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TRIBUNA

La trampa de septiembre y sus objetivos

martes 08 de septiembre de 2026, 19:11h

Si el Romanticismo, Idealismo y Nihilismo contemporáneo desfiguraron nuestro verdadero rostro humano, inflándolo con demasiadas ínfulas de absoluta libertad —como en el 68, en el que estalló todo el globo filosófico existencialista—, nuestro bendito y apocalíptico postmodernismo ha vuelto a poner al género humano en su sitio —la humildad—, aunque algunos sigan haciendo como que no se enteran de tanto planear, enchufarse diez tutoriales al día de taichí sentado, preparar tres carreras y una oposición, o entrenar para una olimpiada en poco más de un mes; el de septiembre para más señas, como si esta calenda turbara las verdaderas fuerzas del ser más cansado de la naturaleza creada, pasado de kilos y en plena pretemporada.

Sí; en una mezcla de hidratos explosivos y no evaluados para cualquier estómago, las personas de bien atienden como nunca a la colección de fascículos, libros que no leerá, clásicos para decorar salones y compra ansiosa de mallas fosforito para tornear cuerpos al estilo de Buda y su convencional insensatez de llegar a alcanzar la ‘calma’ — el karma— de la siesta española, mientras los músculos disipan toda duda de grasa, exterminando el exceso calórico de la idealista dieta del verano. El problema —porque siempre hay un problema para los analistas antropológicos— está en el ir a contrapelo de ese rostro desfallecidamente humano y con papada; ese rostro que ya desfiguramos en su momento con sentimentales elegías paisajísticas, músicas épicas en los gimnasios y lloriqueos al amanecer sobre la báscula y el espejo del baño: fiel cronista de la vida real y patíbulo donde se cercenan los anhelos de entrar en dos tallas menos, o de ir feliz al trabajo, aunque sea mucho pedir. Pero hay más; muchos más motivos de burla para el ser filosoficus por antonomasia, porque ahora le ha dado, después de tantos esfuerzos kantianos y de espíritus de grandeza sin franqueza, por creer que se consiguen los ideales con un poco de magia mental, como si lo real, la vida misma —vaya— no fuera lo suficientemente pedagógica con esos voluntariosos mentalistas del 'creer es poder', 'visualiza el objetivo', 'hoy puede ser un gran día' y 'salud, dinero y amor' por comprar el cupón de la Once y darse guantazos, después del afeite con hilo animoso de Madonna...

Seamos serios de una vez —o por una vez— para luego ir de nuevo en pos de la utopía bienaventurada de suplemento dominical. Podemos respirar muy hondo y acariciarnos los dedos pensando en Shiva. Podemos rezar muchos rosarios de pasión para quitar los apetitos. Podemos llenar la mano de señales que recuerden la tarea. Y podemos rompernos la espalda levantando camiones, practicando artes marciales, o pintando maquetitas de barcos, que el deseo, el Gran Deseo con mayúsculas, como le gustaba escribirlo al gran místico y mejor poeta, san Juan de la Cruz, no mermará ni desaparecerá de nuestro interior. En cambio, la voluntad y las ganas, sí; se secarán antes de que termine el mes de la tontería. Entonces, para entonces, cuando toque parar por ansiedad, disloque, depresión, baja autoestima, odio a sí mismo, o simple levedad y astenia osmótica de tristeza...¿cómo empezaremos de nuevo?¿De dónde brotarán las fuerzas sobrevaloradas que nunca tuvimos? ¿Cómo desengañarnos para siempre de la fantasmagoría prometeica, que quiebra a tantos espíritus recién paridos a la dureza del entorno?

Tengo para mí —y para el lector— la mala noticia de que no hay salvación otoñal sin compañía, ya que no somos amebas, ni peces de la sima en las Marianas. Y tengo la certeza de que todo proyecto humano que roza el intimismo subjetivo, sin la presencia de los otros —que nos sostienen, aún sin saberlo, inconscientes…— tampoco hay posibilidad de un camino verdaderamente humano. Porque el humano es, ante todo, social. Pero está como entelerido, atemorizado, tembloroso como un niño que comienza el curso escolar y aún no conoce a ningún compañero. Y sólo descansa cuando hace amigos, o presiente la ternura de su padre a la puerta del colegio.

Seamos razonables que, en este caso, es ser solidarios, como lo es la misma realidad. Ninguna de las grandes empresas se construyen en un mes, ni lo hace un ser solo, solitario en sus pensamientos: ni los grandes países, ni las grandes democracias, ni la gran defensa de los derechos humanos para todo hijo de hombre; ni los pobres proyectos de mejora personal, ni los grandes deseos de nuestro alma que, en tantas ocasiones, cae en la trampa de una mente solitaria y enfebrecida de individualismo, envenenado y envenenador de lo cotidiano. O digamos como Armand Bernier, y para ensanchar la mirada a un horizonte más bello, más allá de nosotros mismos y de nuestra ceguera habitual:

«...Hermano mendigo,

Tira el dinero que te dan.

Extiende las manos

y recibe el óbolo insigne

de un campo de oro donde tiemblan las espigas,

de un cielo tachonado de estrellas,

de una ola del mar fresca y llena de peces.

Para el que quiere, el mundo está ahí.»

Ricardo Franco

Escritor, editor y flamenco

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