Volkswagen ha dado un paso importante con la aprobación de su nuevo plan de transformación. El grupo necesita reducir costes, simplificar procesos y ganar competitividad en un mercado europeo que está atravesando una de las mayores transformaciones de su historia. La presión de los fabricantes chinos y el coste de la electrificación obligan a todos los grandes fabricantes a revisar sus estructuras.
SEAT está dentro de esa revisión. Lo que no está claro es que tenga que salir de ella. Las informaciones conocidas en los últimos días apuntan a que Volkswagen estudia concentrar su apuesta en CUPRA y dejar progresivamente atrás la marca SEAT. Desde un punto de vista estrictamente financiero, hay argumentos para entender esa estrategia. CUPRA está creciendo con fuerza y tiene un posicionamiento que permite obtener mayor valor por vehículo.
Una marca que todavía puede ocupar su espacio
Pero reducir la cuestión a una comparación entre ventas y márgenes sería quedarse corto. SEAT sigue teniendo un volumen comercial considerable. En 2025 entregó 257.400 vehículos y sus principales modelos mantienen una presencia importante en mercados como el español. La marca dispone además de una red comercial, una base de clientes y un reconocimiento que Volkswagen no puede trasladar automáticamente a CUPRA.
Hay otro aspecto todavía más importante. CUPRA es, en buena medida, el resultado de una transformación de SEAT. La marca nació en su seno y se convirtió después en un proyecto independiente. Es decir, el éxito que hoy lleva a Volkswagen a plantearse una mayor concentración en CUPRA procede de la capacidad que tuvo SEAT para crear algo nuevo.
Eso debería hacer que la decisión fuese algo más cuidadosa. No porque haya que mantener SEAT por razones sentimentales, sino porque quizá todavía exista una función económica para ella. El mercado europeo está buscando coches eléctricos más asequibles y necesita fabricantes capaces de llevar la electrificación a un público mucho más amplio. CUPRA puede cubrir una parte del mercado y SEAT otra.
La alternativa no tiene por qué ser mantener la actual estructura de modelos. De hecho, probablemente debería ser justo lo contrario. Una SEAT más pequeña, con menos productos, más centrada en eléctricos y con una política de costes mucho más ajustada podría complementar a CUPRA en lugar de competir directamente con ella.
Martorell ofrece la infraestructura para intentarlo. Volkswagen está invirtiendo alrededor de 3.000 millones de euros en la transformación de la planta, que ya fabrica modelos eléctricos como el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo. La capacidad industrial española no está en retirada. El grupo alemán está apostando por ella.
La paradoja es evidente: se está preparando una de las fábricas estratégicas de Volkswagen para el automóvil eléctrico mientras se discute si la marca que históricamente está ligada a ella debe desaparecer.
Los últimos resultados de SEAT S.A. tampoco permiten cerrar el debate con facilidad. En el primer semestre de 2026 el beneficio operativo alcanzó los 122 millones de euros, frente a los 38 millones del año anterior. CUPRA explica buena parte del resultado, pero la mejora confirma que el conjunto tiene margen para recuperarse después de un 2025 complicado.
Volkswagen tiene que tomar decisiones y nadie puede pedirle que mantenga estructuras deficitarias por cuestiones emocionales. Pero tampoco debería confundir simplificación con eliminación automática de una marca que todavía tiene mercado. SEAT necesita cambiar. Eso parece difícil de discutir. La cuestión es si Volkswagen quiere acompañar ese cambio o si prefiere que el cambio termine con la desaparición de la marca.
El éxito de CUPRA demuestra que desde Martorell se puede construir una marca nueva y rentable. También demuestra que SEAT todavía tenía capacidad para generar valor cuando se le dio una estrategia diferente. Quizá ese sea precisamente el argumento más fuerte para defenderla ahora: no se trata de salvar la SEAT del pasado, sino de comprobar si todavía puede existir una SEAT para el futuro.