TVE y sus exhortaciones en la SER. Nadie lo cree. Cada desmentido oficial lo desmienten las protestas ciudadanas. Vivas, la autoridad local, deja en entredicho al que le desdice. El baile de las cifras del Ministerio del Interior, que inicialmente no llegaba a cincuenta mil para una ciudad de ochenta mil habitantes, ha quedado fijado en la opinión, incluso en los medios afines al sanchismo, en tantos como habitantes tiene la ciudad. Todos compartimos que los ceutíes soportan una presión que obliga a cada ciudadano a asumir la responsabilidad de mantener un invasor a sus espaldas. Un invasor por cada ceutí, implica duplicar en un día el presupuesto anual de la ciudad. Para cumplir con el programa de asistencia moral prescrito por los editoriales y el buenismo moralista de Martínez-Bascuñán en el El País hay que doblar la asistencia hospitalaria, el saneamiento urbano, el abastecimiento, la manutención y el alojamiento de hoy a mañana mediante subvención que llegará durante un año. ¡Qué cómodo predicar con mando a distancia la tele sin que te suba un invasor a la chepa para proteger sus derechos! ¡Qué satisfacción exigir solidaridad sin tener que esperar las ayudas que la hagan efectiva! El primer portavoz oficial aseguró que todos serian devueltos. Tras el alarde declarativo, el Congreso anunció que se habían devuelto el noventa por ciento y quedaban pululando cinco mil, número que el Ministerio de Sanidad rebajó a menos de cuatro mil, de los que mil quinientos son menores. Cifras que las informaciones reconocidas como solventes duplican o triplican.

La diversidad de matices ministeriales ha impedido un relato oficial uniforme. La imagen del Gobierno ha encallado al contrastar diariamente sus apelaciones con las imágenes transmitidas. Si Mazón escandalizó por sus cuatro horas de ausencia en los momentos en que había de afrontar en presencia sus responsabilidades durante el apagón, el galgo de Paiporta ha conseguido un récord, solo superable por sí mismo, de un mes de inhibición vacando por La Mareta durante la invasión. Aunque su deterioro no sea proporcional al sufrido por el expresidente valenciano, ha depreciado más su raquítica credibilidad. Los últimos sondeos electorales confirman que el prolongado declive de la imagen del sanchismo coincide con un aumento de expectativas del Partido Popular y de VOX. No es que sea el momento más bajo de la legislatura, sino que durante toda la legislatura cada momento ha sido más bajo que el precedente. El descenso continúa imparable, por muchas artimañas que Sánchez haya usado para tratar de recuperar la iniciativa, incluida la Ley de nietos bajo sospecha en el Tribunal Supremo. Si las gestiones de la Dana, el apagón y los incendios veraniegos han sido desacertados, los intentos de desvincular al gobierno de responsabilidad para derivarla a las, tuvieron entonces algún rédito, el modo de abordar la invasión ceutí ha consumido definitivamente su exiguo crédito. La versión de Marlaska y Sánchez se ha estrellado de bruces contra el muro de la evidencia por ceñirse a una táctica incomprensible.

¿Por qué empecinarse en el error? Las cosas pueden salir mal, pero no se pueden hacer tan mal sin motivo razonable. Cualquier observador interesado en comprender este compendio de rectificaciones a medias, afirmaciones tajantes, negaciones en falso, contradicciones entre los distintos portavoces, declaraciones absurdas, superfluas apelaciones provocativas contra el Monarca español salvando a Mohamed, se preguntará por qué abandonarse a la destrucción de la propia imagen. Del indecoroso decorado que ha exhibido la inhibición de Sánchez como su mayor mérito ante los ceutíes españoles, no se puede esperar más que la merma de la residual honradez personal, de su gabinete y de su partido.

El único eslabón de coherencia táctico ha sido sostener a cualquier precio la buena fe de Marruecos, lo más desaprobado por el conjunto de la opinión. Al menos en apariencia, no se entiende que hubiera necesidad de mantener a todo trance un patrón que empezó a hacer aguas desde el primer día de la invasión. Es la única carta en que han coincidido todos los portavoces sanchistas, incluida la que, en este disparatado affaire, ha mostrado algo de sensatez y autonomía, Margarita Robles, cuyo sillón, extrañamente, no se ha sido zarandeado.

La peripecia ceutí acelera el desenlace anunciado desde hace tiempo en las encuestas. Sánchez aventuró en su medio oficial de la SER que podría adelantar técnicamente las generales para liberar a sus empleados del fardo de anteponerla o ligarla a las autonómicas y municipales. Entonces, ¿a qué viene este encadenamiento de despropósitos. un empecinamiento en el fracaso que irrita hasta a sus socios y precipita su derrota? Hay una consistente respuesta sotto voce. Se trata del chantaje de Pegasus. Es media respuesta a, pues deja abierta la otra media que empleó Marruecos para arrastrar inesperadamente al ahora imputado expresidente Rodríguez a la Moncloa. A esta imprevisible segunda mitad se le puede dar formato de conjetura: Pegasus es un chantaje que garantiza por otros medios la alianza del chantajista con el chantajeado para que ambos puedan recolectar los frutos del chantaje. Para Marruecos Ceuta y Melilla, para Sánchez la república española. Hay que andar prevenidos.

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